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Dada la gravedad de los acontecimientos, la entrevista se reproduce a continuación, sin ninguna edición. El periódico brinda nuevamente sus páginas para la discusión, con aportes breves y respetuosos que pueden ser enviados a: Hay guerra entre distintos sectores del narcotráfico
colombiano. ¿Esta guerra ha empezado a tocar a las Auc? Es un secreto a voces la supuesta negociación
de Carlos Castaño con algunas agencias de Estados Unidos. ¿Es
esta la razón última del atentado? El 31 de marzo ustedes anunciaron una negociación
unificada. ¿Por qué viene luego el atentado contra Carlos
Castaño? Es preocupante que a partir del 31 de marzo, en la lista de negociadores
se aumente el número quienes podrían estar pedidos en extradición,
pues se incluyen jefes de bloque que hacen parte de la lista Thier 2,
del departamento del Tesoro de Estados Unidos. ¿Qué
relación puede haber entre el nuevo grupo de negociadores, la extradición
y el atentado a Carlos Castaño? Reiteramos nuestra invitación al departamento de Estado y de Justicia de los Estados Unidos, para que en el marco de la mesa de negociaciones, nos diga cómo quiere que participemos en la erradicación del narcotráfico en Colombia y cómo le buscamos solución a los problemas que nos aquejan. La mesa de negociación y el propio Gobierno
han debilitado la participación de Carlos Castaño. ¿Hasta
qué punto esto elevó su vulnerabilidad? ¿Cómo puede el país participar
y avalar un proceso de negociación con un grupo que está
matando a sus propios jefes? Es hora de pasar de la etapa de exploración que le está causando muchísima incertidumbre al País, al Mundo y a nosotros mismos, a la etapa de negociación con las autodefensas -y las que se puedan dar en un futuro con las guerrillas- abriéndola a la participación, conocimiento y debate del pueblo, quien es en últimas el que puede acoger las decisiones que se tomen y definir el grado de perdón o castigo que se deba conceder e imponer respectivamente, para hacer viable este nuevo proyecto de convivencia pacífica. Desde luego, hay que escuchar a la comunidad internacional, pero sin que seguir sus sugerencias y críticas se convierta en una camisa de fuerza o en un obstáculo más de los tantos que a diario hay que superar como efecto de sesgos ideológicos o intereses partidistas. Lo que realmente se requiere es avanzar en una negociación política con una mayor voluntad del gobierno Nacional, acompañado de una alta comisión del Gobierno y que se permita una mayor participación ciudadana, aceptando la justa decisión que el pueblo colombiano tome en su propósito de alcanzar la pacificación nacional. El atentado contra Carlos Castaño, lo
podría percibir el país como el interés de sacar
de todo papel político a los líderes de las Auc que se han
declarado en la lucha contra el narcotráfico al interior de la
organización. ¿Qué comentarios le merece esta interpretación? ¿Cuál es el compromiso de las
Auc en la defensa y protección de sus jefes? Desde el 9 de marzo, en una declaración pública, Carlos
Castaño alertaba sobre los peligros que corrían él
y su familia. ¿Qué pasos concretos dieron las Auc para protegerlo? El Bloque Central Bolívar hizo el 12 de abril un pronunciamiento
muy categórico sobre la no disposición a desmovilizaciones
de todas las Auc, sino hasta el final de la negociación. ¿No
paraliza esta posición el proceso de negociación? Le hago una confidencia, el año pasado le ofrecimos al Gobierno la concentración y desmovilización de 4.600 efectivos nuestros, el gobierno no tuvo apoyo Nacional e Internacional, no tuvo recursos, no pudo brindarnos garantías políticas, de seguridad, económicas y jurídicas para enmarcar este proceso y para darle un norte cierto, y aún así como gesto para mostrarle al país y al mundo nuestra real voluntad de paz, queríamos dar ese paso, pero repito el Gobierno rechazó el ofrecimiento y solo aceptó la concentración y desmovilización del Bloque Cacique Nutibara. Hoy las situaciones han cambiado, pero para peor. Nos ofrecen lo que antes no nos ofrecían: cárcel en Colombia de 5 a 10 años y después un tiempo igual con un comportamiento parecido al de un monje y luego cárcel en cualquier lugar del mundo, juicio individual, juzgamiento delito por delito, extinción de los derechos políticos y patrimoniales entre otros, y todo esto para la comandancia de las Auc y la comandancia de las guerrillas que quieran entrar en un proceso de negociación política con el gobierno, que más parece un proceso de retaliaciones y de sometimiento a la justicia. En esas condiciones tan difíciles ¿qué motivación tenemos los grupos involucrados en el conflicto político armado nacional para insistir en una negociación? Sin embargo y a pesar de esas condiciones tan difíciles dentro del incipiente marco Político del cual debe desprenderse el tratamiento jurídico, podemos iniciar concentraciones graduales, que solamente se traducirán en desmovilización y entrega de armas en una etapa final como resultado de en un proceso exitoso al final de la negociación, como fruto de los acuerdos políticos a los que lleguemos con el gobierno. Inicialmente y como muestra de voluntad, proponemos seis zonas que agruparían cerca de mil ochocientos hombres, y desde luego rigurosamente sujetas al otorgamiento de las garantías jurídicas individuales, consagradas en la ley 782. Sin estos avales será virtualmente imposible avanzar al ritmo exigido en el cronograma de la agenda. De lo que se trata, a partir de este marco legal inicial mínimo, es de aprobar un instrumento legislativo dotado de prerrogativas jurídicas, con proyección hacia todos los grupos armados irregulares que hoy, o en el futuro, se acojan a las soluciones negociadas que logre hacer más atractivo y viable el proceso. ¿Se debe condicionar el avance de la
negociación a un referendo sobre penas y reparación? ¿Por qué el Bloque Central Bolívar
habla sobre esto en nombre de todas las Auc?, ¿Las Auc con su silencio,
otorgan? ¿Cómo ve la continuación
de la negociación en medio de todos estos acontecimientos? El camino que sigue es largo y sinuoso, pero estamos dispuestos a transitarlo, así como ayer aceptamos el desafío de enfrentar la guerra que nunca quisimos, e indefensos asumimos sin ninguna experiencia ni formación ni mucho menos vocación guerrera, la defensa de la vida, los bienes, la libertad y la democracia amenazados por un enemigo sin razón y sin Dios. Hoy las cosas son diferentes y las Auc aceptamos el desafío de reincorporarnos a la vida civil plena. El conflicto nos tocó a la puerta, como consecuencia de un Estado débil e indolente ante el vil ataque de las guerrillas y nos involucró, causando dolor en nuestros corazones de hombres colombianos puestos en la disyuntiva ética de tomar las armas contra la inmisericorde agresión guerrillera o perecer, y ver perecer como consecuencia de nuestra claudicación a nuestros seres queridos. Confiamos que la Justicia no será un instrumento de venganza. Se han firmado en el país muchos acuerdos de punto final con grupos guerrilleros que no hicieron menos de lo que hemos hecho nosotros, entre ellos el M-19, que solamente con el Palacio de Justicia tendría suficiente para que no hubiera sido nunca amnistiable ni indultable. ¿Pero cómo están ahora en el Congreso? Pues simplemente porque a los señores Vivanco y al señor Frühling, los de ahora o los de antes, no les importan una higa los crímenes de la izquierda. Para ellos hay cartillas morales distintas, según sea el autor de ciertos crímenes. Reiteramos ante los legisladores y el país, que las celdas carcelarias de Nueva York o Bogotá, no serán el destino final señalado por los Frühlings, Vivancos, Petros, Gallones y Molanos. ¿O será que ellos están pidiendo condena y cárcel para las Farc y el Eln y no se animan a decírselo en la cara y utilizan entonces a las AUC como chivo emisario para mandarles mensajes a sus amigos de toda la vida? Siempre hemos dicho que la negociación debe ser de tipo político con garantías jurídicas, y no jurídica y de sometimiento a la justicia. El objetivo de las AUC no es la guerra. La guerra es una desgracia para nuestro País y para nosotros, estamos inmersos en esta guerra porque el Estado nos empujó a ella por su ausencia e insuficiencia. La presencia de las Auc en la guerra, es la constatación irrefutable de la ausencia del Estado y sus instituciones. El gobierno dice que tiene que 'vender' el proceso internacionalmente, nosotros reclamamos lo mismo, pero la forma de 'vender' el proceso de negociación internacionalmente no es endureciendo el proyecto de alternatividad penal o "de sometimiento a la justicia", la forma de ganar apoyo es dejando que nosotros mismos que conocemos la génesis y evolución de todo este proceso de confrontación militar y política armada, le mostremos al país y al mundo por qué estamos luchando y hacia dónde debemos unificar esfuerzos para alcanzar la paz del país. Ni Colombia ni el mundo pueden apoyar a conciencia -ni condenar con seriedad- algo que no conocen, ni asimilan ni comprenden, ni mucho menos involucrarse directamente en un proceso donde no existe ni pedagogía ni divulgación pública -contada por sus actores y no por sus detractores- acerca de la génesis de los actores en conflicto, ni sobre los intereses que están en juego, ni acerca de los enormes y graves riesgos que corren Colombia y la región vecina, si no se le buscan soluciones sensatas a este conflicto. Y en cuanto al narcotráfico ¿cómo colaboramos con toda la información que podamos conocer sobre este nefasto negocio y, repito, a cambio de qué garantías y beneficios jurídicos y políticos? ¿Quién nos garantiza que nos quiten la espada de Damocles del pedido de extradición? ¿Quién nos garantiza que no habrá cárcel aquí o en otra parte del mundo? ¿Cómo se manejaría ese tema para que esa información no vaya a crear una nueva guerra en nuestro país y una alianza entre 'narcos' y guerrilleros y además una guerra al interior de las Auc por recelos y desconfianzas entre quienes no somos 'narcos' y quienes sospecharán que pueden ser acusados de ser 'narcos' al interior de nosotros? ¿Quién nos garantiza la seguridad de nuestras familias, de nuestros amigos, personas cercanas y de nuestros afectos? ¿Quién nos garantiza la seguridad de nosotros mismos? ¿Cómo conciliamos una negociación política, con una política de señalamientos, delaciones y entregas? ¿Estamos preparados para las consecuencias que esto le traería al país si sabemos que la mayor corrupción y vinculación a este nefasto negocio se encuentra al interior de las instituciones del Estado? Si esto se da ¿cómo combatimos y cómo nos defendemos de la unión, además, de 'narcos' y guerrilleros, ahora aliados, entre otros, con miembros de las instituciones de seguridad del Estado de todas las jerarquías? Cuando todos veamos que existe una salida, estoy seguro que todos daremos pasos por duros que sean, a buscarle soluciones a los problemas que aquejan al país y a nosotros dentro de él. Lo sustancial de la negociación para las Auc, lo que de verdad garantizará un proceso exitoso de negociación se dará en el momento en que el Gobierno asuma la responsabilidad real, con hechos palpables, de seguridad en las diferentes zonas y cumpla mínimamente con su función social y económica; lo que significa que nos sustituya, como nosotros de facto lo hemos sustituido a él ocupando los espacios donde el Estado no hacía presencia o aun teniéndola, no cumplía con su función constitucional y las guerrillas hacían y deshacían a su antojo. Lo otro importante para las Auc es que se nos den seguridades dentro de una negociación política: no queremos ser objeto del revanchismo de de los enemigos ni de la justicia entendida como venganza, queremos un futuro claro una vez desmovilizados y reincorporados a la vida civil plena. Realmente la crítica nuestra va a que no se haya iniciado las negociaciones en firme, que no existan garantías políticas, de seguridad, económicas y jurídicas para enmarcar este proceso, proporcionando una mínima sensación de seguridad a los distintos miembros de las Auc para que no siga aumentando la incertidumbre de quienes están por fuera y comience a producirse un preocupante nerviosismo entre quienes permanecemos en la mesa, sin hechos concretos que mostrar ni a nuestras fuerzas ni a las comunidades que han depositado su confianza en nosotros, con el agravante de que durante todo el tiempo de diálogos tanto las guerrillas como las fuerzas de seguridad del Estado han incrementado sus ataques hacia nosotros. La paz tiene que implicar a los pueblos donde hemos operado los actores del conflicto. A las regiones donde fuimos posibles, por el miedo o por simpatía. A los campesinos, que eran víctimas de las Farc, y que no pueden quedar ahora en sus manos. La paz de hoy tiene que ser grande, ambiciosa, pactada para siempre. No hay nada peor que una paz incompleta, como la Historia enseña. No se tomó Zamora en una hora, dice el viejo refrán español. La paz tiene un puñado de miles de enemigos y cuarenta y cinco millones de amigos sinceros, que somos los colombianos de bien. Colombia ya sufrió demasiado y tiene derecho al porvenir.
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