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Monster Inc.
Un tobogán de emociones


Por
Gloria Edith Gómez


La amistad, el respeto por la diferencia y el trabajo en equipo son algunos de los valores que refleja la última producción de Walt Disney a partir de unos personajes insospechados para tal fin: los monstruos del armario, figuras terroríficas que pueblan, en la noche, los miedos infantiles.

Con la maestría propia de Disney para realizar este tipo de animaciones, los protagonistas son personajes deformes e irrepetibles -tal como los imaginaría cada niño-, y además coloridos, de movimientos perfectos y detalles que los hacen ver casi reales.

Pieles peludas y brillantes, gestos convincentes de "terrorífica" ternura, actitudes divertidas y a veces torpes son algunos rasgos de los protagonistas que, bajo su apariencia desagradable, esconden un atado de buenos sentimientos, tal como ocurre en la vida real con muchas personas.

Monstruópolis, la ciudad en donde habitan, es hecha por y para monstruos. La empresa Monsters Incorporated, tiene a los mejores "asustadores", los gritos de los pequeños son la energía que mantiene viva a la ciudad y por supuesto, el trabajo y razón de ser de las extrañas criaturas.

Sólo una cosa está prohibida en Monstruópolis: tener contacto con un niño. Dejarse tocar o "infectar" por uno de ellos es muy grave, casi como tener una enfermedad incurable y en esta medida, los monstruos, también le temen a los infantes.

El caos empieza cuando accidentalmente una niña se cuela en Monstruópolis y en la vida de Sulley, el campeón de los sustos de Monsters Inc. Con los ingredientes necesarios para que una aventura sea emocionante -un antagonista perverso, un mejor amigo gracioso y lleno de ingenio y varios personajes que sazonan y hacen cómica la historia- Sulley y la pequeña niña Boo, empiezan a descubrir que en la diferencia también pueden encontrarse cosas en común.

Juntos derriban mitos, enseñan que la amistad supera cualquier barrera, dan lecciones de respeto por lo que nos es ajeno y lejano, divierten a los espectadores y los mantienen durante más de una hora subidos en un tobogán de emociones. Tan pronto felices y divertidos, como angustiados y tristes.

Probablemente lo más rescatable de Monsters Inc., es que nos deja una bellísima moraleja: los mejores resultados se obtienen cuando hacemos felices a los demás, especialmente si se trata de niños.

La película tiene el valor agregado de un cautivante corto inicial y las graciosas escenas "detrás de cámaras" en las que los muñecos de Disney muestran sus metidas de pata durante el rodaje de la película. Ocurre después de los créditos y resulta perfecto para borrar con risas las lágrimas de emoción que quedaron después de un final feliz y emocionante.


 
 

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