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| Gabo,
emocionado, por el homenaje. |
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Gabo
rompió el protocolo real y con abrazo de viejos amigos
saludo al Rey Juan Carlos de España.
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| El
presidente Uribe Vélez, el Rey de España, y
Gabriel García Márquez, personalidades en Cartagena |
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| Reuters,
Cartagena | Mercedes y Gabriel García Márquez,
una pareja que simboliza la vida matrimonial. |
Gabo propone la multiplicación
de lectores
"No he hecho cosa distinta a sentarme frente a un teclado
con 28 letras del alfabeto y dos dedos como arsenal".
Se presentó
la edición conmemorativa de Cien años de soledad
y el autor recibió el primer ejemplar.
Con homenaje
a García Márquez comenzó el IV Congreso Internacional
de la Lengua.
Por
Beatriz
Arango Sepúlveda
Enviada especial, Cartagena
Pocos minutos después de las 10:00 de la mañana,
frente al auditorio Getsemaní del Centro de Convenciones,
comenzó el Congreso Internacional de la Lengua (CILE).
Solo cinco minutos pasadas las 10:00, los asistentes llenaron
el espacio y el tiempo con un aplauso enorme para un hombre de
letras enormes y estatura pequeña.
Acompañado de su entrañable amigo Carlos Fuentes
y de Mercedes, siempre Mercedes, Gabriel García Márquez
ingresó por el costado derecho del auditorio, justo en
la mitad que dividía el sector de los invitados especiales
del de los asistentes corrientes.
El auditorio, a reventar desde antes de la 9:00 de la mañana,
se puso de pie y, como si se tratará de un concierto de
pop o de un partido de fútbol, la emoción se transformó
en silbidos y gritos de euforia. El escritor, vestido de blanco
absoluto y con un ligero toque de color en la corbata, descendía
con cuidado por los escalones, observaba la ovación, sonreía
de forma fácil y sincera y levantaba la mano derecha para
agitarla y agradecer el gesto.
En la izquierda llevaba una carpeta roja que no abrió
hasta las 12:02, cuando se levantó de la silla y dejó
el grupo en el que lo acompañaban Mercedes, Carlos Fuentes,
el presidente de Panamá, Martín Torrijos y la ministra
de Cultura, Elvira Cuervo de Jaramillo.
Dio unos cuanto pasos, se acercó al atril blanco como
su traje y su cabeza, y dijo: "Ni en el más delirante
de mis sueños llegué a imaginar que asistiría
a este acto. No me lo imaginé en la soledad del cuarto
en el que comencé a escribir con 28 letras del alfabeto
y dos dedos como arsenal".
García Márquez se reconoció en su asombro
y señaló que este acto no se puede tratar del reconocimiento
a un escritor sino de la certeza de que hay una cantidad enorme
de personas dispuestas a leer y que prueba de ello es el tiraje
descomunal de la edición conmemorativa de Cien años
de soledad.
Y confiesa que se lo pregunta cada tanto: ¿qué
es lo que me ha sucedido? Y tiene una respuesta: Hoy, el lector
inexistente es una descomunal muchedumbre que lee.
Las mujeres
En una sucesión de palabras y frases cálidas, construidas
con esas 28 letras del alfabeto al que hace alusión, Gabo
rememoró que fue a los 38 años cuando se sentó
en un cuarto solitario y descargó de un tirón "Muchos
años después, frente al pelotón de fusilamiento,
el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella
tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo".
Algunas personas en el auditorio siguieron su voz la obra a la
que Carlos Fuentes llamó, en 1967, El Quijote Americano.
"No tenía idea del significado de aquello ni a dónde
debía conducirme, pero seguí adelante", confesó
el Nobel, con esas palabras que salían de su carpeta roja
y que parecían más una conversación entre
amigos que un discurso de agradecimiento.
García Márquez leía despacio, con el acento
suave y casi neutro, que no termina de definirse como costeño,
pero casi neutro al final de cuentas.
Para que Cien años de soledad dejara el cuarto solitario
del narrador y se convirtiera en la pieza maestra de 471 páginas
que hoy, 40 años después le fue entregada a Gabriel
García Márquez en edición conmemorativa y
con un tiraje de un millón de ejemplares, tuvo que pasar
cerca, muy cerca, el definitivo aliento femenino, encarnado en
las figuras de Esperanza Araiza, o Pera, y Mercedes Barcha, o
La Gaba.
Pera fue la luz que le resolvió a Gabo el asunto de pasar
su trabajo en limpio de forma ágil, pues él había
calculado que a su ritmo de tecleo y corrección, el final
de la obra le tomaría seis meses más. El trabajo
de Pera estaba garantizado por Juan Rulfo y Carlos Fuentes, en
las obras Pedro Páramo y La región más transparente.
Claro que Pera le confesó, muchos años después,
que el día que se llevó a su casa la versión
definitiva de la obra, cayó un tremendo aguacero y al ella
descender del bus, varias cuartillas quedaron sobre el agua. Las
que luego rescató en su casa con una plancha de ropa.
Y Mercedes, como no. Ella fue, según los recuerdos de
Gabo, la que hizo posible la palabra sobrevivimos, en los 17 meses
que le tomó al autor la redacción de la obra.
"Ella hizo que no faltara comida un solo día en la
casa". Este homenaje a Mercedes, hizo que los asistentes
la aplaudieran, mientras ella, vestida de tono beige, mantenía
la cabeza abajo y sonreía.
Un día acudieron los dos a vender la joyas de Mercedes
(último recurso para sobrevivir), "los diamantes de
los aretes, las esmeraldas del collar y los rubíes de las
sortijas que la familia le había regalado". El hombre
que las iba a comprar, no tuvo más que decir: "todo
esto es puro vidrio". "Luego, Mercedes hizo sus cuentas
astrales y con tono serio le dijo al casero:
- Podemos pagarle todo en seis meses. Esté tranquilo'
- Muy bien señora, con su palabra me basta, respondió
el casero.
El dinero volvió a aparecer como un problema en agosto
de 1966, cuando Mercedes y él acudieron a la oficina de
correos para enviar las 590 cuartillas, a doble espacio y en papel
ordinario, a el editor de Sudamericana, en Buenos Aires.
El empleado de la oficina pesó el paquete y dijo: son
82 pesos. Mercedes contó lo que tenían. "Solo
53". Decidieron dividir el paquete en dos partes y enviar
primero uno.
Luego se dieron cuenta de que habían enviado la parte
final de Cien años de soledad. Porrúa la leyó
y no dudó en mandarle un adelanto al escritor. Suficiente
para pagar en el correo la segunda encomienda. "Y fue así
como volvimos a nacer a nuestra vida de hoy".
Gabo cerró la carpeta roja con suavidad y volvió
a recibir, muchos años después, en casa, el homenaje
merecido. Porque, él, a diferencia de otras estirpes, no
está condenado a la soledad y tiene muchas oportunidades
sobre la tierra.
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