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 Róbinson
Sáenz Los jugadores de San Lorenzo se refugiaron en el camerino mientras
los hinchas se calmaban. Luego regresaron a la cancha a certificar el triunfo. | 27
de noviembre de 2002 Arrasan al Atlético
Nacional
Nacional y un sector de la hinchada tuvieron una noche opaca.
El arquero Sebastián Saja contribuyó con el desorden.
El Rey de Copas se encontró con un digno rival en el Atanasio Girardot.
Wilson
Díaz Sánchez wilsondi@elcolombiano.com.co Medellín El
Ciclón de Boedo arrasó anoche a los verdolagas en el estadio Atanasio
Girardot. Y todo terminó en vergüenza "nacional", no sólo
por el fútbol exhibido por el conjunto de casa, sino por el comportamiento
de un sector de la tribuna que obligó al árbitro brasileño
Marcio Rezende a suspender el partido durante 25 minutos por falta de garantías.
El
juego ya estaba liquidado con un contundente 4-0 a favor de San Lorenzo y los
hinchas de popular sur, que habían hecho erizar la piel de la gente venida
de Santa Marta, Cali, Bogotá y hasta de Venezuela, por el recibimiento
al equipo con confetis y luces de bengala, se salieron de casillas y la emprendieron
contra el arquero Sebastián Saja, quien contribuyó al desorden
con sus gestos a una afición tan desconcertada y confundida como los once
hombres de Nacional.
No están equivocados quienes le atribuyen a
este arquero -de inobjetables condiciones técnicas y considerado el mejor
de su país en la actualidad- las características del controvertido
José Luis Chilavert.
Toque de alerta La gente, que llevaba
casi dos horas en el Atanasio, esperó de pies a los pupilos de Alexis García
y estalló en júbilo cuando salieron por la boca del túnel.
Los de Sur no paraban de alentar: "vamos, vamos mi verde, que esta noche
tenemos que ganar".
Un carro de bomberos ingresó al escenario
y prontó controló el fuego del papel que ardía en la pista
atlética.
San Lorenzo tardó en salir del camerino ante una
impaciente concurrencia que pedía espectáculo.
Pero la ilusión
empezó a desvanecerse muy temprano. Al minuto y 30 segundos, Samuel Vanegas
derribó al Beto Acosta en el área y Saja, a todo el frente de sur,
convirtió el penalti. De nada valieron los dedos cruzados y las respiraciones
contenidas en las graderías.
A pesar del 0-2 en contra en el cierre
del primer tiempo, la esperanza de los 46.421 seguidores vestidos de verde y blanco
no se perdió. "Verde, vos sos mi vida, te llevo dentro de mi corazón".
El estribillo retumbaba en el estadio.
"¡Vamos Martín.
Suerte verdes que todavía hay tiempo!". El grito del muchacho se perdió
en medio del bullicio.
Nacional conservó la misma nómina,
incluido e Rafael Castillo que le había dado un segundo aire al ingresar
por Luis Felipe Chará.
El 3-0 de Romagnoli, seis minutos después,
cayó como agua fría. Empezó entonces el enfrentamiento entre
los hinchas y Saja. De la tribuna caían rocas que el arquero recogía
para mostrarle al árbitro, sin que éste se dejara impresionar.
Entonces
una arremetida de luces de bengala, que todavía guardaban los hinchas para
celebrar los goles que nunca llegaron, causaron pánico a los jugadores
visitantes. Una de ellas por poco alcanza a Aldo Paredes, quien exageró
la nota y consiguió que el juez central suspendiera el compromiso.
Cuando
los jugadores de Nacional intentaron calmar a los ánimos, los sureños
respondieron: "los verdes qué vergüenza, los verdes qué
vergüenza".
El partido se reanudó, pero nada pudo hacerse.
El Ciclón ya había arrasado a Nacional.
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