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La ciencia pedalea duro con Tintinago

El ser humano detrás de los trasplantes de laringe y tráquea.
Su mayor proyecto de vida es servir a los demás con su trabajo.




Por
Marleny Vélez Castaño
Medellín

Tintinago es apellido mexicano. Tiene consonantes largas e inclinadas como los 1.88 que mide el científico Luis Fernando. Según él, por largo, no cabe en ninguna foto y no tiene dificultades para montar su bicicleta, su fiel compañera que lo ha acompañado en sus tiempos de estudiante, residente y profesor.

Al entrar a su casa, en Belén, lo primero que se observa es una bicicleta, una imagen de Cristo y muchos libros que hablan sobre vías aéreas.

En su cicla, reservada para los sábados, llega a la Universidad de Antioquia y va a pasar ronda a los pacientes. La deja encadenada a una jardinera pero la pedalea varios días a la semana, a las 6:00 a.m. en el Aeroparque, donde también trota, nada y recuerda los días gloriosos que vivió como triatlonista consagrado.

El cirujano, jefe del grupo que realizó los trasplantes de laringe y de tráquea en el Hospital Universitario San Vicente de Paúl, se graduó como médico general y cirujano en la Universidad de Antioquia, se especializó en cirugía de cabeza y cuello en la Pontificia Universidad Javeriana y en el Royal Marfden Hospital, de Londres, al igual que en cirugía oncológica de cabeza y cuello en el Instituto de Cancerología de Bogotá.

Este deportista consumado, que anda en bicicleta pero también en una camioneta modelo 88, nació hace 42 años en la Clínica León XIII de Medellín, como lo hicieron sus diez hermanos. Comparte todos sus logros y pasiones con su esposa Astrid Pinzón y sus hijos David, de ocho años y Jimena, de seis. El filósofo, pensador y analítico disfruta tanto sus investigaciones en vías aéreas como la música tropical, la comida italiana que prepara su esposa y, como no, los fríjoles con arroz.

En medio de su sencillez el doctor Luis Fernando Tintinago Londoño ha encontrado que la mayor riqueza es la libertad, el amor y la capacidad de servir a los demás. "Esto lo he encontrado haciendo todo lo contrario. Tengo una esposa que es ama de casa, que no me deja trabajar más de la cuenta y cuida a mis hijos", dice, mientras cierra con sus larguísimos dedos los pliegues que se le forman en el entrecejo.

Su mente humilde aguanta y crea cosas y las hace efectivas con dedicación y entrega a los pacientes. "Es la magia de Dios la que lo ilumina a uno mirando la necesidad en los ojos de las personas que sufren y que lo impulsa a trabajar por ellas".

Fiel a esta filosofía enseña a sus estudiantes el valor de trabajar con las personas al servicio de la ciencia y no al revés. La fórmula, dice convencido, ha sido magistral, como magistral ha sido la carrera que realizó en el trasplante de tráquea con un grupo de personas fiel, entendido y dedicado.

En su corazón sólo hay amor y deseos de ayudar a los necesitados, de hecho, los trasplantados de laringe y tráquea son campesinos de bajos recursos.

Sin embargo, no deben pensar lo mismo los conejos que lo ven llegar cada sábado como un anuncio de sacrificio y muerte. En sus cuerpos suaves ha conocido las entrañas de la condición humana y la forma de resolver sus problemas secretos.

"Los conejos hasta me corren, se tapan los ojos con las manos cuando me ven. Empecé con perros pero vi que son tan afectivos con el hombre, y los solté. Ahora, si pasó tres días con uno de mis conejos me encariño y les perdono la vida. Tal vez, más adelante, los cambie por ratones o por cucarachas que no me duela tanto sacrificar", dice con ironía, pues sabe que alguno tendrá que servir para avanzar en sus investigaciones con los trasplantes, en los que empezó siendo un simple mirón.

Ahora, con los trasplantes de vías aéreas se encontró con el reto de inventar una nueva carrera que lo llevara a reconstruir las vías aéreas y brindar soluciones efectivas de vida y bienestar a quienes padecen algún problema.

"Convoqué al grupo alrededor de una idea, necesitaba científicos aptos para cada terreno y que tuvieran sensibilidad y me rodeé de personas extraordinarias. Un día, contemplando el firmamento, vi en el horizonte los rostros de cada uno en una sola sinfonía. Fue un retrato de belleza humana y pensé que Dios privilegió a la ciencia para hacerla en unión con gente maravillosa".

En el futuro, el doctor, ex triatlonista Tintinago se ve enseñando lo que sabe a muchas personas y mostrándoles cuál es la luz a seguir en este tipo de trasplantes. Quizás no viva para ver los frutos, pero morirá tranquilo de saber que a quienes ha formado les tocará recoger la cosecha de ese terreno científico por él abonado.

EL COLOMBIANO / Temas Contemporáneos / Noviembre 10 de 2002

 

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