La
Navidad es comunión
Por
Sor Marleny
Patiño
Periodista- Superiora Provincia Santa María
Mazzarello
Buenos Aires, Medellín
En este tiempo, cercano a la Navidad, quiero narrar el amor de Dios,
que se hace Niño para ensalzar las humildes historias de hombres
y mujeres marcadas por el esfuerzo de amar. Es en este movimiento,
en la relación, en el latir del corazón donde nosotras,
personas consagradas intuimos algo de Dios. Ese Dios - Niño
que irrumpe en la historia y lo hace con amor.
Creo, no sólo por ser religiosa, sino
por ser cristiana en la experiencia de la bondad de un Dios cercano
y que he reconocido en el rostro de mis hermanos y Hermanas de comunidad.
Vivo en una comunidad de 36 Hermanas, donde el espíritu de
familia, la comunión, la fraternidad , la vida sencilla,
la acogida son buena noticia. Es en la comunidad donde encuentro
el espacio más idóneo, para vivir feliz y realizar
con pasión la misión entre las niñas, jóvenes
y destinatarios. Es aquí donde crece un nuevo estilo de relaciones,
donde junto con mis Hermanas crezco y aprendo a superar mis debilidades,
a potenciar mis dones y a darme sin medida por la salvación
de los demás.
La comunidad es para mí como un sistema ecológico:
vive y produce frutos mediante la armonía de las diversas
aportaciones y del intercambio de recursos. No basta con hablar
de espíritu de familia, es preciso proyectar juntas este
ecosistema comunitario mediante la unidad y es lo que tratamos de
hacer. Vivir en comunidad me capacita para estar al lado de cada
persona, con aquella discreta caridad que deviene compañía.
Hoy frente a tanta negatividad del mundo actual, a la desesperanza
sigo gritando en comunión con mis Hermanas que alabamos tantos
gérmenes de bien y esperanza: gente que promueve valores
de justicia y paz, la información alternativa, el desarrollo
que se sustenta en el respeto por el ambiente y hacia las personas,
el respeto por la vida, la promoción de la solidaridad. Como
profeta de paz sigo percibiendo signos de futuro sobre todo en el
corazón de los jóvenes, nuestra razón de ser
como Hijas de María Auxiliadora.
Vivir la Navidad es vivir en el amor: que pasa a través de
gestos concretos, es preocuparse por el otro, mi vecino, mi próximo…es
sencillamente permanecer con la vista atenta, el amor es precisamente
aquella rosa que perfuma mi comunidad y que tú y yo no podemos
dejar marchitar.
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