|
Fiesta de luces
La noche de las velitas, un rito
que habla de religión y espiritualidad.
Es una tradición
popular que proviene de la devoción a la Virgen Inmaculada.
Significados
de la luz y el fuego son distintos para cada persona.
Por
Gloria Edith Gómez Londoño
Medellín
Esta tarde, cuando el sol se oculte, los espacios citadinos y rurales
empezarán a llenarse de velas, faroles y lámparas.
En los balcones, ventanas y jardines de las casas, la gente encenderá
una a una las luces. Por cada vela, una plegaria de agradecimiento
o una petición para la Virgen.
Al fin de cuentas ella es, en gran parte, el motivo de tanto fulgor.
El origen de la fiesta, según explica el sacerdote carmelita
Roberto Londoño es popular. "Los fieles le hacen un
homenaje a la Virgen de la Inmaculada Concepción, cuya fiesta
realmente es el 8 de diciembre", agrega.
Para algunos, la noche de las velitas no es más que el inicio
de las festividades del último mes del año. Para otros,
la celebración se convierte en un complejo ritual que tiene
matices religiosos y espirituales, muy cercanos al significado de
lo luminoso.
Sin embargo, el asunto es más complejo que encender una
docena de velas y rezar ave marías ante su llama apacible.
Los preparativos empiezan días atrás. Se elige el
sitio de la casa en el que mejor se aprecien las luces y, en lugar
de cirios o pequeñas veladoras, muchos prefieren adornar
con los faroles de llamativas formas que inundan el comercio desde
comienzos de diciembre.
Jairo Quiceno, sicólogo clínico, asegura que la luz
es el mejor mecanismo para conectar al ser humano con el Ser Divino.
Más allá de las explicaciones que la fe pueda proporcionar,
"al encender una vela la persona manifiesta la necesidad innata
de encontrar la luz, como respuesta a muchos cuestionamientos que
siempre rondan la mente y el corazón humanos", señala
el sicólogo.
Cuando el entendimiento no consigue descifrar la vida, se habla
de "estar en la oscuridad", mientras que el conocimiento
y la sabiduría se comparan con lo luminoso, una condición
que provino en principio, del fuego.
Desde el momento lejano en que el hombre descubrió este
elemento natural, dejó las tinieblas de sus cavernas prehistóricas
para convertirse en un habitante de la historia y emprender su desarrollo
a partir de este descubrimiento. Por eso no pocas culturas le rindieron
tributo al fuego y aún hoy, en los países más
civilizados del mundo, la gente se une en torno a una fogata para
compartir momentos y asegurarse un poco de calor, tal como lo hicieron
los antepasados.
Dice Gastón Bachelar en su libro Psicoanálisis del
fuego que este elemento "es un fenómeno privilegiado
que puede explicarlo todo. Si aquello que cambia lentamente se explica
por la vida, lo que cambia velozmente se explica por el fuego",
expresa el autor.
Luz para cada quien
Tal vez con la esperanza de cambiar rápidamente su destino
azaroso, cientos de desplazados del asentamiento Altos de la Torre,
en el sector centroriental de la ciudad, se dispersarán esta
noche por el Parque de las Esculturas y allí encenderán
el fuego de las velas que ellos mismos fabrican, en un ritual promovido
por la Corporación Región, llamado Nuevos Vecinos.
Su propósito es que los desplazados salgan de la oscuridad
y que la ciudad mire sus rostros iluminados para reconocerlos como
habitantes, indicó Martha Salazar, coordinadora de la campaña.
Mujeres como Nubia Márquez, elaboraron las velas, mientras
los niños se ocuparon de darle forma a los faroles.
Proveniente de Argelia, Antioquia, Nubia describe lo que para ella
es vivir en la oscuridad. "En el campo lo teníamos todo,
pero podíamos perder la vida. En la ciudad estamos a salvo,
pero no hay empleo y la gente nos rechaza".
Por eso, junto a sus seis hijos, aprendió a hacer velas
para vender esta noche. Esa es su manera particular de iluminar
el camino.
"Muchos dicen que si uno se tuvo que venir de su pueblo no
sería precisamente por buena gente, pero eso no es cierto
y es lo que queremos demostrar hoy", concluye Nubia.
Faroles de concurso
En Quindío, la tradición no habla de velas sino de
faroles. Pero no de cualquier tipo, los de Quimbaya son faroles
de concurso y lo sabe muy bien Carlos Duque, que visita con frecuencia
el lugar.
Los habitantes de cada cuadra se reúnen en septiembre para
planear en secreto el tipo de decoración para su calle. "Muchos
faroles tienen motivos alusivos a la Virgen porque allí la
tradición religiosa es muy importante. El día de los
alumbrados la empresa de energía suspende el servicio de
luz y los faroles se extienden por todas las calles mientras los
andenes -uno de subida y otro de bajada- le permiten a los turistas
apreciar de cerca el espectáculo de la luz", relata
Duque.
Un jurado internacional elige y premia la mejor cuadra. En Quimbaya
la luz es sinónimo de turismo y tradición.
Esta noche cada quien le dará un significado personal al
rito de encender velas y faroles. Al apreciar el fuego y la luz
que se desprende de él, la mayoría de las personas
buscará pensamientos buenos y luminosos en su interior.
"No lo exteriorizamos, pero todos tenemos una gran necesidad
de iluminar el camino", asegura el sicólogo Quiceno
y para apoyar su idea se basa en un hecho simple.
"En la ciudad empezaron a verse alumbrados desde noviembre.
Para mí esto es síntoma de nuestro afán por
alcanzar la luz. Cómo será de atractiva, que mucha
gente viene a Medellín sólo para ver los alumbrados",
dice, y agrega que la idea de una celebración como la de
hoy es que cada persona, en su interior, pretenda además
de sentir la luz, convertirse también en un ser luminoso.
|