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| Reuters | El cuerpo del Sumo Pontífice
reposará allí por tres días para la despedida
de los fieles. |
Fieles rinden tributo a Juan Pablo II
Con la agencia Reuters
Ciudad del Vaticano
En una ceremonia espectacular, los restos del Papa Juan Pablo II
fueron trasladados el lunes a la Basílica de San Pedro, atravesando
las enormes puertas de la iglesia que han sido suyas durante más
de un cuarto de siglo.
Una procesión de cardenales, obispos y dignatarios espléndidamente
ordenados avanzó lentamente a través de los pasillos
del Palacio Apostólico del Vaticano, decorados con frescos,
y descendió unas escaleras de piedra para llegar a la plaza
de San Pedro, donde decenas de miles de fieles esperaban para
despedirse del Papa.
Antes de entrar en la basílica, la comitiva atravesó
el punto exacto desde donde Juan Pablo II había presidido
miles de audiencia generales y misas, entre ellas su primer oficio
como Papa el 22 de octubre de 1978, seis días después
de ser elegido.
La multitud, que había guardado cola durante horas esperando
para ver por última vez al Pontífice, que murió
el sábado, aplaudió cuando sus restos entraron en
la plaza en un tradicional signo de respeto a los fallecidos.
El cadáver del Papa, con las manos cruzadas a la altura
del pecho, estaba situado sobre un lecho de terciopelo rojo transportado
por 12 ujieres que le sirvieron durante su pontificado y estaba
flanqueado por miembros de la Guardia Suiza con uniforme de gala.
En el umbral de la basílica los ujieres, que habían
avanzado obedeciendo a la tradición con los pies del Pontífice
en primer lugar, le dieron la vuelta de forma que el Papa mirara
a la multitud de la plaza por última vez.
Después el cadáver fue trasladado por la nave principal
de la basílica, hacia el altar mayor. Les precedían
monjes que portaban velas y cantaban El Señor tenga
piedad en Latín y una letanía que pide a todos
los Santos de la Iglesia que recen por los fallecidos. Los restos
del Pontífice fueron colocados justo ante la tumba de San
Pedro, el primer Papa.
Dentro de la Basílica, el cardenal Eduardo Martínez
Somalo, el camarlengo del Vaticano, bendijo a Juan Pablo II con
agua bendita e incienso mientras un coro cantaba en latín.
"Señor, concédele descanso eterno y haz brillar
tu luz sobre él para toda la eternidad", dijo Martínez
Somalo.
Vestidos de rojo, los cardenales, uno de los cuales será
elegido Papa en el próximo cónclave, se sentaban
en las primeras filas, y muchos de ellos rezaban de rodillas.
Después se acercaron al cadáver de uno en uno para
presentar sus respetos al hombre que elevó a la mayoría
de ellos a sus cargos actuales.
La policía estimó que más de 100.000 personas
estaban alineadas en el amplio bulevar que conduce a la basílica
a la espera de ver pasar el cortejo fúnebre, que posteriormente
se comenzó a exhibir al público.
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