Mis dos hijos son el mejor regalo de Navidad
Por Patricia
López Ruiz
Periodista, ex Señorita Colombia
Amigos de elcolombiano.com:
No tengo un recuerdo específico de la
Navidad en mi infancia. Lo que sí tengo vivo es el olor de
esta temporada, recuerdo el olor de canela en la natilla, el de
los buñuelos recién horneados, el olor a plástico
que tienen las muñecas nuevas y, el olor del mar, porque
era tradición en mi familia reunirnos todos (mi papá
tiene 12 hermanos) en San Andrés para las fiestas de Navidad
y Año Nuevo.
Tenía, ... Bueno, tengo muchos primos
y solo los veía en esa época, así que era toda
una algarabía y sobre todo un momento de reunión familiar,
por eso incluí en el álbum de olores, el del restaurante
de hotel y el de la remolacha, pero bueno es un chiste íntimo
que solo los primos entenderán.
Mi mamá preparaba todo con anticipación
y escribir la carta al Niño Dios era un verdadero ritual:
me sentía mal pidiendo tanta muñeca, maquillaje para
niñas, tacones de plástico como los de "las grandes"
y vestidos para mi Barbie. Así es que, siempre terminaba
pidiéndole al Niño Dios por los niños pobres,
los que sufren y, obvio, por la paz del mundo (¡tenía
vocación de reina de belleza desde chiquita!).
¡Qué sorpresas!
La nochebuena era tanta la emoción que a duras penas me podía
dormir. Solo el argumento de que si dormía llegaría
mas rápido el niño Dios me hacia irme a la cama. Las
mañanas eran divinas, abrir los ojos y ver esos paqueticos
empacados con cintas y moños de colores. Siempre destapaba
el más grande primero, rompía los papeles y al final
el piso quedaba lleno de pedazos de papel, cajas de cartón
y empaques regados en el suelo ... Esas eran pruebas de nuestra
felicidad.
Solo una vez me quedé como sentida con
el Niño Dios. Me acuerdo que me trajo un regalo compartido,
¡Sí, compartido con mi hermanito! Eran unas raquetas
arqueadas que lanzaban unas bolas de plástico. No me cabía
en la cabeza que el Niño Dios me diera un regalo para compartir!
Pero bueno tenía 9 años.
Nunca entendí, por qué con todo
lo que hacia el Niño Dios de milagroso, que era capaz de
llegar donde tantos niños, en todas partes al mismo tiempo
con tantos regalos. Por qué, en mi caso particular, ¡siempre
se olvidaba de las pilas!
Creí en el niño Dios hasta que
tenía como 13 años, cuando mis primas me contaron
que el niño Dios eran los papás, yo casi entro en
shock. Las tildé de embusteras, mentirosas y hasta de chismosas.
Mi
mamá lloró de pesar porque "la niña había
perdido la "inocencia".
El mejor regalo
Cuando estaba chiquita pensaba que el mejor regalo que había
recibido era una muñeca, era un Angelino. Lo adopté
como si fuera un niño de verdad y andaba de pañalera,
teteros y ropita de bebe. Tenía cuna y fue mi consentido
por muchos años, mientras jugué a las mamás.
Mucho tiempo después, el niño Dios
me trajo el que en realidad sería el mejor regalo de Navidad
que podría haber imaginado. El primero llegó cuando
vivía en París, Francia, justo antes del 24 de diciembre
en una fría madrugada y, el segundo, cuando vivía
en Medellín, nació un 13 de diciembre en la Clínica
del Prado.
El Niño Dios me mandó de regalo
dos angelitos para quererlos toda la vida. Es difícil verlos
como angelitos ahora, con lo grandes que están. Pero, sin
duda, mis dos hijos son el mejor regalo de Navidad. Son mi alegría,
mi felicidad, mi todo. ¿Qué mejor regalo puede uno
esperar?
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