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Hay
gato encerrado; gordo, negro y peludo
Medellín
El ovillo del Metro de Medellín empieza a desenredarse. En
pocos días la Fiscalía General de la Nación
correrá el velo e informará si se pagaron comisiones
para la adjudicación del contrato al Consorcio Hispano-Alemán
y mucho más.
Desde 1983 la justicia investiga. La primera denuncia era
de tamaño descomunal, cuenta una fuente consultada,
tanto que la dividieron en dos partes: una que se tramitó
en Medellín y tenía relación con los protocolos
de Madrid. Tras un riguroso examen de las pruebas fue archivada.
No hallaron méritos para proseguir.
La otra parte, más dura, pasó a la Unidad Anticorrupción
de la Fiscalía General. Y hace dos años, en 1999,
aparecieron nuevas denuncias y son los resultados de estas últimas
investigaciones las que inquietan a estamentos locales y nacionales.
La forma como comenzaron las denuncias no es la misma para las
distintas fuentes. Para unas, la situación tomó el
rumbo conocido por una querella interpuesta por un ex funcionario
del Metro, que conoció lo que allí ocurría.
Para otras, la alarma se disparó cuando Enrique Sarasola,
un español casado con una hermana del ex ministro de Desarrollo
de Colombia y ex embajador en los Países Bajos, Carlos Arturo
Marulanda, fue detenido en Panamá con maletines llenos de
dólares. Las autoridades del vecino país supusieron
que eran dineros de narcotráfico, pero el detenido explicó
que se trataba de las comisiones para el Metro de Medellín.
Ese elemento alertó a las autoridades de Colombia.
Del Metro se escuchaban muchas historias en Medellín, Bogotá,
Madrid, Bonn y Panamá. Mientras tanto, crecía el viaducto.
Una de ellas la protagonizaron cinco o seis dirigentes
locales, en un elegante coctel de mediodía -en la fiesta
de aniversario de El Mundo, de Medellín-. Sorpresivamente,
dos de los invitados se fueron a golpes. El ex presidente de un
poderoso gremio le cañó a Diego Londoño
White, gerente del Metro, con que tenía la fotocopia del
cheque con el que le habían pagado comisiones. Uno de los
presentes, quien también había recibido tajada, entró
en cólera porque la suma que le habían dado distaba
mucho de la que se entregó al primero de los beneficiados.
Desde España
Desde Madrid otras historias cruzaban el Atlántico: en una
reunión con algunos colombianos, Enrique Sarasola preguntó
referencias de un funcionario del gobierno nacional. Uno de los
invitados a la reunión preguntó por qué y éste
le dijo que le había entregado US$5 millones para repartir
en Medellín entre quienes apoyaron la adjudicación
del contrato al consorcio Hispano Alemán.
El dirigente regresó al país y comunicó a las
más altas instancias del gobierno lo que le habían
contado en la Madre Patria y obtuvo por respuesta un total silencio.
Mientras tanto, la riña del coctel se conoció en todos
lados. El gobernador de Antioquia, Nicanor Restrepo, y el alcalde
de Medellín, Juan Felipe Gaviria, viajaron a Bogotá
para pedirle a las altas esferas gubernamentales, en la propia Casa
de Nariño, el relevo en la gerencia del Metro de Medellín.
Esta vez el silencio se rompió con una lacónica respuesta:
a fulanito no me lo tocan...
El Metro recorría su viacrucis. Los gerentes y miembros de
las distintas juntas restringieron la información. En enero
de 1996 el diario El Mundo, de Madrid, causó estremecimiento
a este lado del Atlántico. Denunció que Enrique Sarasola
Lerchundi, cercano al gobierno de Felipe González, había
recibido comisiones por su intermediación en la adjudicación
del Metro de Medellín. El diario afirmaba que eran del orden
de US$2.5 millones.
El juez siguió
Volviendo al incidente de Ciudad de Panamá, en diciembre
de 2000, la agencia EFE informó que las autoridades de ese
país se negaban a colaborar con el juez español Ismael
Moreno encargado de investigar el supuesto cobro de 3.500
millones de pesetas (US$19.6 millones) por el empresario Enrique
Sarasola, a cambio de intermediar en las obras del Metro de Medellín.
El juez remitió a su Cancillería y al Consejo General
del Poder Judicial la negativa de Panamá de permitir la investigación
de las cuentas bancarias de Sarasola. Moreno expuso la situación
ante el Gobierno y el Poder Judicial español para conocimiento
y efectos oportunos, en vista de la falta de cooperación
judicial de dichas autoridades de Panamá. El juez no
se quedó quieto...
La sucesión de hechos llevó al ciudadano Rafael Calle
López a denunciar lo que acontecía en el Metro, desde
sus comienzos. Tanto la Procuraduría como la Fiscalía
generales de la Nación tomaron con seriedad el caso.
Uno de los juristas que ha estudiado la situación del Metro
por años aseguró que tiene gato encerrado; gordo,
negro y peludo.
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