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El referendo en letra menuda
Promotores
y detractores del texto sustentan tesis con la ley en la mano.
Unos creen
que audiencias públicas acabarán con los auxilios
parlamentarios.
Otros que
la consulta permitirá frenar "carruseles" y afinar
inhabilidades.
Por Edward
Jaramillo
Medellín
La
discusión sobre si el referendo logra transformar, a fondo,
las prácticas políticas del país, más
que dar elementos para analizar la trascendencia del cuestionario
de iniciativa gubernamental, termina confundiendo a la gente.
Así lo afirman estudiantes, profesionales y personas del
común que al ser consultadas en la calle sobre las implicaciones
que traería la aprobación o el hundimiento de las
reformas, no saben qué contestar.
Y es que mientras los defensores del texto sostienen que el referendo
es un paso importante para acabar con la corrupción que,
por décadas, se ha apropiado de las corporaciones públicas;
los detractores de la consulta afirman que de ser aprobadas todas
las reformas propuestas, por ejemplo, prácticas como la
de los auxilios parlamentarios, no terminarían.
"El referendo es completamente insustancial, identifica
los temas neurálgicos de la politiquería pero no
soluciona ninguno", afirma el constitucionalista Jaime Castro
Castro.
Según Castro, el punto flaco de la reforma política
que se promete con el referendo, crea más expectativas
de las que se podrán lograr verdaderamente.
En ese mismo aspecto, el senador Antonio Navarro Wolf precisó
que "los colombianos no quieren volver a sentir la frustración
que hoy viven luego de tener una Constitución que les prometió
mucho y, debo reconocer, tuvo grandes fallas".
La reducción del Legislativo es un ejemplo. "El problema
del Congreso en Colombia es que no representa los intereses de
la población y no ejerce sus funciones, no es su tamaño.
Y es que los parlamentarios no legislan, se convirtieron en notarios
a los que el Gobierno acude para protocolizar su voluntad y, por
lo tanto, tampoco hace un control eficaz del Ejecutivo",
explica Castro.
Son estas transformaciones las que, recalca el ex candidato presidencial
Luis Eduardo Garzón, hacen que el cuestionario posibilite
una reforma que busca, "más que un cambio político,
una reforma económica".
Pero a la defensa de las reformas constitucionales planteadas
en el referendo salen los presidentes del Congreso, Luis Alfredo
Ramos Botero y William Vélez Mesa.
Ambos afirman que de aprobarse los 19 puntos que se pondrán
a consideración de los votantes, la política en
Colombia se vería beneficiada en aspectos fundamentales.
"La primera pregunta del referendo permitiría ampliar
las inhabilidades para ejercer cargos públicos, pues según
la Constitución hoy las mismas solo cubren a los congresistas
y, de votarse positivamente esta pregunta, los concejales, diputados
y miembros de las juntas administradoras locales que quebranten
las normas impuestas en la Carta Magna, que además se ampliarán
con dos numerales más, también perderán sus
derechos políticos", explica Ramos.
La obligatoriedad del voto nominal y público de los miembros
de cualquier corporación de elección popular, así
como la eliminación de suplencias que terminarían
con la famosa práctica del "carrusel" que hoy
le cuesta, nada más a la Cámara de Representantes,
250 millones de pesos, son algunas de las otras ventajas que,
sostienen promotores del referendo como los senadores Germán
Vargas Lleras y Claudia Blum, trae consigo la aplicación
del referendo.
Esta última congresista además pidió retirar
los puntos de la reforma política que coinciden con los
del referendo para ponerle fin a la discusión de cuál
de las dos reformas es prioritaria. Asunto que tiene hoy dividida
a la bancada uribista en el Congreso.
En este tema Garzón sostiene que los pequeños avances
que se pueden dar con el referendo se eliminan por completo con
la reforma política que se promocionó ante la gente
como el complemento del cuestionario.
"Por ejemplo el referendo aunque establece un umbral del
dos por ciento para elegir solo a aquellos grupos que tienen mayor
respaldo de los electores, el acto legislativo, con el voto preferente,
no permite un verdadero cambio en la agrupación de partidos,
pues pondría a las colectividades a pelear internamente",
afirma.
En medio de la polarización aparecen los terceros, como
el analista Darío Acevedo, quien opta por votar selectivamente.
La posición de Acevedo es compartida por numerosos que
votarán, pero no todo positivo.
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