 |
| Reuters | El Pontífice realizó tres intentos
de saludar y emitir un mensaje a los fieles católicos,
pero no pudo. Incluso su rostro mostró el esfuerzo
y la dificultad al tratar de comunicarse. |
Lunes de Pascua sin bendición papal
Con la agencia Reuters
Ciudad del Vaticano, Roma
El Papa Juan Pablo II no compareció el lunes 28 de marzo
al mediodía en la bendición de Pascua que tradicionalmente
pone fin a las celebraciones de la Semana Santa, aunque no hubo
indicios inmediatos de que la salud del Pontífice hubiera
empeorado.
Si bien el Vaticano nunca confirmó el evento de este año,
multitudes expectantes llenaron de todas formas la Plaza de San
Pedro, cantando el nombre del Papa y esperando vislumbrar al enfermo
líder de la Iglesia Católica.
Sin embargo, las ventanas del Papa permanecieron cerradas y tras
esperar más de una hora en la enorme pero ventosa plaza,
muchos de los feligreses comenzaron a retirarse con desgano.
Esta fue la única vez en sus 26 años de papado
que Juan Pablo II no aparecía al mediodía del lunes
de Pascua para una breve bendición. "No estoy al tanto
de ningún agravamiento en la salud del Papa. Creo que los
médicos le han recomendado que descanse después
de las actividades de los pasados días", dijo una
fuente del Vaticano.
El Papa, sin voz para la bendición
El Pontífice, de 84 años, apareció en su
ventana para bendecir a los fieles el Domingo de Pascua, pero
no consiguió hablar a pesar de intentarlo, lo que hizo
aumentar los temores de que su salud iba a peor un mes después
de que se le practicara una traqueotomía para resolver
una crisis respiratoria.
A primera hora del lunes, la televisión vaticana canceló
los planes de emitir en directo desde la Plaza de San Pedro, pero
sus cámaras de televisión continuaron enfocadas
en los apartamentos papales, sugiriendo que el Pontífice
podría finalmente aparecer.
El Vaticano no hizo ningún comentario oficial. El claro
sufrimiento de Karol Wojtyla el domingo ensombreció el
día más importante del calendario litúrgico
católico, con miles de peregrinos llorando abiertamente
ante la incapacidad de hablar del Pontífice.
Sus ayudantes le acercaron un micrófono a su boca, y aunque
emitió leves sonidos fue incapaz de pronunciar palabras.
Tras retirarle el micrófono, el Papa golpeó suavemente
el atril en señal de resignación y frustración.
|