Bienvenida
Navidad!
La unión familiar y el ambiente festivo contagian a la gente
en esta época.
Para otros, lo mejor de la navidad es el dinero extra que reciben.
Por
Gloria Edith Gómez Londoño
Medellín
La época que inspiró a Charles Dickens a escribir
su famoso Cuento de Navidad. La misma que se revive en los pesebres
y se acompaña con pinos decorados y luces es la que despierta
los mejores recuerdos de infancia de Alicia Jaramillo y Blanca y
Amparo González.
Aunque superan los 60 años, no pierden oportunidad para
recorrer centros comerciales y maravillarse con los adornos y la
creatividad con que los administradores disponen estos espacios
para recibir el que ellas llaman "el mejor mes del año".
Reconocen que ahora hay elementos más bellos y novedosos
para decorar, pero aseguran que su época fue mejor porque,
"aunque todo era más rudimentario, hace 40 ó
50 años se vivía más la unión de la
familia y se disfrutaba la fiesta con un carácter más
religioso, es decir, se vivía el verdadero sentido de la
navidad".
Desde el momento en que se organizaba un paseo para ir a los lugares
boscosos a recoger el musgo y piedras pequeñas para armar
el pesebre, Alicia, Amparo y Blanca, sabían que estaba cerca
la temporada que esperaban con ansias durante todo el año.
"Entonces todo era un programa. Armar el pesebre, machacar
las tapas de cerveza para hacer cascabeles con alambre dulce, convertir
un chamizo cualquiera en árbol de navidad, eran momentos
que disfrutaban en familia los niños y adultos", señala
Amparo, que aún adorna su pesebre con muñecos de trapo
hechos en casa.
"Después venían las novenas que se hacían
con todo el fervor y que eran una cita obligatoria para toda la
familia", agrega Blanca.
De sus pesebres, estas tres señoras recuerdan con cariño
que "tenían hasta cascada", una pequeña
fuente que se hacía con una caneca llena de agua y un pedazo
de manguera mimetizado entre el musgo y las piedras. "Cuando
llegaban las visitas se ponía a funcionar para que vieran
el agua correr", explican.
"Ya el 24 de diciembre, la comida, la música y la fiesta
se compartía con toda la familia y con los vecinos. Aunque
uno tuviera novio no se atrevía a dejar el hogar paterno
para irse a celebrar a otra parte. Contrario a lo que ocurre hoy.
En muchas familias, cada hijo se va por su lado, con sus amigos",
señala con nostalgia Alicia Jaramillo.
Precisamente, la oportunidad de reunirse con la familia en torno
al árbol navideño, los regalos y la comida especial,
parece ser el motivo que le mueve el corazón a los fanáticos
de esta época.
"Yo creo que casi todas las personas se ponen a tono con la
navidad y se vuelven más dulces, sensibles y desprendidas",
opina el médico Leonardo Duque, para quien diciembre es sinónimo
de natilla, buñuelos, hojaldres, música y regalos
que van y vienen. "En esta época, mi familia y yo sólo
nos prohibimos dos cosas: las dietas y la pólvora",
dice.
Salud, dinero y amor
Para Wilson Cortés, padre de tres niños en edad escolar,
diciembre es un buen mes, porque le agrega algunos pesos de más
a su cuenta bancaria. "Claro que uno disfruta la fiesta, pero
para hacer fiesta se necesita plata", anota con una sonrisa.
Hay mucho en qué pensar, regalos, adornos, compromisos con
familiares, amigos y compañeros de trabajo... "pero
a la gente en este mes no parece importarle mucho lo que se gasta.
Uno simplemente paga y paga y como dice el refrán, ´después
del gusto que venga el susto´, en enero llegan los dolores
de cabeza", asegura la comerciante Judy Acevedo.
Algo similar opina Ernesto Montoya, que vive la navidad como la
época propicia para olvidar tristezas. "Hacer a un lado
los problemas y dedicarse a disfrutar. Después habrá
tiempo para resolver la vida", dice.
Aunque en nuestro medio pocos se miden a la hora de dar aguinaldos,
para algunos extranjeros esta costumbre es exagerada. "En Chile
sólo se le da regalo a los familiares o amigos más
cercanos, no se siente ninguna presión ni compromiso con
compañeros de trabajo o con las personas que simplemente
se saludan a diario. Es una fiesta más íntima, sencilla
y familiar, el pino navideño sólo se pone el 15 de
diciembre", comenta Patricia de Azpiri, quien ocupa con su
esposo el Consulado Honorario de Chile en Colombia.
Como ella, algunos consideran que el comercio le ha puesto demasiado
interés al tema navideño, obviamente con la intención
de terminar el año con un elevado nivel de ventas. "Creo
que muchas personas se dejan envolver más por las vitrinas
decoradas desde octubre y la obligación de dar regalos, y
descuidan la esencia de la navidad que es básicamente una
época para estar en familia, hacer balances personales y
abrir el corazón a los demás", señala
Carlos Quintero, un administrador que prefiere rodearse de espiritualidad
por estos días y alejarse un poco de las fiestas ruidosas.
Mientras unos disfrutan, otros trabajan. Cada día entre
las nueve de la mañana y las diez de la noche, Oscar Gutiérrez,
Darío Quirama y Luis Alberto Ciro, ocupan un espacio en la
glorieta de La Aguacatala, con sus muñecos luminosos. Renos,
trineos, ángeles y demás figuras elaboradas con varilla,
papel celofán y luces.
"La gente los compra para ponerlos en los jardines de las
casas o colgarlos en las ventanas", explica el vendedor. Su
labor consiste en moldear las varillas contra el borde de un andén
hasta darles la forma deseada. Luego, las envuelve con instalaciones
de pequeños bombillos y por último, les da un toque
de color con papeles plásticos.
Cada muñeco cuesta entre 40.000 y 80.000 pesos. Acostumbrado
a ganarse el sustento vendiendo artículos navideños,
para Oscar, la navidad es trabajo y sólo un poco de fiesta.
El Grinch y otros personajes
El Grinch, un célebre personaje de los cuentos infantiles
llevado al cine, es la encarnación de quienes odian la navidad.
Los mismos que por esta época, son mirados por muchos como
bichos raros.
"No me gusta la navidad y cada que lo digo la gente me mira
como si la insultara. Pero la verdad es que detesto el ruido, la
pólvora y la congestión en toda la ciudad sólo
porque es navidad", dice Alejandro García, joven universitario.
"Lo que me disgusta es tener tantos compromisos. Tener que
hacerse amigo de los vecinos, abrazar a personas que uno no conoce
para decirles feliz navidad, aunque en el resto del año no
vuelvan a saludarse", explica a su vez Liliana María
Alzate.
En la historia, el Grinch hacía todo lo posible por sabotear
la celebración de los demás, apagando alumbrados,
dañando adornos, escondiendo los regalos e incluso, creando
problemas climáticos.
Al final, reconoce que su odio hacia la navidad está relacionado
con su soledad. Es tan agrio que nadie le da regalos ni lo acompaña
en la Nochebuena.
Entonces, al igual que Ebenizer Scrooge, el personaje de Charles
Dickens, el verdoso Grinch decide cambiar su actitud gruñona
por una más acorde al espíritu navideño y comprueba
que esto es suficiente para recibir el cariño de los demás
y disfrutar, desde ya, una ¡Feliz Navidad!
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