20 años de magia


Gabo o el arte que viaja de Aracataca a Macondo.
Hace dos décadas: un paso enorme en la literatura nacional.
Entrevista con un conocedor de la obra del Nobel de Literatura.
"La vida de Gabo es una de sus obras más valiosas", dice Gustavo Arango.



Por
Beatriz Arango Sepúlveda
Medellín

La más reciente publicación de Gabriel García Márquez fue Vivir para contarla, el primer tomo de sus memorias que agrupa varios episodios de su vida hasta 1957. Gabo tiene 75 años. Archivo, AP

Una tarde, durante un taller de reporterismo en Cartagena, Gabriel García Márquez, se dio cuenta de que había alguien que sabía más de su vida y obra que él mismo y su esposa Mercedes Barcha.

El joven comunicador de la Universidad Pontificia Bolivariana Gustavo Arango, no ocultaba la pasión que le producía la obra del Nobel. El conocimiento que había adquirido en sus investigaciones y lecturas era tal, que a cada instante, cuando Gabo titubeaba sobre un dato o una fecha específica, Arango tenía la respuesta. "Recuerda de mi vida más que yo", anotaba Gabo.

EL COLOMBIANO entrevistó a Arango, ganador del premio Simón Bolívar, y que hace poco obtuvo el Premio Internacional de Novela Eduardo Veloz Maggiolo, en Nueva York, por el libro La risa del muerto.

¿Cuál es el legado de Cien años de soledad para la literatura latinoamericana?
"Hablar del legado de Cien años de soledad se presenta como una tarea inagotable. Pocas veces es posible encontrar una obra literaria que goce por igual del favor popular y de la aceptación de la crítica especializada. Cien años de soledad, y en general toda la obra de García Márquez, tiene esa característica. 35 años después de su publicación en Buenos Aires, la novela de García Márquez ha sido traducida a decenas de lenguas, ha vendido más de cien millones de ejemplares (muchos en ediciones piratas) y su influencia ha sido reconocida por escritores tan diversos como Salman Rushdie o Toni Morrison y Tomas Pynchon.

Una pregunta que muchos se han hecho es cuál puede ser el atractivo de la saga de los Buendía para despertar entusiasmo en todas partes del mundo. La pregunta también se propone a veces indagar por el secreto de este autor cuyo talento ha sido comparado con el de Cervantes y otros grandes. La respuesta quizá está en una entrevista que García Márquez concedió a la BBC de Londres a comienzos de los 90, cuando afirmó que toda cultura es cultura popular. En mi opinión, buena parte de la fuerza y el valor de la obra de García Márquez radica en su íntima conexión con lo popular, con ese espacio compartido donde los pueblos se crean y recrean a sí mismos de manera incesante. Uno de los legados más importantes de la obra de García Márquez, a nivel nacional: el habernos enseñado a valorar la riqueza de la cultura popular".

Gustavo Arango escribió Un ramo de nomeolvides sobre el paso de Gabo por el Diario El Universal.

¿Cambió la historia de las letras en nuestro país el Nobel?
"La historia ya había empezado a cambiar con la publicación de Cien años de soledad. Desde entonces la influencia de García Márquez en la obra de los nuevos escritores había empezado a ser muy poderosa. Muchos no lograron sustraerse a su influjo. Para quienes quisieron ser escritores en los 60 y 70 parecía haber dos opciones: escribir como García Márquez o tratar de diferenciarse.

Pero, 20 años después, creo que las emociones del premio se han reposado y lo que ha quedado son beneficios. La literatura colombiana vive un momento extraordinario. Hay propuestas variadas y ricas. Quizá lo único que no ha cambiado son las dificultades para desarrollar una obra".

¿Cómo se acercó a la obra de Gabo en el libro Un ramo de nomeolvides?
"En 1994, cuando apareció Del amor y otros demonios yo trabajaba como editor del suplemento literario de El Universal, el diario donde él se inició como periodista. En el prólogo de esa novela, García Márquez recordó los tiempos en El Universal, bajo la tutela de Clemente Manuel Zabala, y mencionó una fecha, el 26 de octubre de 1949, como el día en que vio desenterrar el cuerpo de una niña con el cabello muy largo. Al principio escribí una crónica sobre las noticias de esa fecha. De allí surgió la idea de escribir un libro sobre los casi dos años que él pasó en Cartagena entre 1948 y 1949, como periodista novato y autor de apenas un par de cuentos publicados en El Espectador".

En el discurso La soledad de América Latina, Gabo se manifestó en términos políticos. Uno lo lee hoy y parece que nada hubiera cambiado. ¿Cuál es su percepción?
"Puede decirse que la situación ha cambiado muy poco en América Latina y que los cambios no han sido para mejorar. Creo que hoy, como hace 20 años, las palabras de García Márquez tienen mucha vigencia. Pero creo también que las malinterpretamos cuando pensamos que la solución está en buscar naciones que nos ayuden o nos rediman. Pienso que la soledad de nuestra región es, como la de los Buendía, casi una enfermedad, un mal que no se cura buscando compañía. Sólo una solidaridad sincera puede romper las barreras que erige esa soledad.

¿Cómo ve al Gabo de hoy?
"Me llama la atención el cambio en su actitud hacia la vida pública. Los últimos años ha sido un hombre reservado, combatiendo la enfermedad y entregado por completo a su tarea creadora. Creo que sólo un artista con su vocación podía sobreponerse a su propio éxito, que es lo que hace libro tras libro. Creo que sus memorias eran una tarea difícil y que salió airoso. Sólo él, con su visión y sus recursos, podía escribir Vivir para contarla.

Pero de sus últimos libros prefiero esa pequeña joya que es Del amor y otros demonios. De todos, me quedo con El otoño del patriarca. Quizá lo más meritorio de García Márquez no sean sus propios libros. Como decía Gustavo Ibarra Merlano, amigo de juventud de García Márquez muerto hace un año, lo más importante del escritor de Aracataca es el extraordinario valor moral que significa la construcción de su obra. Estoy de acuerdo con eso. La vida de García Márquez es una de sus obras más valiosas".




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