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Los Oscar vuelven a casa y se
mudan a un centro comercial
El paradigma de la industria del cine norteamericana, la ceremonia
de entrega de los Oscar, vuelve a Hollywood tras más de cuatro
décadas de destierro en las que la gala de la Academia de Artes
y Ciencias Cinematográficas se ha celebrado en un sinfín
de lugares.
Los Oscar se van a mudar a Hollywood, concretamente a un centro comercial,
y lo van a hacer con toda la fanfarria y exceso que acompaña
la mayoría de los grandes espectáculos en Estados Unidos.
Y es que la ceremonia de la 74 edición de entrega de los premios
se va a celebrar en el nuevo Teatro Kodak -un grandioso edificio ideado
por el arquitecto David Rockwell y repleto de los últimos avances
tecnológicos en el mundo del espectáculo- que fue inaugurado
el pasado mes de noviembre con un coste de 97 millones de dólares.
Pero el teatro es sólo parte de un gigantesco complejo urbanístico
-denominado Hollywood & Highland, hasta hace poco una de las menos
atractivas intersecciones de Hollywood- en el que la inmobiliaria
TrizecHahn ha invertido la friolera de en 615 millones de dólares.
El centro comercial incluye un hotel, decenas de tiendas como Benetton,
Loewe, Louis Vuitton o Swarovski, restaurantes, salas de cine e incluso
estudios de televisión.
Kodak -que pagará 75 millones de dólares durante los
próximos 20 años a cambio de que el teatro luzca su
nombre- considera casi obligado asociar su nombre a los Oscar ya que,
según el portavoz de la compañía, Bob Gibbons,
"cada película dominada en cada categoría importante
ha sido filmada en nuestra película".
Al fin y al cabo, Kodak Eastman ha ganado ocho Oscar técnicos
por sus desarrollos en el campo de las películas y cámaras,
"por lo tanto, es apropiado que el nombre de Kodak esté
realmente asociado con el lugar".
De momento, el teatro ya ha acogido espectáculos de cantantes
como Barry Manilow o Celine Dion, y durante todo el año tendrá
un mínimo de 100 espectáculos, desde musicales de Broadway
hasta ballets, conciertos, óperas y obras de teatro. En el
ultracomercial mundo estadounidense, lo que parece extraño
es que durante décadas los Oscar se celebrasen en recintos
-como el Auditorio Shrine y el Pabellón Dorothy Chandler- sin
mayores implicaciones con el mundo empresarial del país.
Y es que, incluso en la soleada California, mucho ha llovido desde
que se entregaron los primeros premios de la academia el 16 de mayo
de 1929 durante una cena en la sala Blossom del hotel Roosevelt de
Hollywood y a la que asistieron 250 personas. En aquel entonces, los
asistentes tuvieron que pagar 10 dólares por el privilegio
de ver a Emil Jannings y Janet Gaynor recoger los premios correspondientes
a las categorías de Mejor Actor y Mejor Actriz, respectivamente.
Claro que por aquel entonces no existía el suspense de la actual
ceremonia, ya que se conocían los ganadores con antelación.
En esta ocasión, cerca de 3.500 personas se distribuirán
entre los cinco pisos -que cuentan con 24 palcos privados- y los 16.744
metros cuadrados del Teatro Kodak, para contemplar la costumbre adoptada
en 1941 de la apertura de los sobres sellados que contienen los nombres
de los ganadores.
Pero para los más profundos aficionados al mundo del cine,
la más importante novedad de la 74 edición de los premios
es que, finalmente, el Oscar ha vuelto a casa. La última vez
que las doradas estatuillas se entregaron en los confines de la localidad
de Hollywood fue en 1960, en el Teatro RKO Pantages, el local en el
que por primera vez -en 1953- se televisaron los Oscar, en vivo, a
través de la red de NBC y presentados por el cómico
Bob Hope.
En 1961 la academia concedió los derechos de retransmisión
a ABC y la ceremonia se trasladó al Auditorio Cívico
de Santa Mónica, iniciando el largo éxodo de las estatuillas
que se han convertido en el paradigma del éxito en el mundo
del cine.
EL
COLOMBIANO / EFE |
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