El viejo ferrocarril está
de fiesta, en Navidad
Tren de luces parranderas
Los rieles que fueron testigos del progreso, a mediados de siglo,
sirven ahora para alegrar las fiestas decembrinas. Tres vagones
van y vienen cargados de gente que quiere disfrutar los alumbrados
y la música.
Por
JUAN GONZALO BENÍTEZ
Medellín
Fotos EL COLOMBIANO
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El viejo tren ya no huele a pueblo. Al ingresar a sus vagones
se experimenta la sensación de que el tiempo se hubiera
detenido ahí, adentro. La máquina que, en los años
40, se desplazaba con pasajeros y carga, desde Buenaventura hasta
Santa Marta, ya es recuerdo y dio paso a la que recorre a Medellín
por estos días de Navidad.
Estacionado al lado del Puente de Guayaquil. Lo conforman tres
vagones (uno sirve de taquilla) decorados con luces y en los que
sólo se escucha música de parranda.
Desde las seis de la tarde la gente se acerca a comprar sus boletas
-a cinco mil pesos- y el primer viaje sale, puntualmente, a las
6:30 p.m.
Luego, hay recorridos a las 7:45, 9:00, 10:15 y 11:30 p.m. La
"excursión" dura entre 50 minutos y una hora,
tiempo suficiente para ir hasta muy cerca de la Estación
Ayurá del Metro y regresar.
"Pidan las canciones que quieran", dice un integrante
del grupo musical que viaja en el primer vagón. Los pasajeros
comienzan a recordar títulos y las notas de los éxitos
de Buitrago invitan a unos a danzar y a otros a destapar una botella
de aguardiente.
Adentro hay bar y, en cada vagón, música en vivo.
Las bancas están recostadas a lado y lado, así que
el amplio pasillo que, en el pasado transportaba costales de frutas
y hortalizas, se transforma en pista de baile.
"Al paseo del río le faltaba algo. La gente venía
caminaba, veía los alumbrados y quedaba empezada. Entonces,
vimos estos rieles y pensamos que aquí había una
buena idea", recuerda Diego Cañaveral, uno de los
creadores de un proyecto que ha tenido buena acogida, no ha subido
sus tarifas desde que se cristalizó (en 1998) y, durante
un mes, genera 46 empleos directos y ofrece una alternativa de
recreación para quienes van a ver los alumbrados.
"Podemos llevar hasta 210 pasajeros en cada viaje. Vamos
muy bien, pero sabemos que en la otra semana es cuando viene más
gente y llegan muchos extranjeros", dice Diego.
Este diciembre pasa el tren de nuevo, después de casi
un año en el que los vagones de Transférreos no
tuvieron uso comercial. Los viajes a Cisneros, Caracolí,
Puerto Berrío y Barrancabermeja quedaron en la historia,
pues la vía férrea fue cedida a un consorcio español
y lo que cobran por su alquiler hace que el ferrocarril no sea
comercialmente viable.
Las máquinas que fueron un día sinónimo
de progreso quedaron rezagadas por la misma modernidad que ellas
ayudaron a construir. Pero desde esta semana y hasta el 7 de enero,
el maquinista hace sonar de nuevo la campana.
Por las ventanas del Tren de Navidad niños y adultos saludan.
Al son del Ron de vinola y La víspera de año nuevo,
los pasajeros comienzan la fiesta en una carrilera paralela al
metro, como evocando el paso del tiempo.