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Votar es la opción más democrática

El profesor Chinchilla defendió referendo con críticas y selectivo.


"Hago mi intervención desde mi posición de profesor universitario. Mi postura se las anunció de una vez: apoyo la participación en el referendo, pero con crítica y voto selectivo. Apoyo por razones que voy a enumerar, pero me inclino más a votar de manera negativa una gran parte de las preguntas y voy a votar en blanco otras que me parecen anodinas, casi estúpidas.

¿Por qué considero que se debe participar en el referendo? Como profesor de Derecho Constitucional siempre añoré y soñé ser un ciudadano que participara no solo para elegir. Cuando la Carta del 91 produjo los seis mecanismos de participación, fue un triunfo moral y político de la sociedad colombiana. Pero han pasado 12 años y ese sueño de votar un referendo, un plebiscito, una consulta popular o una revocatoria de mandato, no lo he probado en una democracia participativa. Es una promesa incumplida de la Constitución del 91.

Ante ese desengaño, para quienes somos apasionados por la participación, no puedo asumir una posición que pida desactivar ese mecanismo, cuando es la primera vez que me invitan a tomar una decisión sobre 19 preguntas. Quiero medirme con aquellas personas que dicen sí frente a una pregunta que a mí me parece que no, para saber cuál es el pensamiento de la mayoría y de la minoría.

En 1957, la única vez que se invitó al pueblo a votar 13 normas, siendo niño quedé marcado por la alegría de mis padres, de mi madre y mis tías (porque era la primera vez que las mujeres votaban). Ahora, cuando llego a la vejez y veo que no he podido degustar esa posibilidad de votar un referendo, no puedo pensar que es legítimo asumir una posición despectiva o dejar tirado el referendo y considerar que es una posición políticamente defendible la de no salir a votar. Por eso considero que los partidarios de la abstención, aunque a mi juicio tienen plena fundamentación constitucional para pedir que sean tratados en igualdad a los amigos del referendo, no veo que estén prestando un gran servicio a la democracia participativa.

Considero que su posición puede tener algunas inconveniencias. Por ejemplo, veo que se le hace un escuálido servicio a los mecanismos de participación como el referendo, creo que decir de entrada que la mejor posición del referendo es abstenerse, es salirse por un atajo muy fácil, cuando la tradición de los colombianos es la abstención. Es posible que derroten ese referendo, pero hacerlo así es la vía más sencilla, en lugar de construir un sujeto político participativo que sea capaz de ir a votar a favor, en contra o en blanco.

Como profesor tengo que invitar a no desactivar ese mecanismo porque mañana, cuando nos propongan un referendo verdaderamente importante, por ejemplo que nos consulten sobre un acuerdo humanitario, la gente de derecha, que es mucha en este país y con poder, movilizará todos los medios para que nos abstengamos.

En el referendo hay de todo. Cómo no votar el punto sobre la votación nominal y pública de los congresistas para que el electorado sepa y controle lo que hacen. Cómo no votar a favor la congelación de las pensiones, ese régimen odioso y discriminatorio. Cómo no votar a favor la eliminación de ese pervertido (por las costumbres políticas) régimen de suplencias. Son propuestas importantes que, como lo dice el senador Luis Guillermo Vélez, el Congreso no llegaría a votarlos porque ha demostrado incapacidad para hacerlo. A mi me gustaría como ciudadano pasar por encima del Congreso, con mi voto, e imponer esa reforma política. Igual el pueblo.

Pero en el referendo también hay cosas negativas, anodinas. Por ejemplo: por qué me ponen a votar la resurrección de la penalización del consumo de dosis personal de estupefacientes, cuando la Ley 745 de 2002 tiene un régimen de sanciones a los consumidores de drogas mucho más serio que la que trae el referendo.

Cómo no señalar los errores técnicos del referendo como el que se aprecia en el tema de los partidos políticos. La propuesta es que se recompongan y fortalezcan. Y dice que cada partido podrá postular un número de listas igual al número de escaños que hay en cada circunscripción. Entonces, el Partido Liberal podrá proponer, ya no 148 listas, sino 100. ¡Qué cosa tan maravillosa! Eso es un error. Ahí es superior la reforma política. Otros perversos son la supresión de las personerías, una institución que tiene arraigo histórico y popular, en cambio soy partidario de la eliminación de contralorías.

Para concluir quiero señalar que la reforma política es un buen plan B y que en muchos aspectos es la salvación del referendo. ¿Por qué? Porque el referendo es hoy incierto, no solo por la decisión que tome la Corte Constitucional sino en que logre el mínimo de participación que se requiere.

El Presidente tiene una gran capacidad de convocar al país y creo que con una buena pedagogía, con una buena labor de difusión del referendo podemos demostrar las bondades de participar en él. Creo que podrían sacarse algunos temas de la reforma política y mejorarla, para hacerla compatible con el referendo.

No creo que estemos votando un plebiscito. Álvaro Uribe no necesita una segunda vuelta, no necesita poner a prueba su popularidad, no hay que decir que votar el referendo es legitimar al Gobierno. El Presidente no es un Napoleón que necesite reencauchar una popularidad que aún no ha perdido. Por lo demás, ninguna pregunta del referendo le da poderes exorbitantes o lo convierte en un dictador. De modo que esa tesis de que el referendo es un plebiscito, como lo dice mi gran maestro el senador Carlos Gaviria, no tiene, en rigor conceptual, seriedad.

Excusen si he sido a veces enfático, pero estos temas me ganan el corazón y me apasionan. Gracias".

 

 

 

 

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