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AP | Cerca de 400 mil personas acompañaron a Benedicto XVI en la misa solemne, tradición conocida antes como la misa de coronación.
"Mi programa es seguir a Dios": Benedicto XVI

Con la agencia Efe
Ciudad del Vaticano, Roma

"No tengamos miedo a Cristo": Homilía

Benedicto XVI comenzó este domingo con una misa solemne su Pontificado, durante la cual le fue impuesto el Palio (estola) y el Anillo del Pescador, símbolos del ministerio pontificio, y en la que afirmó que su programa de gobierno no es hacer su voluntad, ni seguir sus propias ideas.

"Mi programa de gobierno es no hacer mi voluntad y no seguir mis propias ideas, sino ponerme junto con toda la Iglesia a escuchar la palabra y la voluntad del Señor y dejarme conducir por El", dijo el Papa en una larga, densa de significados y aplaudida homilía, en la que señaló que algunos rasgos de lo que será su tarea ya lo expuso el 20 de abril.

Ese día, pocas horas después de ser elegido Papa, Joseph Ratzinger ofició su primera misa en la Capilla Sixtina, en la que pronunció un brillante discurso, toda una declaración de principios, en el que se comprometió a proseguir el trabajo trazado en el Concilio Vaticano II, a promover la unidad de los cristianos y a trabajar por la paz en el mundo.

Benedicto XVI, que dio la impresión de que no quiere expresar discursos políticos, sino homilías de marcado carácter pastoral, volvió a hacer un vehemente llamamiento a la unidad de los cristianos, pidiendo "que hagamos todo lo posible para recorrer el camino de la unidad" e implorando a Dios "que seamos un sólo pastor y no permitas que se rompa tu red".

En memoria de Juan Pablo II
En la homilía, que fue interrumpida en 35 ocasiones por los aplausos de las 400.000 personas que llenaban la plaza de San Pedro y las calles adyacentes, Benedicto XVI recordó varias veces a Juan Pablo II e hizo el mismo llamamiento de Papa Wojtyla en 1978, cuando fue elegido Pontífice.

"En este momento mi recuerdo vuelve al 22 de octubre de 1978, cuando Juan Pablo II inició su ministerio aquí. Todavía resuenan en mis oídos sus palabras: "¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!", afirmó.

El Papa añadió que Juan Pablo II hablaba a los fuertes, a los poderosos del mundo, "los cuales tenían miedo de que Cristo pudiera quitarles algo de su poder, si lo hubieran dejado entrar y hubieran concedido la libertad a la fe".

El nuevo Pontífice agregó: "sí, El les habría quitado algo: el dominio de la corrupción, del quebrantamiento del derecho y de la arbitrariedad. Pero no les habría quitado nada de lo que pertenece a la libertad del hombre, a su dignidad, a la edificación de una sociedad justa".

Tras recordar aquella palabras del Papa Wojtyla que quedaron para la posteridad, Benedicto XVI añadió: "también hoy yo quisiera decir a todos vosotros, sobre todo a los jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! El no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida".

El nuevo Papa, que comenzó reconociendo que es un "débil siervo de Dios" pidió a los católicos de todo el mundo que recen por él, para que no tenga miedo y no huya "ante los lobos" y no deje abandonadas a sus ovejas (los fieles).

Ya no es misa de la coronación
La Misa solemne de inicio de pontificado sustituye a la de coronación e imposición de la tiara, abolida en el Pontificado de Pablo VI (1963-1978). Benedicto XVI quiso darle un fuerte valor simbólico para resaltar la dimensión "petrina" (de Pedro) de su ministerio.

El rito estuvo basado en lo previsto en la reforma del Concilio Vaticano II y en modos milenarios.

Comenzó con la bajada de Benedicto XVI a la Tumba de San Pedro, en las Grutas Vaticanas para orar ante el Apóstol junto a los patriarcas de las iglesias orientales.

Después en procesión todos se dirigieron hacia el atrio de la basílica de San Pedro, en cuyo balcón central colgaba un gran tapiz, que representaba la pesca milagrosa y a Jesús hablando con Pedro.

Benedicto XVI portaba una casulla de color oro viejo que usó Juan Pablo II. Los momentos más emocionantes fueron la imposición del Palio y del Anillo del Pescador, tras la lectura del Evangelio, que se hizo en latín y griego, todo sin dejar escapar un detalle.

El Palio se lo impuso el cardenal protodiácono, el chileno Jorge Medina Estévez. La estola, que simboliza al Salvador que encontrando al hombre como a la oveja descarriada lo carga a sus espaldas, fue confeccionada con lana de cordero.

Hasta ahora medía entre cuatro y seis centímetros de ancho y no era excesivamente largo. Benedicto XVI recuperó la medida original y la que hoy le fue impuesta mide 2,60 metros de largo y 11 centímetros de ancho.

Sobre la misma habían sido colocadas cinco cruces rojas, que recuerdan las cinco llagas de Cristo, con alfileres, que recuerdan los clavos de la cruz.

Los ritos
En Anillo del Pescador se lo colocó el Decano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sodano, en medio de la emoción del Papa, al que se le vio sonriente, sereno y en muchas ocasiones visiblemente conmovido.

El Anillo del Pescador es diferente al que usaba Juan Pablo II. El de ahora lleva inciso el mismo tema que el Sello de plomo (el que usa para sellar documentos), a Pedro tirando las redes para pescar.

Benedicto XVI lo llevará hasta su muerte, cuando el Camarlengo se lo retire y lo machaque para que nadie pueda usarlo y a la vez para simbolizar el final del Papado.

El ritual concluyó con el "rito de la obediencia". Hasta ahora eran los cardenales los que se arrodillaban ante el Papa, pero hoy lo hicieron doce personas en recuerdo del número de los Apóstoles.

Fueron tres cardenales, un obispo, un presbítero, un diácono, un religioso, una religiosa, un matrimonio y dos muchachos.

La misa fue concelebrada por 150 cardenales, las lecturas se hicieron en inglés y español y la comunión la dieron 320 sacerdotes. En ese momento, por los altavoces se recordó que la comunión estaba reservada sólo a los católicos.

Acudieron 140 delegaciones de los principales países del mundo, entre ellos los Reyes de España, y el presidente y canciller de Alemania, la patria de Papa Ratzinger.

También asistieron representantes de la iglesias ortodoxas, entre ellos el arzobispo Kirill, "número dos del patriarcado de Moscú; y el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, de la Comunión Anglicana.

La misa concluyó con un recorrido del Papa por la plaza en automóvil descubierto, entre las gentes.


   
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