| ¡Campeones!
Sí, así como suena, Colombia alcanzó el título
de la Copa América 2001 luego de un torneo brillante.
El equipo llegó
a la final y se conservó invicto, con seis victorias consecutivas,
la valla en cero y el máximo goleador.
Francisco Maturana
selló, otra vez en El Campín, un título continental.
El otro fue la Copa Libertadores, en 1989.
Un infarto coletivo se vivió ayer
en El Campín, y en el resto del país, con la victoria
de la Selección 1-0 sobre México.
Por
Wilson Díaz
Sánchez
Bogotá
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Y Colombia estalló en júbilo. Los 46.000 aficionados
presentes en el estadio El Campín se unieron en un solo
abrazo, como en ese instante sucedía en cada rincón
del país. El título de la Copa América se
quedaba en casa.
Éxtasis, emoción, lágrimas, nervios y un
final apoteósico frente a un digno rival, tan fuerte y
aguerrido como lo fue México, que cayó por 1-0,
y que fue recibido con pañuelos blancos.
Tantas luchas y frustraciones no podían perdurar entre
la afición, que ayer celebró a rabiar la victoria
en el torneo de fútbol más antiguo del mundo, la
primera de los colombianos en 84 años de historia.
Cuando Iván Ramiro Córdoba levantó la Copa,
el éxtasis invadió ese tumulto de gente pintada
de amarillo, azul y rojo, que esta vez tenía el orgullo
de patria en lo más alto, después de vivir con intensidad
un certamen que sirvió para recuperar la identidad que
había extraviado.
Iván Ramiro, el capitán, el hombre que también
triunfa en Italia, marcó el gol que vale un potosí,
cuando el partido estaba embolatado y se tornaba difícil.
El zaguero que lleva el número 2 en la espalda, en homenaje
a su ídolo Andrés Escobar -cómo no recordarlo
en este momento-, saltó como una liebre para cabecear el
balón tras un centro de su tocayo Iván López,
y empezar así la celebración que aún retumba
en las ciudades colombianas.
El optimismo siempre estuvo presente. Con la excelente campaña
del equipo, con cinco victorias en serie, la valla en cero y el
goleador a bordo, todo apuntaba al triunfo, como efectivamente
sucedió, a pesar de los sustos que durante 90 minutos soportaron
los espectadores.
El marco era perfecto: sol esplendoroso, estadio colmado y mucha
fe. Eran las 6:30 p.m. y el sol no se quería ocultar, como
para no perderse el final.
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El conjunto de Maturana saltó a la cancha e hizo temblar
El Campín. Saludó y de inmediato posó para
los fotógrafos. Cada uno de sus integrantes llevaba una
camiseta blanca que decía: "Un solo equipo por la
libertad de todos".
Y eso lo reflejó en el terreno este colectivo que luchó
por el mismo objetivo, "como debe ser ejemplo para 36 millones
de compatriotas que luchan por la paz", dijo el presidente
Andrés Pastrana.
Ese grupo que desde el primer partido en Barranquilla empezó
a reconquistar a sus hinchas, ayer le entregó al país
el mejor regalo en mucho tiempo. Y detrás de él,
la figura calculadora e inteligente de Francisco Maturana, quien
cosechó el segundo título internacional en este
predio. El primero fue en 1989 con Nacional en la Libertadores,
cuando Colombia también se volcó a apoyar a los
verdolagas.
El triunfo es más que merecido por todo lo que antecedió
a su realización. Fue la Copa de la incertidumbre, pero
al mismo tiempo de la reivindicación de una nación
capaz de grandes retos, como lo comprobó personalmente
el astro Diego Armando Maradona, quien en sus pocas declaraciones
pidió excusas por la ausencia de Argentina y criticó
a sus dirigentes.
"Gracias América por confiar en Colombia, gracias
por permitirle gozar del fútbol y de saborear las mieles
del triunfo", gritaban al unísono un grupo de hinchas
que gozaban con la vuelta olímpica y que se preparaba para
seguir el carnaval.
El país brinda con la Copa y una vez más comprueba
que sí se puede, como alentaban sus fanáticos en
las tribunas de El Campín.
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