| ¡A
rebuscársela!
Los comerciantes esperan diciembre para cuadrarse.
Vendedores
formales e informales: todos al rebusque.
Mientras unos celebran navidad y año nuevo, otros sobreviven.
Por
Christian F. Betancur Naranjo
Medellín
Mañana comienza diciembre, el mes más esperado del
año y el que más rápido se va. Sin duda una
época que no significa lo mismo para todos pues existe un
gremio de personas que lo anhelan más que la gente común
y corriente.
Son los comerciantes, los subempleados y los que viven del rebusque.
Esa actividad que consiste en ingeniárselas para tener alguna
fuente de ingreso, por más mínima que parezca.
Se ve en todos los sitios de la ciudad: por el centro, en las avenidas,
en los barrios de estrato bajo y también en los medios y
altos.
La forma de rebusque más popular es la venta en el transporte
urbano: en los buses.En la calle están los vendedores, los
comerciantes, los que ofrecen sus productos en los agáchese
a...
Perfiles
Tiene casi 40 años y todos los días se le van recorriendo
las calles de los barrios Belén, Laureles, La América
y San Joaquín. Viene desde el sector de Sevilla allá
por el hospital San Vicente de Paúl trayendo sus inciensos,
sahumerios, esencias y jabones, de cuya venta dependen ella y sus
dos hijos.
Alexandra Delgado es vendedora de artículos esotéricos,
ella, como muchos otros vendedores de la calle tiene que rebuscársela
todos los días y lleva la ilusión que con la llegada
de diciembre repunten las ventas.
"Las personas nunca van a dejar los agüeros y la navidad
es la época más propicia. La gente busca velas, velones
de diferentes colores y a uno le toca estar pendiente y caminar
mucho", cuenta Alexandra.
Pero lo esotérico no basta, por eso a la mercancía
tradicional Alexandra le agrega papás noel y otras cosas
por las que la gente pregunta.
Y como la cosa es de rebuscársela, la mujer organizó
una rifa: "por sólo 7.000 pesos se pueden ganar un marrano
para matar el 24 ó el 31 más una garrafa de aguardiente",
comenta y sigue, "y ni modo de excusas de que no la cogen porque
es de apenas dos cifras".
Sabe que a diario se debe conseguir al menos 20.000 pesos. "Pero
siempre me los hago, desde que empecé con 3.000 que me regaló
un policía", dice y se ríe mientras conversa
con su amigo Héctor Hugo Tabares, comerciante de cuadros
que desde hace dos años adorna con sus ventas el muro de
un lote abandonado en la avenida 33.
"Ahora en diciembre repuntan las ventas", dice Héctor
que todos los días desde las ocho de la mañana hasta
las cinco de la tarde le monta guardia a sus cuadros. La mayor parte
de su clientela son mujeres, llegan con sus esposos, que siempre
opinan, pero al final son ellas las que tienen la última
palabra.
Tiene cuadros de todos los estilos: religiosos, clásicos,
la mayoría trabajados en óleo sobre lienzo. Los precios
se mueven entre 150 y 270.000 pesos, según la calidad. Antes,
cuando apenas lo estaban conociendo, vendía si mucho siete
cuadros por mes, hoy cuenta que no baja de 20.
"Mucha gente se decepciona porque pasan por aquí y
creen que yo pinto los cuadros, yo les digo que sólo los
vendo y entonces como que las personas cambian con uno, no es que
pierdan el interés pero sí la admiración".
Sin embargo, ya es famoso, con orgullo manifiesta que ya le han
hecho documentales para televisión.
Cuenta Héctor Hugo que para diciembre reforzó su
mercancía con cuadros de todos los estilos y espejos enmarcados.
"La situación económica no está bien y
a fin de año la gente aparece cuando menos se le espera y
pagan de contado. Por eso uno tiene que estar en la jugada",
afirma Tabares.
Esteban Gutiérrez maneja desde hace 11 años un puesto
de variedades al pie de la canalización de la carrera 66B,
a una cuadra de Unicentro. Cuenta que los dos árboles de
los que amarró un alambre para colgar algunos productos,
los sembró él con otro amigo cuando llegó al
sector.
"Uno en diciembre trata de rematar la mercancía que
se quedó del año, pero toca reforzar lo que son luces,
faroles y juguetería. Eso es lo que más compra la
gente", dice Esteban, que desde las ocho de la mañana
está montando su negocio, con el que mantiene a su esposa
y su hijo.
"En diciembre siempre entra un poquito más de plata,
la gente espera este mes para cuadrarse", precisa. Pero no
solamente el comercio informal espera con ansias el último
mes del año, también los almacenes buscan reponer
lo que no se vendió.
"Los formales"
Jairo González tiene un almacén de misceláneas
en el que durante el año vende cuadros, porcelanas, fruteros,
mesas y cristalerías. Para diciembre importa todos los productos
que tienen que ver con navidad, "lamentablemente la mano de
obra para estos productos es muy cara en el país. A uno le
toca importar porque sino los productos habría que venderlos
al doble", cuenta.
Y si de productos perseguidos en diciembre se trata la bicicleta
es uno de los traídos más buscados por los padres.
Por eso Reinaldo Otálvaro, propietario de un almacén
de estos vehículos, ubicado cerca al parque de Belén
se prepara con promociones, descuentos y exhibiciones para que la
gente pase y se anime a preguntar por la bicicleta que quiere para
su hijo.
"Estamos a la expectativa de la clientela de diciembre con
muchos modelos y repuestos, navidad es la época justa para
nosotros", dice Reinaldo.
"En diciembre a la gente le gusta ver mucha variedad para
tener de dónde escoger, nosotros traemos mercancía
al cien para esta época", afirma Héctor Hernán
Giraldo administrador del almacén Rimas de la 76, y agrega,
"la estrategia es sacar todo en promoción, que la gente
vea diversidad y, eso sí, con precios bien rebajados".
Los que no se mosquean
Gloria Restrepo, es otro ejemplo del rebusque. Maneja un almacén
muy singular de bizcochería y pastelería erótica.
El negocio se mueve de acuerdo con las celebraciones, y aunque por
esta época abundan los grados, matrimonios y las despedidas
de solteros, dice que lo importante es complacer al cliente, "si
éste tiene un motivo navideño y quiere que se lo hagamos,
no hay problema. Pero tampoco es que elaboremos productos exclusivos
para esta época. Traemos algunas tarjetas navideñas
con detalle erótico pero nada más", comenta.
Todos estos personajes, cada uno, a su manera consigue la forma
de subsistir. Viven del rebusque , algunos de un modo formal, otros
más informal, incluso varios son ya virtualmente dueños
de sus espacios. Pero todos tienen algo en común: la navidad
representa una forma de mejorar sus ingresos y una oportunidad para
otorgar detalles que harán felices a otros.
Y detrás de los oficios de estas personas también
están sus dramas, que no los desamparan en medio de las alegrías
decembrinas de otros. Alexandra, la vendedora esotérica,
es una enferma terminal que ha tenido que luchar contra los agentes
del espacio público que le quitaron su caseta una vez. Pese
a las adversidades es positiva: "la enfermedad no me impide
trabajar, la gente siempre ayuda si uno se la rebusca, más
en navidad".
|