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| Reuters | Los retratos de Juan Pablo impartiendo
su bendición o dando la comunión a Walesa arrodillado
contribuyeron a socavar el régimen ateo. |
Juan Pablo II tuvo un papel
decisivo en la caída del comunismo
Karol Wojtyla tomó los hábitos en 1946, en momentos
en que la Cortina de Hierro se cernía sobre Europa. La
inspiración que significó años después
cuando asumió el papado con el nombre de Juan Pablo II-
además de su experiencia del sistema comunista en carne
propia- le ayudó a derribarla.
Lech Walesa, fundador del movimiento sindical Solidaridad que
desbancó el comunismo en Polonia en 1989-90, recordó
el impulso que significó la visita de Juan Pablo a Varsovia
en 1979. Era el primer viaje a su patria, un año después
de ser proclamado cabeza de la Iglesia católica, y concluyó
la misa con una oración al Espíritu Santo para "renovar
la faz de la tierra", frase que se convirtió en un
lema.
"Sabemos lo que el Papa ha logrado. Le corresponde el cincuenta
por ciento del colapso del comunismo", dijo Walesa a la Associated
Press el viernes. "Más de un año después
de pronunciar estas palabras, pudimos organizar a diez millones
de personas en huelgas, protestas y negociaciones".
"Antes habíamos tratado, yo traté, y no pudimos
lograrlo", agregó Walesa. "Estos son hechos.
Por supuesto, el comunismo habría caído, pero mucho
después y de modo cruento. El fue un regalo que el cielo
nos legó".
El papel del pontífice en la lucha contra el comunismo
en Europa oriental y en la caída del Muro de Berlín
fue mayormente simbólico y moral. Contrastó con
la jactancia del dictador soviético José Stalin
sobre un Papa anterior, tal como lo recordó el primer ministro
británico Winston Churchill. "El Papa! ¨Cuántas
divisiones tiene?", había preguntado Stalin.
Pero Juan Pablo tenía fuerzas a su disposición
que ni imaginaban los comunistas que tomaron las riendas de Polonia
después que las tropas soviéticas ocuparon el país
al término de la Segunda Guerra Mundial. Originalmente
la policía secreta polaca no se inquietó por la
promoción de Wojtyla a arzobispo de Cracovia en 1963, por
considerarlo un poeta y un soñador apolítico.
Pero la coronación papal de Juan Pablo fue algo muy diferente.
El hecho mismo de que un polaco, procedente de una Europa oriental
que estaba aislada detrás de alambrados de púa,
llegase a ser la figura religiosa más prominente de occidente
tenía enorme fuerza, dijo Alexander Rahr, experto en Rusia
y sovietólogo en el Consejo Alemán de Relaciones
Exteriores.
"Para muchos polacos, fue el hecho de que uno de los suyos
triunfó en occidente, que en ese entonces estaba cerrado
para Polonia; que llegó a la cumbre de la Iglesia católica
y desempeñó un papel político y moral como
uno de los líderes mundiales", dijo Rahr. "Eso
tenía importancia política y moral".
Los retratos de Juan Pablo impartiendo su bendición o
dando la comunión a Walesa arrodillado contribuyeron a
socavar el régimen ateo. El fuerte elemento católico
en Solidaridad ayudó a conformarlo como un movimiento no
violento, aunque sus mineros y operarios de fábricas podían
haber sustraído todos los explosivos que quisieran, de
haberse volcado al terrorismo.
Juan Pablo no propugnó un levantamiento abierto contra
el comunismo, y por cierto pareció mantener cierta relación
de afinidad con el general Wojciech Jaruzelski, quien impuso la
ley marcial en 1981 en un vano intento por liquidar el movimiento
Solidaridad. Algunos creen que la medida de Jaruzelski salvó
a la agitada Polonia de una potencialmente catastrófica
invasión soviética.
Pocos años después, los nuevos líderes reformistas
soviéticos conducidos por Mijail Gorbachov dieron su oportunidad
a los asfixiados polacos. Las huelgas en Gdansk a fines de 1988
obligaron al gobierno a negociar con la oposición. El desgaste
de la autoridad partidaria se aceleró y se contagió
a los vecinos de Polonia: Checoslovaquia, Hungría, Alemania
Oriental, Rumania y Bulgaria.
Con la Agencia AP
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