Memorias de nostalgias,
amores y soledades

Memoria de mis putas tristes es una historia de amor en el ocaso de la vida.

Hoy lanzan en el mundo la nueva novela de Gabriel García Márquez.


Por
Gloria Edith Gómez Londoño

"El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen". Así comienzan las nostalgias del profesor Mustio Collado, el personaje senil que protagoniza la reciente novela de Gabriel García Márquez, Memoria de mis putas tristes.

Una llamada telefónica a Rosa Cabarcas, dueña de un prostíbulo y encantadora celestina de turno, le basta al Profesor para hacer realidad su regalo de cumpleaños, el mismo que de manera inesperada se convertirá en una cura efectiva para la soledad.

Por el camino recordará a todas las prostitutas que animaron sus horas muertas. "514 putas" dice el Nobel con hiperbólica exactitud.

Al sucumbir a una "tentación obscena", el anciano de 90 años encontrará el amor, en el ocaso de su vida. Un amor que en este libro de Gabo también tiene nombre de mujer. Delgadina, la adolescente de 14 años y la única que le mereció al Profesor el homenaje de cambiar una noche de desenfreno por el sólo placer de contemplarla.

La semana pasada varios personajes de la cultura y las letras colombianas se reunieron en casa del editor Moisés Melo para leer en primicia y con autorización del Nobel, su libro.

Uno de ellos fue el escritor Jorge Franco, a quien le pareció una historia tierna. "La sentí como un homenaje al último impulso que uno tiene en la vida, a jugarse las últimas cartas que le quedan. Esa es la idea contada con la prosa que ha hecho tan grande a Gabo, quien sigue manejando sus figuras literarias de manera osada, pero auténtica, y persiste en el amor y los personajes solitarios", dice el autor de Rosario Tijeras.

Amor y soledad. La obsesión de Gabo. Sentimientos contradictorios que signaron el destino de los Buendía y que empujaron a Florentino Ariza a esperar toda una vida por Fermina Daza. La misma fuerza ciclónica que llevó al delirio al sacerdote Cayetano Delaura, perdido en el ánimo poseso de Sierva María de Todos los Ángeles. Los dos extremos del corazón que mueven los hilos en el universo garcíamarquiano.

El escritor y periodista Gustavo Arango, autor de libro Un ramo de Nomeolvides, que narra los años que el joven "Gabito" trabajó en el diario El Universal de Cartagena, asegura que "el amor es un tema obsesivo en él. La soledad de los Buendía en Cien años de soledad es porque no tienen amor", dice y agrega que -sin haber leído la nueva obra- supone que es un apéndice de Vivir para contarla. "La palabra memoria y el posesivo en el título, mis putas tristes, me hacen pensarlo. Tal vez Gabo sintió que estas historias no encajaban en un libro donde él era el personaje central".

A diferencia de novelas como Del amor y otros demonios, cuyas pasiones sin esperanza acaban mal, Memoria de mis putas tristes no deja un sabor amargo. "En ella siento a Gabo más vivo que nunca, le canta a la vida más que a la muerte", dice Franco.

Esta nueva novela pasará a la historia como otra pieza de literatura universal, atemporal y capaz de resistir el paso de los siglos de los amores y las soledades del mundo.

Noches de putas

"Esta noche sabrá lo que es un tiro", dijo el general después de golpear la mesa del comedor. Su esposa lo vio ir hasta el cuarto, hurgar en el armario y sacar una escopeta reluciente de dos cañones. Al salir de la casa le dijo a su mujer que se acostara. La noche era despejada y la brisa tenía sabor salado. El general entró al galpón (...) Cargó su arma, miró la oscuridad, escuchó los grillos y esperó.

Se preguntó si no estaría tratando de descargar con un simple ladrón de gallinas su frustración política, la amargura de la accidentada oposición que él y sus amigos ejercían por esos días. Pero estaba decidido a dispararle. Ya eran muchas las bajas en su corral. Poco antes de las diez de la noche vio una fila de sombras que se acercaba.

Con el arma preparada esperó a que abrieran la puerta y entraran. "Por aquí", dijo la sombra que marchaba adelante (...) El general aprovechó para moverse en la oscuridad hasta la puerta y encendió la luz. Todos quedaron petrificados. El general apuntaba en dirección a los tres hombres. Una lluvia de plumas pequeñas caía entre ellos. "Soy yo, papá", dijo avergonzado Diego, el hijo del general, con la gallina en la mano. "Gabito y Ramiro son mis amigos. Queríamos irnos donde las muchachas". El general siguió apuntando con el arma. Hasta las gallinas guardaron silencio.

Fragmento del libro Un ramo de nomeolvides, de Gustavo Arango.




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