En Barrancabermeja,
cuando apenas tenía 14 años, se colgó cuatro
preseas doradas. En Francia, en 2001, alzó con tres del mismo
metal. Y este año, en Bélgica, conquistó cuatro,
para así completar diez títulos mundiales en una cortísima
carrera internacional que inició en 1999 cuando compitió
en el Campeonato Nacional de Patinaje de Estados Unidos, donde les
dio sopa y seco a sus rivales, venciéndolas en cuatro pruebas,
justo en las cuatro que intervino.
La ex ajedrecista cartagenera, que es bachiller de un colegio para
niños precoces -como ella-, y futura sicóloga y quiere
ahora correr por la Liga de Bogotá, coronó otro año
exitoso ganando los 1.000 metros, los 5.000 relevos, los 500 velocidad
y el maratón, además de figurar tercera en los 300 contrarreloj
individual, en Ostende, Bélgica. Sus poderosas piernas fueron
fundamentales para que el patinaje de Colombia lograra el éxito
deportivo más resonante en el exterior, al titularse campeón
general de ese Mundial.
Aún siendo juvenil, la Chechi se mide sin complejo alguno y
de tú a tú con los mayores. Este año, como en
el pasado, vuelve a ser la mejor deportista del país en su
categoría. Tiene, además, un futuro asegurado en algún
equipo de marca de Estados Unidos o Europa.
La potente patinadora cartagenera ha encontrado en su padre el mejor
apoyo y siente, además, que en las pistas la acompaña
su madre, que murió prematuramente sin verla llenarse de oro.
Al triunfo de la Chechi Baena, se suma el del corredor pastuso Diego
Rosero, que cosechó igual mérito en la categoría
de mayores, lo que lo hizo el mejor del año.
Las dos medallas de oro en los mundiales (combinada y 10.000 metros
puntos), incluido un récord mundial que impuso luego de permanecer
intacto por 15 largos años, y la victoria sobre el monstruo
del patinaje, el estadounidense Chad Hedrick, lo ubica a la par de
la Chechi. El 2002 marcó una nueva era ya que se ganó
el título fuera del país. La satisfacción por
el deporte juvenil anda en patines de línea. |