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Juan Antonio Sánchez
Lo que el miércoles comenzó como la bienvenida de los aficionados de sur para Nacional, terminó como la peor embarrada, porque su equipo y la ciudad están en primer plano internacional por los incidentes bochornosos.
Nacional pide un mejor control
Silvio Mejía, presidente de Nacional, aceptó ayer que la actuación de su equipo fue irregular y que los hechos protagonizados por la afición generaron mucha preocupación. Sin embargo, anotó que la solución no es golpear las finanzas de la institución con el cierre de diez fechas para la tribuna sur. Él considera que "se necesita un plan más efectivo de las autoridades para controlar el ingreso del licor y la pólvora que sobró el miércoles en el
estadio y nos produjo tantos problemas".

La historia vuelve a repetirse

En 1999 los desórdenes generaron el primer cierre del estadio.
La Última vez que se analizó el conflicto social fue el 21 de noviembre.
De nada le han servido a las barras las muertes de dos hinchas este año.

Jaime Herrera Correa
jaimeh@elcolombiano.com.co
Medellín

Aquella vez, el 13 de febrero de 2002 hubo una noche de fútbol en Medellín. Fútbol y muerte. Como tantas veces se ha contado este suceso, aquel jueves de febrero murieron dos jóvenes por enfrentamiento entre las barras de aficionados al fútbol.

Era el toque de alarma, la alerta, el llamado de atención para que todos los estamentos locales empezaran a pensar, qué hacer con un problema que se notaba caliente desde 1999. Antes de aquel jueves, pasaron tres años en los que la violencia brotaba de a poco: trifulcas, choques y golpizas entre los llamados "barrabravas"
del fútbol local, una moda importada gracias a la globalización del fútbol.

Las dos víctimas fatales dejaron dolor y preocupación. Sin embargo, las medidas represivas que se impusieron después del 13 de febrero quedaron como paños de agua tibia para un enfermo en fase terminal. Los hinchas han seguido su camino en medio de odios irracionales, que si bien han sido estudiados y analizados por expertos, conversados y dialogados con y sin ellos, no han podido ser canalizados para buscarles solución.

La Alcaldía de Medellín, el Inder, los medios de comunicación, las universidades y los particulares interesados en el problema, siguen sin encontrarle salida. Los hinchas continúan las trifulcas sin motivos y sin razónes.

El último intento de análisis de esta situación, ocurrió el pasado 21 de noviembre, cuando la Corporación Social Barrio La Francia y el Inder lideraron el foro Fútbol Pasión y Conflicto social. Allí se tocaron temas como los símbolos, los signos, función social, identidades, globalización y la violencia en los estadios. Se habló mucho.

Sin emgargo, el miércoles 27, otra vez el vandalismo se apoderó el estadio Atanasio Girardot, esta vez contra un equipo visitante, que ni siquiera trajo hinchas y que ganó bien.

Tres años después, vuelven y se repiten los incidentes que llevaron al entonces alcalde Juan Gómez Martínez a cerrar por primera vez el Atanasio Girardot por la irresponsabilidad de los aficionados de Nacional.

Aquella vez, el 12 de septiembre de 1999 el onceno verdolaga recibió a Millonarios; finalizado el compromiso en la capital antioqueña Los del Sur y la barra Comandos Azules sembraron el terror con su enfrentamiento y le dieron vida a los desórdenes que , crecen cada día en la ciudad.

Pasado oscuro
El 13 de febrero de 2002 el clásico Nacional 1, Medellín 1 generó una revuelta en los predios de la estación La Floresta que terminó con la vida del policía bachiller Reinaldo Alberto Garzón y del menor de Wilson Darío Bran Aristizábal.

Por ese hecho el alcalde Luis Pérez sancionó el estadio para los clásicos; luego aceptó reabrir el escenario con condiciones: jugar el clásico 222 entre rojos y verdes a puerta cerrada el 11 de mayo, juego que debía realizarse el 14 de marzo.

El 19 de mayo América le ganó aquí 2-0 al Nacional y esa derrota desató otra batalla entre hinchas, la policía tuvo que utilizar gases lacrimógenos, los heridos fueron 30 y la tribuna sur fue cerrada por una fecha.

A principio del semestre fueron los seguidores del Medellín los que se salieron de la ropa por la pobre presentación de su equipo el 4 de agosto frente al Junior, que con un equipo juvenil lo superó 0-2. Ese domingo los aficionados la tomaron contra el estadio y las autoridades; por eso el DIM tuvo que recibir al Unión en Jardín.

A los de Nacional de nada les sirvió el que un hincha fuera apuñalado en Cali hace dos semanas, porque el miércoles la prendieron a piedra y bengalas contra los jugadores de San Lorenzo de Argentina.

Acción que paró el partido 25 minutos, generó el cierre durante diez fechas de la gradería sur e hizo que en el exterior se sigan resaltando las cosas negativas del país.



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