Mar
de velas ilumina duelo de Cracovia por su Papa Wojtyla
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| Reuters | Desde la noticia de su delicado
estado de salud, la romería aumentó en el Museo
Papal de Polonia. |
Con la agencia Efe
Cracovia, Polonia
Un mar de velas junto a la Curia Episcopal, en la basílica
de la Ofrenda de Santa María y otros puntos emblemáticos
de Cracovia ligados a Karol Wojtyla iluminaron el multitudinario
velatorio que rinde la "ciudad santa" de Polonia a quien
fue su arzobispo.
El llanto respetuoso y resignado se apoderó de los cracovianos
en cuanto las campanas de la ciudad, como las del resto de diez
mil templos del país, doblaron al conocerse la noticia
de la muerte del Papa.
Las calles de la de por sí bulliciosa Cracovia, que en
las dos noches anteriores estuvo ya en vela esperando la fatal
noticia, se convirtieron en cuestión de minutos en un hervidero
de gente saliendo de sus casas para acercarse al templo más
cercano.
Casi al unísono con las primeras campanadas, centenares
de personas se postraron de rodillas sobre el asfalto, el parque
circundante de la Curia y el interior de la vecina basílica
franciscana para despedir a su Papa Wojtyla.
Los equipos de voluntarios tuvieron que redoblar esfuerzos para
atender a decenas de personas que, tras la tensión de las
pasadas jornadas, se desmayaron por la emoción.
El llanto, los rezos y los cantos acompañarán a
los cracovianos durante este tiempo de dolor para todos los polacos,
pero que los habitantes de esa ciudad sienten más suyo
que nadie.
"Llevamos días aquí. Sabemos que era irremediable.
Pero aún así: nadie como un polaco puede sentir
en estos momentos tanto el dolor por la muerte del Papa",
comentaba un fraile franciscano, en la puerta de la basílica
de su orden.
La mayoría de templos, capillas y parroquias de toda Polonia
habían decidido, una noche más, no cerrar sus puertas
para que pudieran acudir los fieles.
La legendaria ventana de la Curia, donde residía Wojtyla
en sus visitas a la ciudad y a la que solía asomarse para
saludar e incluso conversar con sus conciudadanos, era el epicentro
de todas las miradas, como si se esperase el milagro de verlo
aparecer de nuevo tras sus cristales.
Las campanas de toda Polonia difundieron la noticia y, por si
acaso, muchos de los cracovianos reunidos en la plaza de la Curia
seguían el discurrir de los anuncios del Vaticano por sus
radios portátiles y teléfonos móviles.
En el corazón del casco antiguo, en la Plaza Mayor del
Mercado, una de las más grandes y hermosas de Europa, la
basílica de Santa María repetía asimismo
las imágenes del llanto resignado y la multitud arrodillada
ante la Curia.
Días antes...
En días anteriores, los cracovianos habían depositado
velas, flores y poemas en las puertas y ventanas del Palacio.
En las horas anteriores a su muerte, estos testimonios de respeto
se multiplicaron por millares, como lo hizo el llanto resignado
del pueblo polaco, por la pérdida de su más querido
ciudadano.
Mientras Cracovia rendía ese duelo multitudinario, Wadowice,
la ciudad donde vino al mundo Karol Wojtyla, dio el adiós
más sentido al Papa desde su modesta basílica homónima
-de la Ofrenda de la Virgen María-, cuya silueta ha llegado
estos días a todo el mundo por su especial vínculo
con Juan Pablo II.
Los niños de Wadowice, que durante toda la jornada cantaron
y rezaron junto al altar del templo, estallaron en lágrimas
con la noticia de la muerte del Papa Wojtyla, nacido en su misma
población que ellos, pero en 1920.
Tras la fachada del templo, iluminada por los poderosos focos
de equipos de televisión polacas y de todo el mundo, vecinos
y visitantes se abandonaron al llanto.
Wadowice, con apenas 20.000 habitantes y a unos 60 kilómetros
de Cracovia, se ha convertido en punto de atención mediática
como ciudad natal del Papa y lugar donde está instalada,
en la antigua casa familiar de los Wojtyla, el Museo Papal. |