| La
carta de Iván Puyo
Hago referencia a la publicación aparecida en sábado
28 de abril en la primera página de ese diario sobre investigaciones
relativas al Metro de Medellín, con la solicitud de destacar
esta comunicación a fin de que, en ejercicio de la objetividad
periodística, se compense en algo el daño irreparable
que se causa a unos ciudadanos cuando se da despliegue semejante
a una denuncia que puede presentar cualquier persona, de buena o
mala fe:
1. Nunca he sido funcionario público y, por consiguiente,
no lo he sido del Metro de Medellín. Tampoco he actuado como
asesor o consultor de esa sociedad.
2. En mi calidad de abogado particular, en ejercicio desde hace
más de treinta años, he representado, asesorado y
actuado como consultor de numerosas firmas nacionales y extranjeras
que me han reconocido honorarios fijos o contra resultado por mi
trabajo y gestión. En cambio, me resulta imposible haber
recibido comisiones, en el sentido peyorativo de la palabra, pues
ella se utiliza para referirse a las remuneraciones vitandas o delictuosas
pagadas a funcionarios públicos.
3. Con todo respeto, encuentro insidioso y miserable que de cualquier
forma se mencione para los efectos aludidos a Margarita Vidal, quien
no es abogada, ni consultora, ni ha tenido nexo alguno con mi actividad
profesional, dado que con exclusividad se ha dedicado a su brillante
carrera de periodista, ejercida con transparente y pulquérrima
condición profesional y personal.
4. A más de lo expresado, deseo sentar mi inconformidad por
la curiosa tendencia persecutoria contra un apellido y una familia,
que se traduce en informaciones como la comentada en esta comunicación.
Atentamente,
Iván Puyo Vasco
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