Un
técnico ganador
Cali, Colombia / Colprensa
A los 34 años, Jaime de la Pava se ha convertido en
uno de los técnicos más exitosos del balompié
nacional. Y eso que llegó al profesionalismo de una manera
atípica: en 1998, cuando dirigía la Primera C del
cuadro rojo, sorpresivamente le tocó agarrar al América
en la recta final del torneo, luego de que Diego Umaña decidiera
dar un paso al costado.
En los pocos partidos que dirigió le fue tan bien, que los
directivos decidieron darle total respaldo para la temporada 1999.
Los resultados no podían ser mejores: subcampeón colombiano
después de perder la final con Atlético Nacional en
la dramática definición por penales en Medellín,
y un título de la Copa Merconorte al derrotar a Independiente
Santa Fe en El Campín de Bogotá.
El año pasado, De la Pava tuvo su premio mayor al sacar campeón
al América. Y este año se dio el gustazo de darle
la undécima estrella al equipo escarlata.
La clave de su éxito ha sido la seriedad con que encara
los grandes retos que asume. Es un hombre de pocas palabras, pero
concreto a la hora de dirigirse a alguien.
Sus estudios primarios y de bachillerato los adelantó en
Barranquilla, donde vivió después de que a su papá,
Julio César, un jubilado del Cerrejón, lo trasladaran
a esa ciudad.
Alcanzó a probarse como jugador en las divisiones inferiores
del Junior, pero pudieron más las cantaletas de don Julio
César para que se dedicara al estudio en vez de correr
detrás de un balón.
Regresó a Cali y se matriculó en la Escuela Nacional
del Deporte. Fue entrenador de la Liga Vallecaucana de Fútbol
e hizo parte del cuerpo técnico de las divisiones menores
del Deportivo Cali.
En 1998 pasó al América y salió campeón
con el equipo de Primera C, tras a una gran campaña.
De la Pava es casado con Martha Lucía Triviño, una
odontóloga de 26 años que casi siempre lo "saca"
del tema del fútbol para compartir en casa al son de un
merengue o un vallenato, su música preferida.
Cuando está en pleno descanso, el técnico americano
muchas veces prefiere encarretarse con un buen libro. Entre sus
textos preferidos están los que tienen que ver con la superación
personal. Aunque en su nochero tampoco pueden faltar los libros
dedicados a las historias de fútbol.
Le gusta la rumba, es serio y muy celoso de su vida familiar.
Habla mucho con Carlos Andrés, su hermano, confidente y
amigo. Su plato preferido tiene que tener tajadas de plátano.
También degusta con placer un postre de nata. "Es
muy "macatero", dicen las personas más cercanas
al estratega.
En los momentos de triunfos es mesurado. Igual sucede a la hora
de las derrotas. Uno de los instantes más difíciles
lo vivió hace un poco más de dos meses, cuando se
habló insistentemente de su salida del América luego
de una campaña que no estaba a la altura del cuadro escarlata.
Después de varios resultados, trató el tema con
su familia y entre todos acordaron que lo mejor era dar un paso
al costado. Sin embargo, como hombre de fe y ante la solicitud
de los directivos para que continuara en el cargo, optó
por seguir en el equipo y enderezar un camino que tenía
muchos obstáculos.
Su fe lo sacó adelante. Como el año pasado, de nuevo
abrazó la gloria. Ese es Jaime de la Pava, el técnico
vallecaucano más exitoso en Colombia. El hombre que en
apenas tres años como orientador rojo les ha dado ya tres
títulos a los "diablos": dos en el torneo local
y uno internacional.
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