| Vanessa, al final de cuentas
Fiesta en Chocó por el triunfo de Vanessa Alexandra en
Cartagena.
"Las negras siempre estamos de moda", respondía
con frecuencia la nueva reina.
Tiene 20 años, estudia Hotelería y Turismo y vive
en Medellín.
Por
Gloria Edith
Gómez
Beatriz Arango Sepúlveda
Cartagena
Lo primero que hará la nueva Señorita Colombia,
Vanessa Alexandra Mendoza Bustos, será ir a celebrar a
Quibdó, donde hubo fiesta la noche de su elección.
Luego tomará una panga que la lleve a Unguía, ese
pequeño pueblo donde todos saben quién es. Para
ellos no es la reina, es simplemente Vanessa. Basta preguntar
por ella, agregarle que es la hija de Liduvina y Abel, para que
la respuesta afirmativa incluya la explicación para llegar
a su casa. Así es en las poblaciones donde todos se conocen.
Allí, el dolor como el orgullo, se reparten por igual.
Hoy la distribución de orgullo y emoción es al por
mayor.
Su niña, la de Liduvina y Abel, la que sólo se
fue a vivir a Medellín hace tres años, la que no
ha perdido el acento, la de los 20 años, la que mide 1,72,
es Señorita Colombia, un nombre y un concurso que a ellos
les llega a través de tres televisores conectados a plantas
eléctricas.
Su historia no es la de una reina común. Vivió
hasta los 17 años en aquel pueblo olvidado, que no conoce
la electricidad. Llegó a Medellín a estudiar Hotelería
y Turismo porque le encanta viajar, conocer gente y lugares. Los
primeros días en Cartagena se le vió un poco tímida,
pero se fue creciendo a medida que pasaban los días hasta
convertirse en la nueva Señorita Colombia.
Siempre arriba
Muchos lo intuían, pocos los aseguraban, pero todos lo
comentaban. La belleza de Vanessa Alexandra no pasó desapercibida
para nadie en Cartagena.
Cada salida suya a pasarela levantaba una ola de aplausos, piropos
y gritos de "¡esa es, esa es!". Hubo quienes se
atrevieron a decir que no se llevaría la corona, pues en
Cartagena nunca gana la favorita del público. Sin embargo,
esta vez el mito se cayó para darle paso a una realidad
innegable. La negra chocoana es la mujer más hermosa de
Colombia y la que llevará con orgullo el nombre del país
y su departamento a Miss Universo.
Con su elección se cae también la creencia de que
el Concurso Nacional de Belleza es racista. Afirmación
que tomó forma cuando fue descalificada Adriana Riascos
de Valle. Desde que Vanessa Alexandra fue elegida Señorita
Chocó, en junio pasado, los medios y el público
la llamaron "Barbie Negra" por su estilizada figura
y su rostro de facciones delicadas.
Fue una de las pocas reinas naturales de esta versión,
lo que hizo más sencilla su preparación para Cartagena.
"Es una niña de belleza natural a la que simplemente
hubo que enseñarle a caminar en pasarela", aseguraba
desde el principio el diseñador antioqueño, Jaime
Arango, mano derecha de la nueva soberana, quien la preparó
y diseñó su vestuario. A Arango se le recuerda como
el hombre que descubrió y llevó a Cartagena a Paula
Andrea Betancur.
Ante la belleza de Vanessa no faltó quién dijera
que alguna cirugía debía tener, que no tenía
la clase suficiente o que las extensiones de cabello podían
restarle puntos. Ella no se amilanó. Tomaba fuerza y con
simpatía y carisma despejaba las dudas en pasarela.
El jurado calificador cumplió con su promesa de elegir
a la mujer que reuniera las condiciones para representar mejor
a la belleza colombiana, sin importar el color de su piel, el
vestuario y otros detalles similares. Vanessa también cumplió.
Dijo que durante un año tendría sobre su cabeza
la corona de Señorita Colombia. El tiempo empezó
a correr. Hoy es el primer día de ese soñado año.
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