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Claves para leer al Nobel
Por
Gustavo
Arango, periodista y escritor
"Al mirar la literatura colombiana hay que entender que
con García Márquez la figura del escritor dejó
de ser lo que era a principios del siglo XIX: un oficio de las
clases privilegiadas.
En los años 50 surgieron escritores que no eran hijos
de presidentes o de industriales y que se nutrían de la
cultura popular. Gabo fue uno de ellos y no le faltaron detractores.
En los 70 se le tenía por un escritor vulgar y ateo y padecía
un rechazo que venía especialmente del interior del país.
Sin embargo, supo cambiar su historia. Decidió convertirse
en el escritor más famoso del mundo y el haberlo conseguido
demuestra que posee una determinación fuera de lo común.
Demostró que la mejor forma de llegar a la literatura
es el periodismo. Una de sus primeras influencias fue Hiroshima,
libro de John Hershey del que aprendió que la literatura
no siempre es ficción. Gabo no inventa, se basa en la realidad
y sólo transforma nombres y lugares.
Alguna vez pensó en dejar el oficio. Había publicado
La Hojarasca y El coronel no tiene quien le escriba, con buenos
comentarios pero pocas ventas. Se radicó en México
y se dedicó a los guiones y comerciales de Tv. En eso estaba
cuando se le ocurrió escribir Cien años de soledad.
Se encerró 18 meses a trabajar en el libro mientras su
familia pasaba apuros económicos.
Al concluirlo no tenía ni el dinero para enviarlo por
correo y el recurso fue empeñar la licuadora. Su esposa
Mercedes resumió la situación con una frase muy
suya: "Ahora solo falta que la hijueputa novela sea mala".
Dos meses después el libro era un éxito. Lo demás
es historia".
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