| Los nuevos
retos, tras el referendo
El Presidente deberá replantear su gabinete ministerial:
analistas.
Sobre el
tapete, las relaciones entre el Gobierno y los congresistas.
Mercados
están pendientes del Plan B del Jefe de Estado.
Por Edward
Jaramillo González
El referendo fue una lucha que el presidente Álvaro Uribe
Vélez casó cinco minutos después de su posesión
en el Congreso y en la que no bajó la guardia ni tiró
la toalla, pese a las dificultades enfrentadas en 14 meses.
Quizá, por ello, el silencio que ha mantenido el Mandatario
luego de conocerse los resultados en los que, faltando un escaso
dos por ciento, ninguno de los 15 puntos obtiene el umbral requerido.
Hoy, son muchas las teorías que se tejen sobre las consecuencias
de la caída de la mayoría de las reformas contenidas
en el texto de la consulta. Los efectos, entre tantas tesis, ya
empiezan a presentarse.
Ayer el presidente del Senado, Germán Vargas Lleras, uno
de los más reconocidos uribistas hasta hace pocas semanas,
se fue lanza en ristre en contra del Gobierno. Insistió
en que el Jefe de Estado debe realizar cambios estructurales en
el gabinete ministerial y reiteró su poco interés
en sacar adelante un proyecto de reelección presidencial,
al mismo tiempo que anunció que quiere ser el próximo
mandatario de los colombianos.
La no aprobación del texto no solo traerá consigo
problemas fiscales, sino también unos retos importantes
en el manejo político de leyes que hoy, más que
nunca, se hacen urgentes.
Gobernabilidad del Presidente
Aunque el presidente Álvaro Uribe Vélez no madrugó
a votar el domingo para abrir, en la Plaza de Bolívar,
oficialmente las urnas durante las elecciones regionales del pasado
domingo, actitud con la que dejó ver su desazón
porque a esa hora ninguna de las 15 preguntas del referendo alcanzaba
el umbral, lo ocurrido durante el pasado fin de semana electoral
es interpretado por distintos analistas políticos como
una oportunidad para fortalecer la gobernabilidad de la actual
administración.
El presidente Álvaro Uribe Vélez tiene hoy una
oportunidad grande que debe saber manejar, afirman hoy varios
sectores que sostienen que la gobernabilidad del Mandatario puede
mejorarse en un altísimo porcentaje si en esta coyuntura
replantea una parte de su gabinete.
Y es que, en particular, son muchos los sectores que insisten
en que se le debe pasar la cuenta de cobro del fracaso del referendo
al ministro del Interior y Justicia, Fernando Londoño.
Una importante parte de la dirigencia de este país se
ha manifestado durante los últimos días en el sentido
de que este es el momento para que en este cargo el Presidente
nombre a un político con más experiencia en el manejo
de las relaciones con el Congreso, así como en el trámite
de las leyes. Éste debe ser un dirigente que no sea ni
uribista ni antiuribista, porque esto le puede despejar el panorama
de las relaciones al Gobierno con el Congreso.
De otro lado, los más de seis millones de votos que obtuvo
el texto de reforma constitucional durante los comicios del 25
de octubre, son un importante capital que ningún Jefe de
Estado puede despreciar.
Se le despeja la gobernabilidad en la medida en que el triunfo
de sectores de izquierda democrática en importantes regiones
del país lo obligan a tener en cuenta sectores políticos
que son claves para afirmar una tendencia hacia la democratización
de la sociedad colombiana.
Esto le va a generar al Presidente una imagen internacional más
positiva porque nadie podrá dudar de la legitimidad de
la democracia colombiana.
El Congreso y las leyes
La posible salida del Gobierno del ministro del Interior y Justicia,
Fernando Londoño Hoyos, y el reacomodo de las fuerzas en
el Congreso luego de los triunfos y las derrotas obtenidas el
pasado domingo, serán la clave para entender lo que ocurrirá
en el futuro inmediato en las relaciones entre el Congreso y el
Gobierno.
Londoño, quien ha tenido una relación inestable
con los parlamentarios durante su gestión, deberá
cambiar de actitud hacia los legisladores o deberá dejárselo
a alguien que indisponga menos el ambiente y sea más conciliador.
De igual forma, el empoderamiento de sectores políticos
independientes en el Legislativo, luego del logro de alcaldías
y gobernaciones en importantes zonas del país, tendrá
sus consecuencias directas en el grado de atención a las
iniciativas del Ejecutivo.
Así, las relaciones del Gobierno con los legisladores
se prevén diferentes a las que se percibían a finales
del año pasado, cuando el Congreso aprobó el paquete
económico de leyes radicadas por el Presidente, conformadas
por la Tributaria, la Pensional y la Laboral.
Además, en momentos previos a la votación del referendo
se hizo visible la rebeldía de sectores que se denominaban
uribistas, en cabeza de dirigentes como el actual presidente del
Senado, Germán Vargas Lleras, quien antes de ponerse a
consideración de los ciudadanos el cuestionario de reforma
constitucional, se volvió un fuerte crítico del
Gobierno.
Todo parece indicar que de no saberse manejar esto, se agudizarán
los opositores del Gobierno y aquellos que lo respaldaban empezaran
a debilitarse por partes, según lo cercanos o no que estén
en la actualidad.
En momentos en los que el Mandatario deberá acudir al
Legislativo para adelantar reformas que no se aprobaron a través
del referendo, la situación es delicada.
Sin embargo, el presidente Álvaro Uribe Vélez continúa
con un favoritismo amplio que deberá capitalizar a la hora
de relacionarse con las bancadas parlamentarias. Deberá
acudir a un Congreso que quería disminuir.
Los partidos políticos
Los partidos políticos son los principales golpeados en
las pasadas elecciones. Estas organizaciones ya no son las mismas
de hace medio siglo y los resultados de los comicios del 26 de
octubre así lo demostraron.
La vieja forma de hacer política, apelando a los colores
de un equipo político, ya no suman votos. En momentos en
los que los tecnócratas se hacían visibles en los
principales cargos del país y buscaban ser elegidos mayoritariamente
en las elecciones del pasado domingo, por fuera de los partidos,
con un discurso de apoyo irrestricto al Presidente, sectores de
la izquierda democrática, críticos de la actual
administración, fueron elegidos en alcaldías y gobernaciones
importantes, demostrando que en Colombia no existe el unanimismo.
Las coaliciones y los movimientos independientes aprovechan,
entonces, la caída de credibilidad de las dos casas que
durante décadas se han repartido el poder en el país:
la liberal y la conservadora.
El riesgo es que los independientes que llegaron a ocupar cargos
importantes en el país, catapultan su liderazgo en la proyección
de su personalidad y las ideas que de manera individual defienden
y no a nombre de colectividades comprometidas con tesis.
Esto pone en riesgo la permanencia de proyectos políticos
coherentes, por lo que se hace necesario el fortalecimiento de
partidos sólidos que tengan una identidad clara ante los
ciudadanos y se diferencien los unos de los otros. No con el fin
de polarizar la sociedad, sino de ofrecer opciones democráticas
despejadas y servir como mediadores entre las necesidades de la
población y el Estado.
Además, como centros vitales de discusión de los
temas relevantes del país, en los que el debate permita
llegar a tomar la mejor decisión para el bienestar colectivo
de los colombianos.
Lo que pasa es que la corrupción ha desvirtuado el papel
de los partidos, que hoy enfrentan un gran reto. De la responsabilidad
de los tecnócratas y la izquierda en el poder, dependerá
una nueva dirigencia.
Expectativas económicas
Mientras se espera que en las próximas horas el Gobierno
destape el denominado Plan B, la lección que deja la votación
por el referendo podría debilitar la estrategia de conseguir
un mayor ajuste por la vía de impuestos y recorte del gasto,
lo que fue virtualmente negado por los colombianos en las urnas.
Por un lado, está la posición de los colombianos
que no votaron las propuestas contenidas en el referendo y por
el otro la presión ejercida por los electores al colocar
en las cuatro principales alcaldías del país y en
la gobernación del Valle del Cauca, candidatos independientes
o de izquierda.
El mensaje que dejan las votaciones no es el mejor, la gente
está pidiendo otro tipo de respuesta a las dificultades
económicas del país, pero no se cree que el Gobierno
dé un giro significativo en la ortodoxia con la que ha
manejado la economía y por el contrario ya tiene listo
el paquete tributario para ser presentado al Congreso.
Ni siquiera lo que ha venido sucediendo en el vecindario (Brasil,
Ecuador y la catástrofe de Argentina), hará que
los orientadores de la economía colombiana cambien su forma
de pensar.
A juicio de analistas, un acuerdo con el Fondo, si bien establece
unas metas, no "blinda" al país para salvarse
de la quiebra que enfrentó Argentina y de la que apenas
comienza a superarse con el dinamismo de su economía.
Ese país anunció hace cerca de un mes que sólo
pagará el 25 por ciento de la deuda en bonos externos.
Entre tanto, Brasil recibe esta semana una misión del Fondo
para la revisión del acuerdo y otra llegará a Colombia
al comienzo de la próxima semana para conocer los cambios
que se le harán al mismo.
Todo lo que estaba contemplado en el acuerdo, soportado en el
referendo, saldrá para darle paso a otras medidas fiscales.
En realidad, el problema no es el FMI, según analistas
consultados, es la deuda pública, pues con acuerdo o sin
él Colombia tendrá que seguir endeudándose.
Lucha contra la corrupción
La lucha contra la corrupción, una de las principales premisas
con las que el Gobierno promovió el referendo, será
una tarea en la que deberá insistir el Ejecutivo, pero
esta vez con una estrategia diferente.
Aunque siempre que el Presidente habla del tema no se atreve
a señalar a nadie, ha dejado claro que en los órganos
legislativos locales, departamentales y nacionales, así
como en alcaldías y gobernaciones de todo el país,
el mal manejo de los recursos se da perjudicando el desarrollo
de las regiones.
La situación se plantea más compleja, meses después
de que Germán Cardona, quien fue nombrado Zar Anticorrupción
en el país, dimitió de este despacho diciendo que
el Gobierno no estaba posibilitando las herramientas necesarias
para hacer efectivas las sanciones a los corruptos.
Es en la actualidad el vicepresidente Francisco Santos, quien
ha tomado las riendas de este programa presidencial que no ha
ido más allá de recibir denuncias y presentar pocos
resultados.
Así, se deberá insistir en esta tarea que se ha
explotado políticamente, para que pueda seguir siendo una
bandera de la actual administración.
El camino legislativo queda entonces como la salida efectiva
para establecer los mecanismos contemplados en el referendo que
no lograron la votación mínima para ser aplicados,
pero que no requieren de una reforma constitucional para llevarse
acabo.
El reto ahora es para el Congreso, entidad pública a la
que se le señalaba como incapaz de autoregularse. Serán
los parlamentarios los que deberán permitir que herramientas
como el voto nominal y público y el fortalecimiento de
las causales de pérdida de investidura y muerte política
se hagan efectivas.
La opinión pública estará pendiente del
transcurso de esta tarea en el seno del Legislativo, mientras
el Gobierno deberá poner a alguien al frente del impulso
de estas propuestas en el Capitolio Nacional.
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