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| Reuters | Ratzinger era decano
del consejo cardenalicio. |
Joseph Ratzinger,
sello de la corriente más dogmática
Con la agencia Efe
Ciudad del Vaticano, Roma
Era el gran favorito y eso parecía que podría jugar
en su contra. El que entra Papa, sale cardenal, reza el dicho
vaticano, que no se ha cumplido con la elección del alemán
Joseph Ratzinger, ya Benedicto XVI.
Considerado la mano derecha del fallecido Juan Pablo II, quien
le entregó la custodia de la ortodoxia de la Iglesia católica
como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la
Fe (el viejo santo Oficio), Ratzinger, de 78 años, se ha
convertido en su sucesor.
Desde la muerte de Karol Wojtyla ha sido el principal protagonista
de sus exequias y de las Congregaciones de purpurados previas
al Cónclave, como decano del Colegio Cardenalicio. A Joseph
Ratzinger le correspondió oficiar la misa de funeral que
reunió en torno a los restos mortales de Juan Pablo II
a los principales gobernantes del mundo y a una multitud de fieles
que le aclamó como santo.
También presidió la misa que precedió al
inicio del Cónclave, en la que condenó el llamado
"relativismo" y defendió la ortodoxia doctrinal,
todo un programa para el pontificado que comienza este 18 de abril
de 2005.
"Tener una fe clara, según el Credo de la Iglesia,
no es ser integrista", dijo Ratzinger antes de conducir la
procesión de cardenales hacia la Capilla Sixtina, de la
que en 24 horas salió Papa. En esas apreciaciones se encierra
buena parte de su pensamiento, como eclesiástico y como
reputado teólogo, que tiene una máxima de conducta
personal y pastoral que se resume en una de sus frases favoritas:
"la bondad implica también la capacidad de decir no".
Los "noes" de Ratzinger han sido hasta ahora los mismos
que los de su predecesor Juan Pablo II en materia de moral (no
al sacerdocio de las mujeres, no al matrimonio de los curas, no
a la homosexualidad, que considera "un desorden objetivo"),
lo que le ha valido el calificativo de conservador y la etiqueta
de continuista.
Durante mucho tiempo ha tenido que bregar con la fama de "Gran
Inquisidor", por sus a veces controvertidas decisiones y
afirmaciones al frente del antiguo Santo Oficio, donde ha estado
nada menos que 24 años.
Polémicas que ahora volverán a primer plano fueron
afirmaciones suyas como la contenida en el documento "Dominus
Jesus", del año 2000, en el que sostiene que "sólo
en la Iglesia Católica existe la salvación eterna".
En esa estela se inscriben los desencuentros con dos teólogos
amigos, su colega, el suizo Hans Küng, que en 1979 fue privado
del derecho de enseñar "por cuenta de la Iglesia",
y su alumno en Tubinga, el brasileño Leonardo Boff.
Durante buena parte del papado del viajero Juan Pablo II, sobre
todo en los últimos años, Joseph Ratzinger se ha
preocupado sobre todo de la Iglesia, "una barca que hace
agua", como puso de manifiesto en el Viacrucis del último
Viernes santo. "Cuánta suciedad hay en la Iglesia
y también entre aquellos que se deben entregar a la causa
del sacerdocio y pertenecer completamente a ella.
Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia", escribió.
Crítico con la reforma litúrgica introducida por
Pablo VI, también se ha mostrado contrario al exceso de
"novedades" introducidas en las misas que, a su juicio,
se acaban transformando en un espectáculo. Más allá
de su pensamiento y de las apariencias, Joseph Ratzinger tiene
fama de hombre amable, con sentido del humor y costumbres sencillas
-"soy un humilde servidor en la viña del Señor",
fueron sus primeras palabras como Papa- y hasta hoy se le podía
ver pasear casi a diario por las calles del Borgo Pío,
adyacente al Vaticano.
Ahora es el nuevo Pontífice de la Iglesia Católica,
pese a que quien más postulaba su candidatura pensaba que
nunca lo conseguiría, porque cuenta con muchos detractores
entre los cardenales, algunos de ellos de su misma nacionalidad.
Pero los dichos existen también para que no se cumplan
y, como se ha demostrado ahora, el que entra Papa en el cónclave
puede salir Papa y llamarse Banedicto XVI -por cierto, el nombre
que más sonaba para el nuevo Obispo de Roma-.
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