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Vanilla sky
Del suspenso a la confusión

 


Por
Jaime Horacio Arango Duque


La pareja del momento en Hollywood, Tom Cruise y Penélope Cruz, protagonizan esta cinta, un reencauche de Abre los ojos, la aclamada producción de Alejandro Amenábar, que en 1997 acaparó todos los elogios de la prensa especializada y del público en general.

Vanilla sky llega a la pantalla con una generosa promoción, debida en gran parte al romance de sus protagonistas, pero la verdad sea dicha que se queda en una mediocre versión de su inspiradora. Tal vez la película no sea tan decepcionante, pero es que ante tantas expectativas lo mínimo que se podía pedir era un filme cautivante y que marcara diferencia. Ahí está el problema de vender una realización por el nombre de sus actores y no por la calidad se su guión y producción.

En la historia, Cruise interpreta a David Aames, un joven y exitoso ejecutivo que lo tienen todo en su vida: dinero, mujeres y empresas. Sin embargo, las cosas comienzan a cambiar la noche de su cumpleaños, justo cuando conoce a Sofía (Penélope Cruz).

Entre ellos nace una atracción, que termina abruptamente cuando David sufre un accidente automovilístico, al lado de una de sus amantes, personificada por Cameron Díaz.

A partir de ahí la cinta entra en un frenético y confuso ritmo de situaciones paralelas, que aunque logran enganchar al público, a la vez lo confunden. Lo que al principio pareció un buen giro del guión, al poner al público a buscar la realidad de lo que estaba sucediendo, terminó por enredar la historia más de la cuenta.

La parte más decepcionante de la película llega al final, cuando un efímero personaje de la historia debe aclararle, punto por punto, lo que sucedió a David, y de pasó al público. Esa es la gran frustración, ya que después de hilvanar una historia tan compleja, el director y el guionista optan por un medio facilista para descifrar todos los enigmas.

La producción no tiene tacha e impresiona una imagen de Cruise corriendo solitario por las calles de Nueva York, una escena muy bien lograda. Las actuaciones, en cambio, no deslumbran y Cruise, sólo por momentos, logra transmitir la angustia y el dolor que vive, en especial después del accidente. Penélope, por su parte, no logra darle fuerza a su caracterización y queda como una niña simpática y buena gente.


 
 

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