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“El poder que había detrás era superior a la justicia”

Así lo recuerda el ex magistrado Ignacio Mejía Velásquez

Por
León Jairo Saldarriaga
Medellín.

Cuando se adjudicó el proyecto al Consorcio Hispano-Alemán, la firma francesa Francorai, que quedó de segunda en la licitación, contrató al jurista antioqueño Ignacio Mejía Velásquez para que estudiara a fondo el acto de adjudicación. (Francorai era la empresa de transporte masivo del estado francés).
“Encontré gran cantidad de fallas jurídicas y de mucha gravedad”, declaró Mejía a EL COLOMBIANO.

Consideró que la más protuberante es que la Junta del Metro no estaba capacitada para adjudicar un contrato de esos, porque los miembros no lo conocían. Explicó que entonces, la Junta, se apoyó en una firma asesora, Electro Watt, que era filial de la Siemens, pero que aquí decían desconocer esa situación, que más tarde no resultó ser así.

“Los pliegos tenían limitaciones, había un presupuesto oficial de US$500 millones y un rango del 10%, de modo que no se aceptaría ninguna propuesta ni por encima ni por debajo”, afirmó.
Las seis propuestas, subrayó Mejía Velásquez, estuvieron dentro de ese rango, menos una, que cotizó por US $654 millones, es decir, US$100 millones más del límite y, sin embargo, le adjudicaron a esa, el Consorcio Metromed.

Aseguró que la adjudicación se hizo con base en el concepto que emitió la firma asesora, filial de la adjudicataria. “Cuando le hablo del concepto de esa firma, quiere decir que se ejecutó un contrato de asesoría, pero no había sido formalizado. En el Código Penal la adjudicación de un contrato administrativo no formalizado es un delito”, dijo. Además, recalcó que Electro Watt era una firma extranjera no autorizada para funcionar en el país.

Denuncias sin efecto
En su análisis del conjunto de irregularidades, destacó que el contrato fue adjudicado con base en un diseño y, tan pronto lo adjudicaron, lo cambiaron para pasarlo por el Centro. El jurista agregó que los pliegos señalaban que el contrato tendría que ser en dólares americanos y poco después lo cambiaron a marcos y pesetas, alterando las bases de liquidación, que repercutió en el costo.

Recordó que aquellas denuncias fueron elevadas ante la Procuraduría General, cuyo titular las remitió al jefe de investigaciones administrativas, quien concluyó que había irregularidades e incluso delitos en la adjudicación. “El Procurador desconoció ese informe y destituyó al jefe de investigaciones”.

Mejía evocó que siempre se dijo que éste no era un contrato para un Metro, sino un Metro para un contrato, porque lo que importaba era adjudicarlo, no tanto la obra. “A través de eso se fue conociendo que había personajes de postín que estaban detrás de los beneficios del contrato. Es lo que apenas se empieza a descubrir, es decir, quiénes eran y qué consiguieron”.

Después de aquel episodio, dijo, el Contralor General instruyó a dos investigadores, quienes le presentaron un estudio muy denso en el que corraboraban las irregularidades desde el punto de vista fiscal y los delitos cometidos. Pero igual que con el Procurador, “el Contralor ocultó la investigación, se guardó el concepto y destituyó a los funcionarios”.

Después de lo que vivió y de sus denuncias sin respuesta en los organismos competentes, a Mejía Velásquez le quedó una conclusión contundente: “El poder que había detrás era demasiado fuerte, superior a la capacidad de acción de la justicia”.

Al observar los hechos de hoy, sostuvo que estudios técnicos indicaban que el Metro no era viable, porque los precios lo hacían el el más costoso del mundo, no como hipérbole, sino como realidad económica, y por ello nunca se amortizaría la inversión.

Como dijeron que el Metro daría para sus gastos de sostenimiento sobre la base de 950 mil pasajeros-día, se advirtió desde entonces que no produciría mas de 250 mil.

“La realidad demostró que ese es el potencial y que la cifra mayor era un engaño, por lo que el Metro no sería viable”, recalcó.

Como anécdota, comentó que alguna vez le interrogaron sobre los motivos para tanta anormalidad y dijo que no los conocía, pero que “en una diferencia de US$100 millones, caben 100 millones de razones para tanta irregularidad y hoy, con mayor razón, pienso igual”.

 

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