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El capitan del Olimpia de Paraguay, Julio César Enciso,
besa la Copa Libertadores de América. |
Olimpia aplastó a un
novato y reta a otro centenario: el Real
Sao Paulo, Brasil / EFE
El Olimpia paraguayo hizo valer sus cien años de experiencia
en el fútbol para conquistar por tercera vez la Copa Libertadores
de América, que le garantiza el pasaje para enfrentarse
a finales del año en Yokohama a otro rival tan viejo y
tan diablo: el Real Madrid español.
El Olimpia, que cumplió el siglo el 25 de julio, y el campeón
de Europa, que lo celebró el pasado 6 de marzo, están
asegurados para la disputa en Japón del Copa Intercontinental
de Clubes.
A esta competición estuvo a punto de llegar el Sao Caetano,
un novato equipo brasileño que el 4 de diciembre completará
trece años de vida institucional sin poder romper el maleficio
de ser "segundón".
El conjunto del municipio de Sao Caetano do Sul, a doce kilómetros
de Sao Paulo, atesora los subtítulos de las últimas
dos temporadas de la Liga brasileña y desde hoy el de la
edición 43 de la Copa Libertadores.
El Olimpia se alzó con el título del torneo continental
de clubes al vencer por 4-2 en una tanda de penaltis al Sao Caetano,
que en el tiempo reglamentario sucumbió por 1-2.
Julio César Enciso, Sergio Orteman, Hernán López
y Mauro Caballero sentenciaron la suerte del más laureado
equipo paraguayo.
El Sao Caetano marcó con Adaozinho y Marcos Senna, pero
perdió los papeles cuando Marlon y Serginho erraron sus
lanzamientos.
El conjunto paraguayo, que había conquistado las ediciones
de 1979 y 1990, llegó al estadio Pacaembu, de Sao Paulo,
agobiado por una crisis interna desatada por la renuncia de su
presidente, malos resultados en el campeonato nacional y la obligación
de vencer a domicilio para vengar la derrota sufrida el miércoles
pasado en Asunción por 0-1 ante el otro finalista.
La ventaja que Aílton abrió a los 31 minutos para
el Sao Caetano hizo temer lo peor para los paraguayos, pero su
mayor experiencia internacional les permitió cambiar la
historia en apenas 45 minutos ante un equipo rico en técnica
pero pobre en tradición.
La espectacular remontada comenzó con un gol de Víctor
Quintana, a los 49 minutos y la remató Richart Báez
ocho minutos después ante la sorpresa de unos 30.000 aficionados
en el estadio Pacaembu.
El Olimpia comenzó el partido ejerciendo fuerte presión
en el área adversaria con el uruguayo Sergio Ortemán
como pivote y los paraguayos Richart Báez y Miguel Angel
Benítez por las bandas.
El planteamiento táctico ahogó la salida de Anaílson
y Somalia por los flancos y cortó en el centro la comunicación
entre Robert y Ailton para impulsar el ataque.
Báez estuvo a punto de abrir la cuenta a los 16 minutos
al conectar de cabeza el balón a un pase de Zelaya.
La replica llegó cinco minutos después con una rápida
combinación entre Anaílson y Adaozinho por la banda
izquierda que terminó con un remate anidado en las redes
externas.
El Sao Caetano se situó mejor sobre la cancha húmeda
y ensayó nuevas escaramuzas con pases profundos para los
delanteros.
La fórmula causó rápidos efectos pues a los
31 minutos una pared construida por el gigante Somalia dejó
a Aílton libre para batir a Ricardo Tavarelli con un tiro
seco a media altura.
Aílton parecía redondear así una jornada
memorable en el torneo pues otro gol suyo dio la victoria al Sao
Caetano en Asunción.
El partido se tornó tenso y bronco hasta el final del primer
tiempo. Una caída al césped de Russo fingiendo haber
recibido un impacto en el rostro de Benítez les costó
una amonestación del árbitro colombiano Oscar Ruiz,
que debió multiplicarse para apaciguar los ánimos
en la cancha y en los banquillos.
La fiesta en las tribunas con la ventaja tuvo una súbita
interrupción a los 49 minutos cuando Gastón Córdoba
penetró por la franja izquierda y de potente remate impuso
el empate.
La falta de reacción del Sao Caetano y los nuevos bríos
de los paraguayos fueron fundamentales para la remontada.
Báez, en una maniobra temeraria a los 57 minutos, recibió
un centro profundo desde la izquierda y de cabeza embocó
el balón al fondo tras chocar con dos zagueros.
Con el resultado, el entrenador Nery Pumpido optó por desmontar
su esquema ofensivo, sacó a Báez, Benítez
y Córdoba y se armó con hombres de mayor vocación
de marca: Franco, López y Caballero.
El planteamiento conservador rompió el ritmo de los pupilos
de Jair Picerni y los dejó prácticamente desmoralizados
para afrontar la tanda de penaltis, en las que Marlon y Serginho
enviaron el balón a las tribunas.
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