Precio fijo o único de los libros
Aproximaciones a la regulación cultural del mercado editorial
Ponencia de William Estrada, Presidente de la Asociación de Librerías de Medellín
La política de aplilcar el precio fijo o único de los libros se creó en el ámbito internacional con el fin de proteger el mercado de las libreías . Colombia figura dentro de los países que firmaron dicho acuerdo, ratificado en el marco del vigésimo sexto congreso de la Unión Internacional de Editores celebrado en Argentina en mayo del 2000, a la cual asistió en representación de Colombia el ex presidente Belisario Betancur. Otros de los acuerdos firmados fueron: Defensa de la creación, libre circulación, diversidad cultura, contra la censura, la piratería, los impuestos arancelarios y el poder de las grandes superficies.
El sistema del precio fijo o único de los libros está implementado en países como: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Grecia, Holanda, Italia, Portugal, Noruega, Suiza, España y países como Corea, Japón, Chile, Argentina.
¿Qué es el precio fijo o único de los libros?
Que el editor o importador debe establecer el precio de venta al público de todos los libros editados o importados.
Que el mismo libro será vendido al mismo precio en todo el territorio nacional.
Que se venderá al mismo precio en todos los puntos de venta: almacenes de grande superficies, placistas, texteros, librerías, librerías universitarias y cualquiera que sea el tipo de vendedor (a) y librero (a).
Que tendrá el mismo precio en cualquier época del año, es decir, que no estará sometido a períodos de rebaja.
Sólo están autorizadas las siguientes excepciones:
10% de descuento a profesores
10% de descuento para instituciones.
10% de descuento para ferias del libro.
10% de descuento para venta de placismo.
Naturaleza especial del libro.
El libro es ante todo y por encima de todo, un bien de naturaleza cultural, aunque también es una mercancía, pero esta es una cualidad suplementaria, no se superpone a su naturaleza cultural. Si el libro es un objeto no se reduce a esto porque "es una forma de vida y que renunciar a ella significa abdicar del pensamiento y el espíritu crítico, las dos herramientas de transformación del mundo". (Ana Nuño, 2000) A veces hablamos de vida literaria y es porque el libro es una extensión de la vida, algunas veces directa y otras indirecta, "libros que nos mueven a hacer cosas, tomar notas, consultar un diccionario, ver el jardín con otros ojos". (Vasconcelos)
El libro como bien cultural difunde creaciones del espíritu y es vehículo privilegiado para la difusión de la cultura, la información, el conocimiento y la educación en cualquiera que sea su formato, de la piedra al cd rom. Cada libro es una creación del espíritu original e independiente, lo que le confiere un cierto carácter de propio, un lector frente a un libro también es único e independiente, en tal sentido, la mediación entre los dos no debe ser la competencia propia de los objetos del mercado, sino que debe estar mediada por las preguntas al mundo, la búsqueda de respuestas, la vida o la libertad.
El lector (a) no se para frente a los libros entre: Cien años de Soledad o las Memorias de mi hermano Pablo, entre Celia se pudre o las Confesiones de Castaño, entre Karl Popper o Pablo Kohelo, como si se trataran de mercancías de diferentes marcas. "Un verdadero libro siempre indica algún camino nuevo más allá de sí mismo" (Bohumil Hrabal)
La naturaleza cultural que ha tenido el libro históricamente se ve seriamente amenazada cuando las políticas de mercado lo reducen a objeto de mercancía, esta tendencia se puede observar claramente cuando bajo el pretexto de impulsar la "cultura" se editan libros, mercancías, para cubrir demandas de consumidores no lectores (as) con "contenidos de lecturas: fáciles, ágiles, nada profundas, que inviten a descansar y atraigan al comprador (a) con su presentación. Se busca atrapar al comprador (a) aduciendo que son temas de actualidad, chisme, farándula, noticias del momento, masaje espiritual, autoayuda, salida a los problemas, falta de fortuna o mala suerte. El libro la mercancía ofrece soluciones y respuestas a todas estas posibilidades, pero al tratar de evaluar la calidad de sus contenidos, muchos expresan la duda frente a su valor cultural o científico.
Podríamos decir entonces que el libro mercancía está utilizando las categorías que históricamente la naturaleza especial del libro ha construido con grandes obras, categorías como: novela, cuento, biografía, ensayo, análisis científico o relato periodístico.
El único propósito de estos libros es adquirir reconocimiento y autoridad para poder seducir al ingenuo (a) comprador (a), estas prácticas de mercado se han extendido por toda la cadena del libro, en tal sentido han estado abandonado las búsquedas de obras de arte literarias, de aquellas obras que exigen un lector (a) crítico, cualificado (a) por la edición de libros de carácter eminentemente comercial.
Es claro que la rentabilidad económica puede caminar sola, así sea en detrimento de los social y lo cultural; conservar la naturaleza especial del libro, como un bien cultural, sigue siendo un gran propósito para la creación del pensamiento, la cultura y la sociedad". Después de leer un buen libro uno no puede seguir siendo el mismo, algo nos ha cambiado". Manguel A.
La librería como referente cultural y social
La librería es el canal tradicional de la cadena del libro para llegar al consumidor final, desarrollando esta tarea, ha creado un acumulado cultural como promotor de lecturas, siendo además, un canal de información donde confluyen múltiples tendencias, corrientes, escuelas, visiones e ideologías, es el lugar de encuentro de la diversidad de pensamientos, es el espacio de jerarquía y respeto para el ejercicio democrático de las ideas.
En el aspecto social, la librería se consolidó como medio de producción, generador de empleo, capacitador de libreros para el servicio para el servicio profesional de la información, sitio de esparcimiento y de tertulias de todo tipo.
Las librerías y sus libreros se han tenido que ir transformando de acuerdo a las tendencias del mercado. El acumulado cultural y social se ha visto relegado a un segundo plano ante la velocidad de las ganancias y el espacio se ha convertido en obsoleto por lo anticuado y lento para el comercio. Las nuevas políticas de mercado no requieren de librerías tradicionales, sino de puntos de venta masificados, rápidos y de la alta rotación de exhibición. Tampoco requiere del servicio de libreros, con un simple alcanza libros o un guardián de estos, es suficiente para atender los clientes.
Para los nuevos propósitos de las editoriales, los libreros que no se adapten a los intereses del mercado, ya no representan un medio importante para llegar al consumidor final, las editoriales vienen compitiendo con las librerías por este, otorgando mayores descuentos. Los casos más claros de esta competencia desleal, se están viendo en los convenios promovidos por editoriales con cajas de compensación e instituciones del estado, que tienen como parámetro básico los altos descuentos, donde las librerías no tienen absolutamente qué hacer.
Sería más aceptable si paralelamente a este fenómeno, se promovieran más políticas por parte del Estado y las editoriales al resto de la cadena del libro, sin detrimento de ninguna de las partes que la conforman.
Pero hay que reconocer, que las políticas actuales de mercado, enfocadas a la reactivación comercial del libro, favorecen básicamente a los grandes monopolios, en detrimento de pequeños y medianos editores y libreros. En tal sentido es importante preguntar al Estado, a las instituciones públicas y privadas y al mercado editorial, si se han puesto de acuerdo para suprimir de la cadena del libro todo el acumulado cultural y social que históricamente han construido y desarrollado las librerías y los libreros como bienes de la humanidad.
Es necesario entonces preguntarse:
¿Qué significan las librerías para las editoriales?
¿Si las editoriales están interesadas en llegar al consumidor final para qué envían sus libros a las librerías?
Ante la grave crisis por la que atraviesa el mercado del libro, las editoriales cometen un grave error al buscar soluciones tratando de suprimir algunos de los eslabones de la cadena del libro, primero se cierran las librerías, después seguirán los distribuidores, pequeños y medianos editores y finalmente las grandes editoriales.
La tecnología es un asunto que hay que revisar con cuidado para que no se convierta un amenaza, ejemplo de ello es la edición del último libro de Stpehen King en Estados Unidos. El autor aprovechando los avances tecnológicos vendió la edición directamente por internet, suprimiendo la cadena del libro, incluyendo a su editor.
Así pues, la librería como referente social y cultural, cumple tareas académicas, el librero como acompañante en el proceso cultural cumple con labores pedagógicas, entonces suprimirlos de la "cadena del libro" para obtener mayores ganancias económicas, no deja de ser una solución ligera y facilista que a la larga desembocará en erróneas planeaciones económicas dentro de las políticas del mercado editorial.
Contexto del mercado del libro: Entre la cultura y la mercancía
La industria editorial en el mundo, impone cambios vertiginosos en la "cadena del libro", particularmente desde que se inscribió en los parámetros de la ley del mercado, los cuales fueron detrimento de los cambios culturales necesarios para responder a las exigencias impuestas por la era de la información.
Últimamente se puede ver la aplicación de las teorías del mercado a la cultura. Fascinados por la aplicación de la ideología política a las leyes del mercado, los editores racionalizaron al lector, qué se define, qué se publica y qué se lee. Peor para los lectores si sólo piden basura, aseguran algunos editores, para ellos su problema no es cumplir una misión cultural, sino hacer dinero.
El desarrollo de esta tendencia del mercado, en donde criterios financieros y comerciales juegan un papel esencial, han sido acompañados por prácticas y políticas como el libre juego del mercado, libertad de oferta, libre demanda, libertad de precios, aparentemente hay libertad en todo, y es precisamente este fenómeno el que puso en jaque a ciertas editoriales y librerías en el mundo.
En el caso de Inglaterra por ejemplo, en la zona de Londres, una de las salas más representativas y significativas internacionalmente del espacio del libro, cientos de librerías tuvieron que cerrar por causa de liberación de precios.
Bajo el sofisma de aplicar paquetes de medidas liberalizadoras, dirigidas a frenar la inflación, se espera que liberalizado el precio de los libros la gente ahorre, bajen los precios y la inflación disminuya; los resultados han sido justo lo contrario, los precios han subido y se han favorecido las grandes superficies de venta y las librerías tradicionales se han cerrado. Igual situación se vio en el mercado norteamericano.
La asociación norteamericana de libreros anunció que desde 1994 desaparecieron en Estados Unidos la mitad de las librerías independientes y las que quedan según informes The New York Times, libran una "guerra de guerrilla en precios" con pocos resultados, como también se informó en El País de España, 6-VI-2000.
En el libro "La edición sin editores" André Schi Efrin advierte que "El mercado arrasa con todo". La edición estuvo completamente ligada a una campaña de publicidad masiva, que participa ampliamente de la ideología del mercado de los medios de comunicación. Los esfuerzos se enfocan a la moda editorial, el best seller y por ello se presentan situaciones que favorecen las prácticas desleales, descuentos, premios, prebendas, para asegurar que sus libros sean colocados ventajosamente en las estanterías. Así la pluralidad y diversidad propia de la cultura, van desapareciendo al ceder terreno en su capacidad de oferta; con las tendencias del mercado se está demostrando que cada vez más, queda en muy pocas manos los destinos de la cultura del libro y la lectura.
La cultura entonces no puede ser tratada bajo la óptica del mercantilismo, ni se puede dejar sola a que el mercado la moldee a sus intereses, recordemos que el mercado no crea cultura, se aprovecha de ella para crear espectáculo. Entonces, si el libro, una expresión cultural, se reduce a una simple mercancía, un producto más para el espectáculo del consumo, se hará realidad la sentencia del escritor Gabriel Zaid:
"porque no estamos organizados para leer, sino para alcanzar metas de crecimiento, producción, ventas y rentabilidad".
La pregunta que surge entonces es: ¿Cómo organizarnos para leer?
Uno de los aspectos más importantes para conservar la sociedad plural y la diversidad cultural, características propias de las librerías y naturaleza especial del libro, es respetar el precio fijo o único de los libros, con el fin de proteger el tejido del librero y el mediano y pequeño editor.
El caso colombiano
El mercado del libro en el contexto colombiano, no es ajeno a lo que pasa en el mundo, son muchos los problemas del mercado del libro independiente del precio fijo o único de los libros, que requieren de análisis y tratamientos globales y conjuntos, dentro de estos fenómenos se destancan:
Algunas de las librerías cerradas en Bogotá y Medellín:
Bogotá: Norma Ramos, Al Pie de la Letra, El Bodegón de los libros, Espantájaros, La librería del Parque y La Gran Colombia.
Medellín: Aguirre, Continental, Cosmos, Mundo Libro, Técnica de Medellín, La Polilla, La Hoja, La Hoja de Hierba, Andariego, Vedas, Nicolás Guillen, Club del Libro de la Montaña, Pisca Tabaca, Arcón de los libros, Gutember, Magia Blanca, Péndulo, Donado libros, Piel de Zapa, Sabio Mundo, Oviedo, Virtual Francesa, Intelecto, Pisapapel.com y una sucursal de librería Dante.
El panorama es realmente desolador, solo nos queda convocarnos a todos los involucrados en la cadena del libro para que se diseñemos estrategias pedagógicas, culturales y comerciales que nos posibiliten en el mediano y en el largo plazo superar la actual crisis.
Creo que para darle inicio a este gran esfuerzo, podríamos empezar respetando el acuerdo del precio fijo o único de los libros e impulsando la conformación de la red comercial y cultural de los libreros colombianos.
Razones para defender la aplicación del precio fijo o único de los libros
Consecuencias negativas al no aplicar la norma del precio fijo o único de los libros
Las competencia basada en la guerra de precios, saca del mercado a pequeños editores, distribuidores y librerías, hecho que va en detrimento de la diversidad social y la pluralidad cultural.
La libertad de precio absorbería todos los servicios de información, asesoramiento, rapidez, variedad de oferta, para transformarlos en una competencia salvaje, basada exclusivamente en descuentos sobre los libros de mayor venta. Este fenómeno lo podríamos catalogar como censurar comercial del mercado sobre los libros que no tienen alta rotación:
Por todas estas razones los márgenes de ganancia del mercado editorial se han colocado al servicio de las prácticas corruptas cuando en las licitaciones de compra de libros, se pueden llegar a ofrecer descuentos desde el 30% hasta el 60% para la adjudicación de la compra.
Este tipo de prácticas crea una competencia desleal frente a las listas únicas de precios además de alimentar el mercado monopólico, va en detrimento cultural, al ser dotadas las bibliotecas en forma monotemática, con ediciones obsoletas, libros de relleno y uno que otro libro de edición pirata. De esto pueden dar fiel testimonio la gran mayoría de las bibliotecas del sector público con algunas excepciones.
Motivar políticas de libertad de precios y legislar para que estas se favorezcan, en una sociedad de altos índices de analfabetismo en la cultura del libro y la lectura, es dejar el futuro cultural en manos del mercado, cuando su único propósito es hacer dinero. Situación que pone la cultura del libro y la lectura en el terreno de lo especulativo en donde la diversidad y la pluralidad cultural no tienen espacio.