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El papel del anfitrión Nariño
Improvisación como bandera


Si bien el 16 de junio de 1996 se le entregó la mitad de la sede a Nariño, las obras sólo comenzaron de lleno en junio de este año. Igual sucedió con la preparación de los deportistas locales.


Foto EL COLOMBIANO


En un principio todo era oscuridad. Así comenzó Nariño su lucha por obtener la sede de los XVI Juegos Atléticos Nacionales. Pero en medio de este deseo, no hubo nadie que pronunciara la frase mágica "hágase la luz", porque todo siguió en tinieblas.

Fueron cuatro años en los que se conjugaron muchos factores que incidieron en la gran improvisación en que se convirtió el mejor espectáculo deportivo en el país, de acuerdo al diseño inicial.

Una vez lograda la sede el 16 de junio de 1996, Nariño dejó correr el tiempo que empezó a escaparse en el tire y afloje con Boyacá sobre si los hacían completos o desistían de las justas.

Por pantalla
Después llegó la propuesta del Gobierno nacional. Lo mejor en ese momento. Se visitarán, revisarán y evaluarán los escenarios deportivos de los dos departamentos y de las ciudades sedes, el que mejor estuviera realizaría los Juegos Nacionales en el 2000 y el otro recibiría ayuda económica desde ese momento para que organizara la fiesta en el 2004.

La visita se hizo. Nariño vio perdido el round con los boyacenses. Pero el gobernador Jesús Rosero Ruano y el alcalde Jimmy Pedreros Narváez salieron al quite, todo el evento o la mitad, Nariño los hace.
La intención estaba clara. Ellos querían pasar a la historia como los gobernantes que se encargarían de darle al departamento lo mejor en cuanto a deporte con este proyecto.

Coldeportes dijo que la decisión tomada en Bucaramanga, donde se repartieron los Juegos era inamovible y que Nariño y Boyacá tenían que compartir el pastel, quisieran o no.

Fin de la novela
De los $100 mil millones que se esperaban para el progreso de Nariño, la reactivación económica y la construcción de escenarios, el gobierno nacional sólo entregó cuatro mil porque no había más plata.
Luego de tantos ires y venires llegó el siglo nuevo y sólo quedaban once meses para trabajar.

Nariño le cumplirá al país. Eso es cierto. Los juegos se hacen porque se hacen. Pero lo que pudo ser un gran polo de desarrollo quedó en una realización de torneos en cuatro municipios con todo a las carreras.
Y para rematar, Nariño realizará los Nacionales en medio de una total quiebra económica. Con un deporte sin organización. Sin deportistas de la región en capacidad de ser protagonistas y con un Indernariño que se convirtió en el mejor monumento al despilfarro, la burocracia y la improvisación como bandera.

Las inversiones
Según Rigoberto Gómez Méndez, integrante del Comité Organizador, las inversiones en la construcción y adecuación de escenarios fueron:
Pasto: $3.400 millones.
Ipiales: $400 millones.
Tumaco: $200 millones.
Túquerres: $300 millones.

EL COLOMBIANO / Por Enrique Narváez Colaborador especia. Pasto


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