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| Reuters | Joseph Ratzinger fue elegido como
Benedicto XVI. |
¿Qué ocurre cuando
los cardenales eligen un Papa?
AP
Una vez que los cardenales eligen a un líder de la Iglesia
Católica, el nuevo Papa se ve inmerso en un ritual impregnado
de tradiciones: aceptar formalmente su misión, vestirse
con las ropas blancas papales y saludar a la multitud desde un
balcón que da a la Plaza de San Pedro.
Esta es la secuencia de eventos tradicionales:
Aceptación
Después de la votación, los cardenales aplauden
al nuevo Papa. Como decano del Colegio de Cardenales, el alemán
Joseph Ratzinger era el asignado para preguntarle al elegido si
aceptaba, pero como el cardenal escogido era él, hasta
el momento se desconoce quién formuló la pregunta.
Un decreto de Juan Pablo II exhorta al ganador a no rechazar el
puesto "por temor a su peso". Entonces el pontífice
responde en latín "accepto".
El nombramiento
Se le pide al Papa que elija un nombre papal. Es libre de escoger
entre los empleados por cualquiera de sus 264 predecesores, usar
su propio nombre o plantear uno nuevo. El que Ratzinger eligió,
Benedicto XVI, será analizado cuidadosamente en busca de
indicios acerca del rumbo que seguirá su papado. En algún
momento, los cardenales se hincan frente al Papa para honrarlo.
Las ropas papales
El pontífice es conducido fuera de la Capilla Sixtina a
una habitación para vestirse apodada el "Cuarto de
las lágrimas", porque algunos Papas se han sentido
acometidos por la emoción allí. Se le ofrecen tres
tallas a elegir: chica, mediana o grande, cosidas a mano por sastres
de Roma. Si es necesario, monjas del Vaticano les harán
ajustes.
El anuncio
Cuando el Papa estuvo listo, el protodiácono _el cardenal
chileno Jorge Arturo Medina Estévez _ salió al balcón
central de la Basílica de San Pedro que da a la plaza y
proclamó en latín "Habemus papam!",
que significa "Tenemos Papa".
Posteriormente Medina anunció el nombre del Papa, leyendo
su primer nombre en latín y el apellido en su forma normal.
El nuevo pontífice salió al balcón y elevó
sus manos unidas. Después, el Papa podría pedirle
a los cardenales que regresen al cónclave y compartan alimentos
con él. Juan Pablo II lo hizo, e incluso ofreció
copas de champán.
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