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Visita a Medellín, un recuerdo imborrable

Dos sacerdotes que ordenó lo recuerdan con emoción.
Jairo Alonso rompió el protocolo y le cantó al Papa en el Seminario.



Por María Isabel Molina V.
Medellín

Cuando el hombre alto, de tez muy blanca y rostro bondadoso colocó las manos sobre su cabeza, Diego sintió como si el mismo Jesús lo hubiera hecho. Era la mañana del 5 de julio de 1986 y estaba en el aeropuerto Olaya Herrera junto a 91 seminaristas más.

Hoy, el Padre Diego Uribe Castrillón recuerda con emoción el privilegio que tuvo al ser ordenado por el Papa Juan Pablo II durante la primera visita que un Pontífice ha hecho a tierras antioqueñas. "En cada uno de los 92 seminaristas, Juan Pablo II dejó una huella imborrable porque uno queda unido al Padre de la fe", dijo el sacerdote.

Tres horas duró la ceremonia en el Olaya Herrera ante una multitud que llenó el aeropuerto desde muy temprano. Entre el público estaban los padres y cinco hermanos del Padre Diego. Hijo de un obrero y una maestra, el sacerdote es hoy delegado para la Liturgia de la Arquidiócesis de Medellín. Él define a Juan Pablo II como el modelo de los sacerdotes de hoy, no sólo Obispo de Roma sino gran sacerdote, "un hombre de mucha fe, esperanza y firmeza".

La presencia de Juan Pablo II en el Olaya Herrera estuvo acompañada por los cánticos que compuso la Madre Margarita de La Encarnación y la música del Padre Briceño, que se unieron para interpretar el misterio de la consagración de los seminaristas.

Entre los invitados especiales estaba la señora Elve Santa María de Restrepo, quien llegó con una hora de anticipación al Olaya Herrera. Recuerda que tuvo el privilegio de recibir la Sagrada Eucaristía de manos del Papa. "Se siente una emoción muy fuerte.", dijo.

Después, el Papa se dirigió al Seminario Mayor, en la vía a Las Palmas, donde se alojó. Allí compartió el almuerzo con los miembros de la comitiva y con sus anfitriones. En helicóptero Juan Pablo II llegó al Estadio Atanasio Girardot, que estuvo colmado de fieles de los barrios y municipios cercanos a Medellín. Allí, Su Santidad recibió un carriel paisa y compartió con miles de personas.

El itinerario de la visita papal continuó en la Catedral Basílica Metropolitana. El mensaje del Pontífice fue directo y simple: Carismas que nutren a la Iglesia, fidelidad a la fe que santifica, oración y trabajo para que crezca el Reino. Después de concluir esta ceremonia volvió al Seminario para el encuentro con los intelectuales. La sorpresa de la noche fue la presencia de Jairo Alonso Ramírez, un ex seminarista, que había compuesto el tema musical Juan Pablo de Paz y deseaba cantarlo frente al Papa.

Hoy, Jairo Alonso, ingeniero eléctrico, recuerda que había hecho todo lo posible para que incluyeran su tema en el programa del Seminario. "Como no fue posible me dieron una de las escarapelas para los intelectuales. Me hice cerca al coro infantil y antes de que el Papa diera la bendición cogí el micrófono y con mi guitarra empecé a cantar. Trataron de sacarme, pero el Papa hizo un gesto con sus manos y se sentó para escuchar la canción. Cuando terminé le di la mano y Él me dio la Bendición. Para mí fue un recuerdo imborrable", rememora Jairo Alonso.

Fotografías Centro de Documentación Periodística de EL COLOMBIANO
   
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