 |
| Archivo | Fuentes vaticanas explicaron que
no es obligación del pontífice revelar el nombre
del cardenal in pectore. |
Juan Pablo II se llevó con él
el nombre del cardenal in pectore
Con la agencia Efe
Ciudad del Vaticano, Roma
El nombre del cardenal in pectore designado por Juan Pablo
II en el consistorio de octubre de 2003 nunca se conocerá,
dado que no lo transmitió antes de morir ni lo dejó
escrito en ningún documento.
Así lo confirmó el portavoz vaticano, Joaquín
Navarro Valls, que señaló que, en este caso, "no
existe" el purpurado in pectore. Esta singular categoría,
creada siglos atrás para velar por la seguridad de personalidades
religiosas, concede al Papa la prerrogativa de mantener en secreto
la identidad de uno o más cardenales de los que haya nombrado,
de tal forma que ni siquiera el propio interesado lo sepa.
La modalidad perduró hasta nuestros días y aparece
recogida en el Código de Derecho Canónico, que establece
que mientras su nombre permanezca oculto "no tiene ninguno
de los derechos o deberes de los cardenales".
Sólo los adquiere cuando se conozca su identidad, si es
que llega a desvelarse, pero a efectos de antigüedad se atiende
al día en que su nombre fue reservado in pectore.
Con la muerte del Papa se desataron una oleada de especulaciones
sobre quién podría ser el misterioso cardenal, ya
que en caso de tener menos de 80 años sería el miembro
118 del cónclave del que saldrá el nuevo Papa.
Las hipótesis
Cuando en octubre de 2003, coincidiendo con los 25 años
de pontificado, Juan Pablo II anunció que se había
reservado un nombramiento "in pectore", comenzaron a
barajarse las primeras hipótesis sobre su identidad.
Muchos señalaban entonces como candidato al arzobispo
polaco Stanislaw Dziwisz, secretario de Karol Wojtyla durante
casi cuarenta años, primero en la archidiócesis
de Cracovia y luego en la Santa Sede.
Una segunda hipótesis apuntaba a que el Papa hubiera querido
dar respaldo a los católicos de un país en el que
esta Iglesia atraviese dificultados, como Rusia -donde hay una
delicada relación con la Iglesia Ortodoxa- o China.
Actualmente las relaciones entre Pekín y el Vaticano son
inexistentes, y la Santa Sede mantiene lazos diplomáticos
con Taiwán, territorio que el Gobierno chino considera
una mera provincia.
Por eso, algunos apuntaban a que el cardenal in pectore
podía ser el obispo honkonguense Joseph Zen, aunque él
mismo consideró "absurda" esa idea porque, a
su juicio, no había necesidad de mantener su eventual nombramiento
en secreto.
China se pronuncia
"Aquí(en Hong Kong) hay libertad", aseguró
a una radio italiana, aunque preciso que no tiene "ninguna
duda" de que el purpurado designado por el Papa era un religioso
"chino, pero de la China continental; hay algunos, perseguidos
desde hace años, que de verdad lo merecen".
En declaraciones difundidas el martes, en Hong Kong, Zen aseguraba
que el Vaticano decidió romper sus lazos con Taiwán
para establecerlos con China, aunque esa hipótesis no ha
sido comentada por la Santa Sede.
Por su parte, el Gobierno de Pekín indicó esta
misma semana que está dispuesto a emprender relaciones
con el Vaticano, siempre y cuando Roma no interfiera en asuntos
religiosos que considera nacionales, como la gestión de
las congregaciones o elección de responsables eclesiásticos.
El nombre del cardenal in pectore, que tanta expectativa
levantó entre la prensa estos días, "permanecerá
custodiado para siempre en el corazón del Papa", añadió
Zen.
Juan Pablo II ya había creado cardenales in pectore
en tres ocasiones anteriores, en las que reveló su identidad
varios años después.
El primer nombramiento lo hizo en 1979, cuando en secreto elevó
a la categoría de purpurado al arzobispo de Shangai, el
ya fallecido jesuita Ignatius Gong Pin-mei, y sólo desveló
su identidad en 1991.
En el consistorio de 1998 anunció la designación
de otros dos in pectore, y sólo en 2001 reveló
que eran el ucraniano Marian Jaworski, arzobispo de Leopoli de
los Latinos, y Janos Pujats, arzobispo de Riga, en Letonia.
|