La Novena en comunidad

Coros y grupos infantiles amenizan las noches con bailes y canciones.

En centros comerciales y parques se comparte el rezo de la Novena.

Por
María Isabel Molina V.
Medellín

Rezar la Novena, compartir en familia y con los amigos, cantar villancicos, comer buñuelos y natilla, es celebrar y compartir el sentido del tiempo de Navidad.

La Novena se vive en los centros comerciales, las parroquias, terminales de transporte, los parques y en los barrios.

El centro comercial Monterrey, en la Carrera 48 con la Calle 10, se vistió de verde con un enorme pino del que cuelgan bolas doradas. El miércoles en la noche, sobre una tarima, tres niñas cantaban villancicos, vestidas con camiseta blanca y minifalda verde, que combinaron con botas blancas.

Ana Jackeline Cañas, de 30 años, llegó al lugar a las seis de la tarde. Hace ochos años que acude a las novenas de los centros comerciales, pues la seducen el decorado y el montaje. Mientras esperaba a su novio Jaime Gómez, seguía de cerca los rezos del segundo día de la Novena. "Me agrada mucho que involucren a los niños en la Navidad porque los impulsa a participar con más fervor", indicó Ana Jacqueline.

Una tradición
Cerca de ella estaba Camilo Pareja, quien asistía por primera vez al rezo de una Novena en Monterrey.

Llegó con sus papás de Apartadó, donde reside, a estarse unos días en la casa de familiares en Medellín. "Pienso que la Novena es una tradición y me gusta la de este centro comercial porque la ambientan con el baile de las niñas", dijo Camilo, de 14 años, que miraba con admiración a las chicas.

La Navidad de Fantasía se renueva cada día a las ocho de la noche en el Aeroparque Juan Pablo II, al occidente de la ciudad. Sentados sobre el césped y de frente a un gran tablado se encontraban Luis Jaramillo, su esposa Aura Gutiérrez, sus hijos José Miguel y Juan Pablo y los padres de Luis, Luis Fernando Jaramillo y Ángela Mesa.

La noche estaba despejada y desde allí se veía el brillo de luces multicolores que iluminaban varios sectores del sur de Medellín.

Era la primera vez que la familia de Luis acudía a la Novena del Aeroparque. "Está muy bonita y asistir aquí es una forma de mantener las tradiciones para que los niños crezcan en valores", dijo Luis, ingeniero de alimentos, mientras hacía sonar la pandereta cerca de su pequeño hijo. Su esposa Aura, como una María moderna, acunaba al bebé de ocho meses y con una cobija lo protegía del viento.

Al fondo, para completar el paisaje de pesebre, se escuchaba el coro de niños: "Ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Niñito ven...".

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