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| Reuters | El Papa manifestó que fue
un momento emocionante su primer encuentro con los fieles,
minutos después de ser elegido. |
"Estoy aquí para servir y no para
ser servido": Benedicto XVI
Con la agencia Efe
Ciudad del Vaticano, Roma
El Papa Benedicto XVI dijo este viernes que fue elegido para servir
y no para ser servido y que se dispone a desarrollar su pontificado
con "abnegación interior, sencillez y disponibilidad",
imitando a Cristo.
El Pontífice hizo estas manifestaciones en el discurso
que dirigió a los cardenales presentes estos días
en el Vaticano, a los que recibió en la Sala Clementina
y agradeció la confianza que han depositado en él
al elegirle sucesor de Pedro.
"Es un acto de confianza que me anima a emprender esta misión
con más serenidad, ya que además de contar con la
ayuda de Dios cuento con vuestra generosa colaboración.
Os lo suplico, que no me falte vuestra ayuda", afirmó
el Papa Ratzinger ante los purpurados.
El nuevo Papa añadió que si por una parte es consciente
"de los límites de mi persona y de mi capacidad",
por otra "sabe bien" cuál es la misión
que le fue confiada, "y me dispongo a desarrollarla con abnegación
interior".
"No se trata de honores, sino de realizar un servicio con
sencillez y disponibilidad, imitando a nuestro Maestro y Señor,
que no vino a ser servido sino a servir y en la Ultima Cena lavó
los pies de los apóstoles pidiéndole que hicieran
lo mismo. Por ello, tanto a mí como a todos nosotros, sólo
nos queda que aceptar la voluntad de Dios y dar lo mejor",
afirmó con sencillez pero con determinación.
Ratzinger, a quien en algunos momentos de la audiencia se le
vio emocionado, expresó ante los purpurados los sentimientos
que le invaden en estos días de tantos eventos extraordinarios,
destacando "un vivo deseo" de agradecimiento de corazón
y "un sentido de impotencia ante las obligaciones que me
esperan".
Subrayó también la íntima necesidad de "silencio"
y reiteró su agradecimiento a Dios "que me ha querido
a pesar de mi fragilidad humana", frases en su línea
tradicional de persona sencilla, reservada, sin pretensiones.
Benedicto XVI contó a los cardenales lo "emocionante"
que fue su primer encuentro con los fieles, pocos minutos después
de ser elegido Papa, cuando apareció ante el balcón
de la basílica de San Pedro. Esa emoción volvió
a sentirla en las dos salidas que hizo del Vaticano en la semana,
cuando regresó al que fue su domicilio durante años.
La palabra "agradecimiento" fue la que más pronunció
el nuevo Papa, que tuvo palabras y gestos de cariño con
los cardenales, sobre todo hacia los ancianos y los enfermos,
a los que pidió que siempre le ayuden.
Recordó a sus predecesores Juan XXIII, Pablo VI y Juan
Pablo I, pero sobre todo a Juan Pablo II, del que dijo que en
estos días "más que nunca" sintió
su apoyo y presencia, "una presencia que -añadió-
sigue estando viva.
Ratzinger, a quien muchas veces se la ha tildado de pesimista,
volvió a pronunciar un discurso basado en Cristo Resucitado,
en la misma línea que los de estos días, sin retórica,
directo, basado en la fe.
El Papa se despidió de los cardenales invitándoles
a caminar "dóciles y obedientes" a la voz de
Cristo.
Los purpurados
En nombre de los purpurados habló el secretario de Estado,
Angelo Sodano, que le aseguró el apoyo del Colegio Cardenalicio
en el gobierno de la Iglesia. "Cuenta con toda nuestra devoción,
nuestra total colaboración y nuestro afecto fraternal",
afirmó.
Sodano hizo votos para que pueda imitar la obra de San Benito,
el patrón de Europa, "para el bien de la Iglesia y
del mundo".
Tras este encuentro, Benedicto XVI se prepara para la misa solemne
de inicio de pontificado que celebrará el domingo 24 en
la plaza de San Pedro y a la que asistirán cientos de miles
de fieles y reyes y jefes de estado de todas las partes del mundo.
Al día siguiente recibirá a los miles de alemanes
venidos al Vaticano para la ocasión y por la tarde visitará
la basílica de San Pablo Extramuros, en la zona sur de
Roma.
Benedicto XVI, nuevo Obispo de Roma, tomará posesión
de la basílica de San Juan de Letrán, la catedral
de Roma, el sábado 7 de mayo.
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