"Vivir para contarla":
Biografía de Gabriel García Márquez
Un gallo inmortal para García Márquez en calle del
barrio latino de París
Por
Julio Olaciregui
París | AFP
El gallo es invisible aún pero ya canta en la puerta de
ese hotel del barrio latino donde Gabriel García Márquez
redactó en 1954 'El coronel no tiene quien le escriba',
gracias a la iniciativa del filósofo colombiano Numas Armando
Gil Olivera para recordar este episodio de la historia literaria
instalando allí una placa.
"La memoria es la primera musa. El gallo es un ave solar,
símbolo del fuego hecho plumas, muy cargado de mitología
y esperanzas del amanecer. Las generaciones venideras recordarán
al pasar por allí de qué forma Gabriel García
Márquez transformó, en su pieza del antiguo hotelucho,
la adversidad, la falta de dinero para comer, en una obra maestra",
declaró Gil Olivera, director del departamento de Filosofía
de la Universidad del Atlántico en Barranquilla.
La publicación del primer tomo de las memorias del Nobel,
a comienzos de octubre, sirvió al filósofo de señal
de partida para comenzar a organizar este homenaje de los escritores
e intelectuales colombianos a su figura emblemática.
Gabriel García Márquez pasó muchos trabajos
en el exilio cuando el dictador Gustavo Rojas Pinilla ordenó
cerrar el diario El Espectador que lo había enviado de
reportero a Europa. Uno de los biógrafos de García
Márquez, Dasso Saldívar, cuenta detalles de las
errancias del flaco escritor, con su rostro de árabe, buscando
por esas calles del barrio latino alguna posibilidad para cenar
antes de subir a su cuarto del quinto piso de aquel hotel para
seguir escribiendo.
"En París se vuelve uno verdoso, madre", dice
García Márquez a través de un personaje de
'El amor en los tiempos del cólera' para evocar el color
aceituna de su piel de exiliado, obligado al ayuno por necesidad.
Las cúpulas de la Universidad de la Sorbona se ven desde
la azotea del célebre "Hotel de Flandres", situado
en el 16 de la rue Cujas, llamado ahora "Hotel de trois colleges",
donde García Márquez escribía, como poseído,
la historia del viejo ex coronel esperando inútilmente
su pensión, con todas sus esperanzas cifradas en un flaco
gallo de pelea.
"Tenemos planeado organizar en este mismo hotel un coloquio
literario, con escritores, profesores y especialistas de Colombia
y otros países. Hoy más que nunca debemos propiciar
la creatividad, encontrarnos y dialogar. La memoria es la única
grieta en la coraza de orgullo de la muerte, como dice otro Nobel,
el nigeriano Wole Soyinka", señala Gil Olivera.
"Instalar esta placa vendría a ser un homenaje de
París, casi medio siglo después, a quien en esa
época era un joven reportero aguantando hambre, escribiendo
y soñando con vivir de su pluma", explicó Gil
Olivera, ex estudiante de la Sorbona, quien dictó en España
y Francia una conferencia sobre "La ética entre la
guerra y la paz en Colombia".
La actual propietaria del hotel, Paule Wyplosz, conoce en detalle
las historias de los escritores latinoamericanos --además
de García Márquez cita a Nicolás Guillén
y a Julio Cortázar-- que vivieron "a crédito"
muchos meses en aquellos cuartos de estudiantes, esperando un
giro.
"Cuando ganó el premio Nobel García Márquez
recordó en muchos reportajes su fructuosa estancia aquí
en el hotel. Yo sé que él adora París, pero
sé también que no es amigo de homenajes acartonados
ni placas. Sin embargo todo no es más que un pretexto para
gozar, evocando su obra, y quizás invitarlo a reunirse
aquí con un grupo de amigos", declaró Paule
Wyplosz a la AFP.
"Por su ubicación en el corazón del barrio
latino nuestro hotel atrajo siempre a escritores y artistas. Ahí
están ya las placas que hicieron instalar el círculo
de amigos del poeta francés Raoul Ponchon, y la embajada
de Hungría para recordar al gran poeta Miklos Radnoti,
quien también vivió aquí", contó
la propietaria del hotel.
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