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| En sus 26 años de papado, Juan Pablo
II realizó 104 viajes por el mundo y 144 por Italia.
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Un año sin Juan Pablo, el Grande
El 2 de abril se cumple el primer aniversario de la muerte de
Juan Pablo II, el Papa polaco considerado un conservador en dogma
y moral y avanzado en materia social, que jugó un destacado
papel en la caída del comunismo y cuyo proceso de beatificación
está en marcha.
Juan Pablo El Grande, como ya se le conoce, falleció a
las 9:37 p.m. hora de Roma (2:37 p.m. hora de Colombia) a los
84 años de edad, tras una agonía de dos días
y pocas horas después de que afirmara con un hilo de voz
"dejadme ir a la casa del Padre", las últimas
palabras que pronunció antes de morir, según recoge
la Acta Apostolicae Sedis.
Ha transcurrido ya un año sin Karol Wojtyla, el primer
papa eslavo de la historia de la Iglesia, que descansa en las
Grutas Vaticanas en la tumba que sirvió de morada durante
38 años al beato Juan XXIII, el Papa Bueno, al que tanto
apreciaba.
Fue un papa contemplativo y misionero, según lo definió
recientemente Benedicto XVI, que fue su mano derecha durante 24
años, y que en este año sin Wojtyla siempre que
se ha referido a él le ha llamado "mi venerado predecesor"
y el Pontífice que supo "entrar en el corazón
de la gente".
La gente le amó y aún sigue vivo en la memoria
el grito súbito santo (santo ya) que decenas de miles de
personas corearon repetidamente el 7 de abril de 2005 durante
los funerales.
En aquellos días más de tres millones de personas
acudieron a Roma para dar su último adiós a Juan
Pablo II y no dudaron en hacer colas de hasta doce horas para
poder rendirle homenaje en la capilla ardiente levantada en la
basílica de San Pedro, donde quedó expuesto el cadáver.
El pontificado
La petición de la proclamación de la santidad estuvo
acompañada del desplegar de pancartas con las mismas palabras,
frase que desde entonces se ha repetido cada vez que se habla
de Karol Wojtyla, cuya tumba se convirtió en un lugar de
peregrinación y es visitada diariamente por una media de
23.000 personas.
Con su fallecimiento concluyó un papado que comenzó
el 16 de octubre de 1978, tras un cónclave que llevó
al solio pontificio a un papa venido de tierras lejanas, como
él mismo dijo, y que rompió una tradición
de 455 años de pontífices italianos. Su papado fue
el de los récord.
En esos años realizó 104 viajes por el mundo y 144
por Italia.
Publicó catorce encíclicas, comenzando con la Redemptor
hominis, en la que trazó las línea de su pontificado,
el tercero más largo de la historia de la Iglesia.
Convocó nueve consistorios en los que creó un total
de 232 cardenales, de ellos uno in pectore, cuyo nombre se llevó
a la tumba.
Fue el primer papa que visitó una iglesia luterana (Roma,
1983), el primero que pisó una sinagoga (Roma, 1986) y
el primero que entró en una mezquita (Damasco, 2001) y
oró en su interior. También fue el primero que mantuvo
un encuentro con una comunidad musulmana (Casablanca, Marruecos,
1985).
Secreto de Fátima
Juan Pablo II fue uno de los papas más amenazados de la
historia. El 13 de mayo de 1981 a punto estuvo de morir al ser
tiroteado y alcanzado en el abdomen y la mano en el atentado perpetrado
por el terrorista turco Mehmet Alí Agca.
El atentado fue el día de la Virgen de Fátima y
él siempre mantuvo que "una mano (la de Agca) disparó
y otra (la de la Virgen) desvió la bala".
Viajó en tres ocasiones a Fátima (Portugal) y durante
el último, en al año 2000, se desveló el
famoso "Tercer secreto de Fátima", que se refería
precisamente, según informó el Vaticano, al atentado
que sufrió en 1981.
Murió sin poder visitar Moscú ni China. Su sucesor,
Benedicto XVI, siguiendo su norma, considera prioritario para
la Iglesia el continente asiático.
En su primer consistorio, el alemán Joseph Ratzinger ha
creado tres cardenales de esas tierra, entre ellos el obispo de
Hong Kong, y tal vez un día pueda cumplir el deseo negado
a Juan Pablo II de pisar Pekín.
En este año sin Wojtyla se multiplicaron los libros,
películas y documentos sobre Juan Pablo II, cuya santidad,
según el portavoz vaticano, Joaquín Navarro Valls,
"es evidente".
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