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| Juan
Fernando Cano | El 9 de diciembre de 1982 Gabriel García
Márquez recibió el Nobel de manos del rey de
Suecia. |
Las frases de Gabo
Discurso
de aceptación del Premio Nobel 1982
El sábado 9 de diciembre se cumplierán 25 años
desde cuando Gabriel García Márquez recibió
de manos del rey de Suecia, en Estocolmo, el Nobel de Literatura
1982. El premio había sido proclamado el jueves 21 de octubre
de ese mismo año.
De su Conferencia Nobel, "La soledad de América Latina",
considerada una auténtica pieza maestra literaria y política,
extractamos las siguientes frases:
"Sin
embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono,
nuestra respuesta es la vida".
"América
Latina, esa patria inmensa de hombres ilusionados y mujeres históricas
cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda".
"Ni
los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos,
ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos
y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida
sobre la muerte".
"Los
europeos de espíritu clarificador, los que luchan también
por una patria más grande, más humana y más
justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su
manera de vernos".
"La
solidaridad con nuestros sueños no nos hará sentir
menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo
a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia
en el reparto del mundo".
"Ante
esta realidad sobrecogedora los inventores de fábula, que
todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía
no es demasiado tarde para emprender la creación de una
nueva y abrasadora utopía de la vida donde nadie pueda
decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea
cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes
condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para
siempre una segunda oportunidad sobre la tierra".
"¿Por
qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la
literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras
tentativas tan difíciles de un cambio social?".
"Los
progresos de la navegación que han reducido tantas distancias
entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado
en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la
originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se
nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas
tan difíciles de cambio social? ¿Por qué
pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan
de imponer en sus países no puede ser también un
objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones
diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra
historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras
sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas
de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos
lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron
las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera
posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños
del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad".
"Durante
la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas
criadas en tierras de Aluvión en cuyas mollejas se encontraban
piedrecillas de oros" (En su obra El amor en los tiempos
del cólera GGM afirma que estas gallinas eran llevadas
desde el municipio de Ciénaga de Oro, Córdoba).
"Un
día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en
este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre".
No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo
sino tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde
los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él
se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más
que una simple posibilidad científica".
Colprensa / El Meridiano
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