El día que Gabo ganó el Nobel

Discurso de aceptación del Premio Nobel 1982
Las frases de Gabo

Por
Ramiro Guzmán Arteaga

Colprensa

Gabriel García Márquez fue reconocido con el Nobel de Literatura en 1982.
Ocurrió el jueves 21 de octubre de 1982. Ese día el país se alborotó de júbilo desde las seis de la mañana con la noticia de que Gabriel García Márquez había ganado el Premio Nobel de Literatura. La decisión de los 18 jurados vitalicios de la Academia de Letras de Suecia había sido unánime. Las reacciones de satisfacción se dieron en cadena en todo el mundo.

¡Urgente… urgente. García Márquez Premio Nobel de Literatura 1982!, decían las casi 350 emisoras que operaban entonces en el país.

La agencia de prensa AFP informaba al resto del mundo Sin exageración Colombia se convulsionó. Las gentes copan los sistemas telefónicos y unos y otros se encargan de sorprender a sus amigos en el país y el exterior con la buena nueva.

Y no era para menos La Academia de Letras de Suecia no había vuelto a escoger a nadie de América Latina después de Gabriela Mistral (1945), Miguel Ángel Asturias (1967) y Pablo Neruda (1971).

Los ganadores de años anteriores, incluidos de otros continentes, exceptuando un poco a Neruda, habían pasado casi desapercibidos, solo se habían sentido en círculos literarios, académicos e intelectuales. El de Gabo no, pues pasó los límites de la intelectualidad. El Nobel se sentía en las calles, en los mercados, en los parques, en los prostíbulos; los taxistas en Barranquilla hacían sonar sus pitos como cuando el Junior gana un clásico. Y cuando los taxistas en Barranquilla hacen sonar sus pitos, espontáneamente, sin consultarle a nadie, es porque el homenaje es merecidamente popular.

Euforia
Recuerdo que mi hermana Pilar, quien entonces estudiaba en la Universidad Nacional de Bogotá, me llamó por teléfono a Barranquilla. Gabo se ganó el Nobel, me dijo de un solo golpe. Pensé que era una mamadera de gallo.

Esto en la Nacional es la locura, es la primera vez que los estudiantes se alborotan y no necesariamente para tirar piedras, me confirmó con voz entrecortada antes de que la comunicación se perdiera.

Entonces encendí la radio. Juan Gossaín, en un ataque de emoción intentaba comunicarse con la residencia de Gabo en México. En otra emisora se entonaba el Himno Nacional y, en otra, un estudiante que llamó a la emisora, dejó escuchar su llanto al tiempo que explicaba pido que me entiendan; son lágrimas de emoción, estoy temblando de emoción señores.

Gossaín logró comunicarse con la mamá de Gabo, Luisa Santiaga Márquez en Cartagena, luego de llamarla al teléfono de un vecino. Mijo, estamos muy contentos y ojalá y este premio sirva para que me arreglen el teléfono, fueron las primeras palabras de doña Luisa, una expresión original y propia de los personajes macondianos de su hijo.

Mientras tanto, la proclamación del Nobel para el autor de Cien años de soledad seguía causando en todo el mundo y en Colombia reacciones de satisfacción y júbilo.Pocas veces en la historia de los Nobel de Literatura las agencias internacionales de prensa han enviado a sus abonados tantas reacciones y comentarios jubilosos sobre un ganador.

Ese día en sus informes al exterior los corresponsales de la UPI y la France Press identificaban a Gabo como el más grande y formidable escritor de la lengua española en el mundo, el costeño Gabriel García Márquez, de 54 años….

El ex presidente Belisario Betancur fue el primer colombiano en hablar con el nobel tras la adjudicación del galardón.
Belisario, el primero
El presidente conservador Belisario Betancur fue el primero de los colombianos en comunicarse con el Nobel. Gabo siempre le ha dado gloria a Colombia, su patria lo espera, dijo Betancur con su marcado tono poético tras haber dialogado con el Nobel.

De esa 'chiviada' a los periodistas García Márquez destacaría horas más tarde que el Presidente resultó mejor que cualquier periodista colombiano, pues fue el primero en llamarme esta mañana para congratularme.En el terreno intelectual no hubo un solo pronunciamiento en contra. El poeta español Jorge Guillén dijo emocionado desde España se lo merecía, yo lo he dicho mil veces que se lo merecía.

El maestro argentino Jorge Luis Borges, quien desafortunadamente murió sin que le fuera otorgado el Nobel, dijo el Nobel a García Márquez es todo un acierto.Las editoriales se enloquecieron. ¿Qué podemos decir (del Nobel) Que estamos enloquecidas, dijo Gloria López Aubel, directora de Suramericana, principal casa editorial de Argentina y Suramérica.

El presidente francés, Francois Miterrand, amigo personal de García Márquez, señaló Saludo con emoción al amigo personal. Saludo con respeto al novelista que se ha inscrito en la imaginación de los pueblos del mundo.

El ministro de Justicia de la entonces Unión Soviética Vladimir Blinov, quien andaba por esos días en Colombia, dijo a los periodistas hemos sabido que la noticia del Nobel a García Márquez fue recibida también con júbilo en Moscú. Y para no dejar duda sobre su admiración por la obra de Gabo empezó a enumerarlas y hasta pronunció de memoria citas textuales de Cien años de soledad. En medio de toda esa desbordante alegría lo único que no se escuchaba eran las apartadas y solitarias rabietas de sus contradictores.

Como Faulkner y Balsac
Como una respuesta a las críticas que el escritor les había hecho días antes, los miembro de la Real Academia Sueca rompieron su acostumbrado y acartonado silencio y en el acta y posteriores declaraciones no solo compararon a Gabo con William Faulkner y Honore Balsac, sino que aclararon que con el premio de este año no puede decirse que se le haya conferido a un escritor desconocido.

Tenían razón. Gabo era el Nobel más popular de la historia. Y por eso también el más controvertido por sus posiciones políticas a favor de los pobres. A punto que la Academia Sueca en su declaración oficial aludió su compromiso político del lado de los pobres y los débiles contra la opresión nacional y la explotación extranjera en América Latina.

La noticia sorprendió a García Márquez en su residencia de México en momentos en que se disponía salir a trotar. Poco antes de las seis de la mañana lo llamó un amigo desde Estocolmo para darle la noticia.

Permítanme primero felicitar a los colombianos porque ya tenemos Nobel, le dijo a los periodistas que empezaron a llegar a su residencia y con quienes terminó emparrandado.

Mi primera impresión fue de incredulidad y asombro. Pensaba que sería un candidato eterno, pues hace cuatro años que me despertaban con la misma noticia, dijo García Márquez. Es un reconocimiento al progreso avasallador de la literatura de América Latina, declaró.

Para Gabo el premio era importante en la medida en que aumenta nuestra posibilidad de influir a favor de los derechos humanos en América Latina. Una violación de la que él había sido víctima, en razón de sus posiciones políticas de izquierda y su actividad generosa y humanitaria, y que lo obligó a salir a las volandas del país tras ser informado de que se estaba fraguando un atentado en su contra.

Juan Fernando Cano | Aracataca conserva el encanto que García Márquez refleja en sus obras.
El hijo del telegrafista de Aracataca
La prensa recordó que García Márquez es el hijo del telegrafista de Aracataca; el marido de Mercedes Barcha, hija del boticario. El muchacho flaco de pantalones desteñidos que un día llegó a estudiar a Zipaquirá con una beca y una caja de cartón como maleta.

El escritor que siempre tuvo la impresión de que para todo le faltaban cinco centavos, incluso, para comprar el periódico El Espectador, donde Eduardo Zalamea Borda le publicó el primer cuento, anunciando que había nacido un nuevo y gran escritor en Colombia. El novelista que logró que su novela Cien años de soledad fuera traducida a 32 idiomas, es decir igual número de guerras que perdió el coronel Aureliano Buendía. El periodista que recogió botellas en París para poder sobrevivir; el amigo personal de Fidel Castro, como también lo sería posteriormente del presidente norteamericano Bill Clinton.

En fin, ese fue el hombre que el jueves 21 de octubre de 1982, nos despertó a los colombianos con la noticia de un Un Nobel para macondo, como entonces titularía magistralmente el diario El Caribe de Barranquilla. Un Nobel que hasta sus más enconados detractores, que por lo general son los mismos que nunca lo han leído, han tenido que reconocer.

Y todavía hay quienes se quejan de que Gabo no le ha dado nada al país. No he escrito jamás una novela o un cuento que no tenga que ver con Colombia, dijo alguna vez. Tiempo después el periodista Germán Santamaría recordaría que, esa respuesta, significa ni más ni menos toda la poesía, todo el amor y toda la magia colombiana que García Márquez lleva por dentro, que ha puesto en su obra y por la cual la Academia Sueca lo entronizó en la literatura universal.

Por todo esto comparto plenamente lo que hace pocos días me dijo el periodista Carlos Marín Calderín cuando le propuse esta nota para recordar un nuevo aniversario del Nobel y el discurso de Estocolmo. No temas decir lo que quieras –me dijo– porque, después del Nobel que nos dio, a Gabo todo le está permitido. Fue una respuesta espontánea y tal vez sin cálculo, pero verdaderamente honesta y certera. Es cierto, porque lo demás, lo que digan de Gabo, es puro cuento.




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