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Juan Antonio Sánchez
Los entrenamientos del último mes fueron
importantes en el remate del proceso para llegar a la final del fútbol
colombiano. El técnico Víctor Luna, al fondo, le imprimió
la confianza que necesitaban los jugadores del rojo. | El
técnico Víctor Luna impuso un estilo | Javier
Velásquez* "Víctor Luna es la gran revelación
de los técnicos colombianos. Impuso un estilo que llama la atención.
Trabajador incansable que se convirtió en amigo de los jugadores y hoy
recoge los frutos con los muchachos que él mismo formó desde
las divisiones menores.
Luna supo rodearse de gente que conocía
de tiempo atrás y formó un equipo que tiene gran futuro. Siempre
mantuvo la calma en los momentos difíciles y los sorteó con inteligencia.
Demostró sus conocimientos y merecía la victoria que se le dio
en éste que representa el tercer título para el cuadro rojo de
Antioquia".
*Presidente del DIM | Luna,
el campeón de la Comuna 13
Tiene 42 años y se hizo futbolista en el barrio Corazón, por Belencito.
Como jugador obtuvo títulos con el Atlético Nacional y el América
de Cali.
Lector empedernido
y enamorado de Luz Marina y Laura.
Wilson Díaz Sánchez wilsond@elcolombiano.com.co San
Juan de Pasto Víctor Luna Gómez, artífice del título
del Medellín, creció en la Comuna 13, un sector popular de la ciudad
que intenta abrirse paso en medio de las dificultades sociales, económicas
y de orden público.
Si bien en sus épocas los problemas de
violencia no eran tan marcados e imperaban los gestos de integración y
convivencia entre los vecinos, debió echar mano de su fortaleza para defender
los espacios y mantener vigentes sus sueños deportivos y personales.
Sus
primeros pasos en el deporte los dio en el barrio Corazón, aledaño
a Belencito. En este último se forjaron figuras de la talla de Carlos Ortiz,
John Córdoba, Andrés Estrada y León Atehortúa, entre
muchos otros.
El estratega del DIM es en la actualidad ejemplo para la
juventud antioqueña, pues desde pequeño luchó con ahínco
para ganarse un lugar en el fútbol, primero en los seleccionados departamentales
y luego en los clubes profesionales.
A sus 42 años es de los pocos
en el país que puede contar que fue campeón con Atlético
Nacional y América como jugador activo y ahora en calidad de entrenador
del Poderoso de la montaña.
Su exitosa carrera, con énfasis
en la formación de talentos al comienzo, lleva implícito un sello
especial por el buen trato que les da a sus dirigidos, además de la categoría
que demostró al aceptar con humildad y valentía las críticas
que un sector de la afición y del periodismo le hicieron cuando lo nombraron
como técnico principal del equipo, el pasado 11 de septiembre ante la renuncia
de Reinaldo Rueda.
Víctor Luna fue un lateral guapo y claro con
el balón. Por su buen biotipo y fuerte pegada actuó también
como volante de primera línea. De Oswaldo Juan Zubeldía y el médico
Gabriel Ochoa Uribe, dos en la larga lista de directores técnicos que tuvo,
tomó elementos que hoy aplica en su labor diaria, pero aclara que nunca
quiso matricularse en ninguna de estas escuelas.
Su intención
siempre fue dejar una huella propia y a la postre lo está logrando con
un estilo que en cada jornada sorprende a propios y extraños.
A
Luna le gusta el fútbol bien jugado, el del toque corto y largo, el de
las gambetas e inspiraciones de los jugadores en la cancha.
Pero cuando
de sacar resultados se trata, no le importa que lo cataloguen de defensivo o miedoso,
pues son ellos los que sostienen a los técnicos y él quería
demostrar sus capacidades en esta nueva oportunidad que le brindó la vida.
Perder significaba renunciar a algo grande que se le puso al frente.
Estudioso
y analítico, en los entrenamientos y en la calle siempre lleva consigo
un libro, pues asegura que muchas veces en la lectura de obras que nada tienen
qué ver con el fútbol encuentra las mejores estrategias para encarar
los partidos. Esta terapia la aprendió del profesor de la Universidad de
Antioquia, el médico Carlos Alberto Palacio, quien además es
su amigo.
Lector empedernido, en las respuestas siempre tiene una cita
o un cuento de sus autores preferidos, entre ellos Jorge Luis Borjes, Julio Cortázar
y Albert Camus.
Luna, padre de Laura (14 años) y esposo de Luz
Marina, asegura que ésta última es un soporte fundamental en sus
proyectos. El rostro moreno del estratega, de mirada penetrante, sonríe
y alcanza su mayor sensibilidad cuando habla de su hija, quien es amiga y hasta
consejera. Un ser humano que él cataloga como "muy especial".
Por ella quiere seguir creciendo, para ofrecerle una vida digna que responda a
su filosofía en la que el trato humano y respetuoso hacia la gente es su
prioridad, con la que se ha ganado un espacio de importancia en la estructura
del cuadro rojo de Antioquia. |