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"La propuesta es un retroceso político
para el país": Castro
Jaime Castro
es partidario de la abstención como forma de participar.
Jaime Castro es partidario de la abstención como forma
de participar.
"Defiendo el referendo como mecanismo de participación
ciudadana, como instrumento para reformar la Constitución.
Pero uno no solo debe analizar el instrumento, sino el contenido,
es decir, mirar cuál es el alcance de esa iniciativa.
El que estamos discutiendo no es un referendo importante, no
es trascendental para la vida nacional. Cuando haya un referendo
importante, vale la pena votar sí o no. Por ejemplo, el
acuerdo humanitario debería ser un mandato popular al gobierno
de turno y ni el Gobierno ni el Congreso tuvieron la idea de llevar
el tema a un referendo.
El doctor Chinchilla concluyó diciendo que peor sería
que no tuviéramos referendo. Es una posición respetable,
pero yo, con el mismo análisis, llego a una conclusión
contraria: hay que abstenerse frente al referendo, pero no por
indiferencia, apatía o desgano, sino dando razones.
No es válido decir que se desconoce el sistema democrático
o el ordenamiento jurídico cuando el ciudadano se abstiene
o invita públicamente a la abstención. Ése
es el lenguaje del señor Ministro del Interior, que, afortunadamente,
fue rectificado por el Presidente. La abstención, en el
caso del referendo, está prevista en la Constitución,
le concede fuerza política y eficacia.
La elección de alcalde de Medellín se hace entre
los 100.000 ó 500.000 ciudadanos que van a las urnas. No
importa el número de ciudadanos que concurran, hay elección
válida de alcalde. En el caso del referendo, la Constitución
no lo prevé de esa manera. Dice que para que el referendo
sea válido deben concurrir no menos del 25% del censo electoral.
Eso busca darle legitimidad democrática al proceso.
Con todo respeto por quienes piensen lo contrario, me parece
un debate bastante parroquial el que estigmatiza la abstención
diciendo que desconoce los principios democráticos y la
participación. ¡Por Dios! La participación
no está únicamente en el voto. Aquí, en EL
COLOMBIANO, estamos participando. El hecho de dedicarle un tiempo
a una reflexión ya es una participación en la vida
pública. No se puede reducir la participación al
voto.
En Colombia no hay garantías para quienes discrepen de
la verdad oficial, pero no importa mientras haya votación.
Eso es simplista y lugareño.
Los tratados de derecho constitucional y ciencia política
ya distinguen entre los distintos grupos ciudadanos que participan
en un referendo, lo que se ha llamado la abstención combate.
Es la abstención que da la cara, la que dice su verdad.
En el caso del referendo, abstenerse es participar y, si ustedes
quieren, es votar dos veces "no". Es un "no"
contundente, afirmativo, de rechazo.
No se puede votar el referendo porque lo cambiaron, lo desnaturalizaron.
Una fue la propuesta de Álvaro Uribe el 7 de agosto y otro
es el texto de la Ley 796, que aprobó el Congreso. Tres
hechos me permiten afirmarlo así: primero, salieron como
por arte de magia del proyecto de Álvaro Uribe, las propuestas
que tenían algún alcance político como el
congreso unicameral, la reducción del 40 por ciento de
las curules de ese nuevo congreso, la convocatoria a nuevas elecciones
parlamentarias, la reducción en un 50 por ciento del sueldo
de diputados y concejales y la supresión del servicio militar
obligatorio a partir del año 2005. Todo eso salió,
¿por qué? No hay constancia. ¿Qué
aparece como cosa política en el referendo? Más
y mejores auxilios. En en referendo no se erradican los auxilios,
por el contrario, se constitucionalizan. Todo el presupuesto será
un solo auxilio.
Por otro lado, desaparece la pérdida de investidura. Va
a ser casi imposible que el Concejo de Estado decrete la pérdida
de investidura, porque el referendo le introduce cuatro o cinco
cambios. Hoy la pérdida de investidura da lugar a la muerte
política de por vida.
El referendo dice que la muerte política no será
de por vida, que tendrá proporcionalidad y gradualidad
de acuerdo con la culpa que tenga el parlamentario. De manera
que hay que probarle culpa y hay que establecer muerte política
por seis meses o dos años.
Como tercer punto, creo que es muy bueno el umbral en la cifra
repartidora, pero entre otras cosas, la redacción del punto
sobre cifra repartidora no creo que la entiendan ni los ingenieros
que la concibieron hace ya varias décadas.
El planteamiento es bueno y válido en circunscripciones
numerosas pero, en las pequeñas circunscripciones, que
según el referendo, serán 20 para la Cámara
de Representantes, el umbral en la cifra repartidora revive lo
que en el país se llamó (en la década de
los 60) los feudos podridos, es decir, que una lista, sin necesidad
de obtener más del 50 por ciento de los votos, elige las
dos o tres curules. En la reforma de Carlos Lleras eso se sacó
de la Constitución y aquí lo estamos reviviendo.
Con el referendo no hay reforma política, hay contrarreforma
política. El referendo es regresivo, devuelve en varias
décadas, un proceso de modernización político
e institucional que el país venía adelantando, seguramente
no era exitoso en todos los casos, pero era un norte y aquí
lo reversamos. Es válido preguntarse cuál es la
necesidad de insistir en el referendo, si la reforma política
puede incorporar y mejorar la parte política del referendo.
Diez o doce preguntas del referendo pueden irse, mejoradas, para
la reforma política. Por otro lado, el ajuste fiscal ya
lo están haciendo por decreto; no había necesidad
de un referendo para ello."
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