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Archivo | La comunidad de las Misioneras
de María Inmaculada y Santa Catalina de Sienna, vivió
con gran emoción la beatificación de la Madre
Laura.
Alessandra Tarantino-AP, Ciudad del Vaticano |
Laura, una beata para el mundo
Por
María
Isabel Molina V.
Medellín
Se calcula que 1.500 colombianos estuvieron en la Plaza de San Pedro
para presenciar la ceremonia de beatificación de la Madre
Laura Montoya Upegui, la primera mujer colombiana en ser declarada
beata.
Monseñor Roberto López, Obispo de Jericó,
donde nació la beata, y quien estuvo en la ceremonia, dijo
a EL COLOMBIANO que la beatificación "es un regalo
de Dios no sólo para Jericó y Colombia, sino para
el mundo". Agregó que el de ayer fue un acto muy solemne,
sobrio y sencillo.
El prelado destacó la fidelidad de la Madre Laura, "que
dio ejemplo con su comportamiento y luchó por llevar el
Evangelio a los indígenas y mejorar su calidad de vida".
A monseñor Roberto López lo acompañaron
en la ceremonia los cardenales Alfonso López Trujillo y
Darío Castrillón; quienes trabajan en El Vaticano,
los arzobispos de Medellín, Alberto Giraldo Jaramillo;
de Popayán, Iván Antonio Marín López,
y de Santa Fe de Antioquia, Ignacio Gómez A.
"Madre de indígenas"
El Papa Juan Pablo II hizo votos para que Colombia goce pronto
de paz, justicia y progreso integral. Estos deseos los manifestó
durante la proclamación como beata de la Madre Laura Montoya,
la "maestrita de los indígenas", quien nació
en 1874 en Jericó (Ant.) y falleció en Medellín
en 1949.
La religiosa, fundadora de la Congregación de las Misioneras
de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, fue elevada
a la gloria de los altares junto a otros cinco siervos de Dios,
entre ellos la monja española salesiana Eusebia Palomino
Yanes y la mexicana Guadalupe García Zavala.
El Pontífice subrayó que Laura Montoya, "viendo
cómo tantos indígenas, lejos de los centros urbanos,
vivían desconociendo a Dios", se decidió a
fundar la Congregación de las Misioneras de María
Inmaculada y Santa Catalina de Siena, con el objetivo de llevar
la luz del Evangelio a los habitantes de las selvas.
"Esta Beata colombiana se sintió madre espiritual
de los indígenas, a los que quiso mostrar el amor de Dios.
Sus tiempos no fueron fáciles, pues las tensiones sociales
ensangrentaban también entonces su noble Patria. Inspirándonos
en su mensaje pacificador, le pedimos hoy que la amada Colombia
goce pronto de paz, de justicia y de progreso integral",
aseguró el Papa.
Sus palabras fueron respondidas con los aplausos de numerosos
colombianos y latinoamericanos presentes en la plaza de San Pedro.
Unas 30.000 personas asistieron a la ceremonia, celebrada en una
mañana desapacible y fría, que amenazaba lluvia.
Proyecto de ley
La ceremonia se desarrolló en medio de fuertes, pero discretas
medidas de seguridad.
Juan Pablo II presentaba buen aspecto físico y tenía
la voz fuerte y clara. El Pontífice entró en la
Plaza en automóvil descubierto, con el que hizo un giro
entre los fieles y abandonó el recinto de la misma manera.
El arzobispo de Medellín, monseñor Alberto Giraldo
Jaramillo, fue el encargado de pedir al Papa la beatificación
de la monja colombiana.
Laura Montoya nació el 26 de mayo de 1874, en una familia
muy cristiana. Cuando tenía dos años su padre fue
asesinado por defender la religión y la Patria. Su viuda
y los tres hijos, dos mujeres y un hombre, vivieron una dura pobreza,
ya que todos los bienes que tenían les fueron confiscados.
En su autobiografía la Madre Laura escribió: "Necesitaba
mujeres intrépidas, valientes, inflamadas en el amor de
Dios que pudieran asimilar su vida a las de los pobres habitantes
de la selva, y levantarlos hacia Dios".
Para destacar la obra de la nueva beata, la Comisión Segunda
del Congreso tiene previsto para mañana la discusión
de un proyecto de ley que busca rendir honores a la obra evangelizadora,
social y pedagógica de la Madre Laura. La iniciativa es
del senador Manuel Ramiro Velásquez y tiene como ponente
a Luis Alfredo Ramos Botero.
Con la beatificación de la Madre Laura y los cinco religiosos
que vivieron entre los siglos XIX y XX, se elevó a 1.330
el número de beatificados por el Papa, quien ha nombrado
a 477 santos, más que el resto de los pontífices
de la historia juntos.
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