El
Cauca, la muerte río abajo
Madres buscan a sus hijos desaparecidos en el Bajo Cauca antioqueño.
En Caucasia
denuncian desapariciones de jóvenes en los últimos
días.
Autoridades
investigan asesinatos de mototaxistas en la región.
Rearme de
paramilitares en Águilas Negras preocupa en la zona.
Esta es la
segunda entrega de serie Ríos de sangre. El Catatumbo, la
próxima escala.
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| Los chaluperos
y pescadores de Caucasia relatan que hasta hace poco veían
pasar tres o cuatro muertos juntos. Pero hace 10 años
eran 8 o 10. Desde el año pasado no veían muertos
tan seguido y ahora están empezando a pasar otra vez. |
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| “Tengo
en mi mente muchos cuerpos que amanecieron recostados en la
orilla, otros enredados en los trasmallos, otros bajando...”:
José Manuel Padilla. |
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| “Me vino
a la mente una imagen del día en que estaba con una
vecina y vimos pasar un muerto por el río. Le decía:
‘mijita, es que las personas no valen nada para que
terminen tiradas ahí”, relata Doris. Le asesinaron
a su hijo Néder. |
“Cálmese Doris. No
sabemos cómo decirle... Es mejor que no lo vea. Estaba
en Barranquillita. Por fortuna quedó atrapado en una
empalizada y en un remolino, y el cadáver no se fue.
Los chaluperos lo amararron. Está muy descompuesto,
muy hinchado. Lo mataron a puñaladas”
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| Néder
Yamith Brochero, mototaxista de 28 años, asesinado
el 21 de enero de 2007. |
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| Andrés
Felipe Pereáñez, de 23 años, desaparecido
desde el 20 de enero de 2007. |
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| Álex Albey
Arrieta Angulo, de 24 años, desaparecido el 14 de junio
de 2006. Sin rastros. |
| Ramón Isaza, ex jefe de
Auc del Magdalena Medio, reconoció que así lo
hacía. Las aguas pueden borrar las huellas, pero las
familias tienen memoria. Hoy, el Cauca. |
Por
Elizabeth
Yarce
Enviada especial, Caucasia
Río abajo venía el cadáver, de bluyín
y camisa beis. Por varias horas dio vueltas en un remolino y se
estrelló contra las rocas, hasta que varios chaluperos
lo pescaron. Lanzaron una cuerda y lo arrastraron con su canoa
a tierra firme.
-¿Es su hijo?- le preguntó uno de los pescadores
a una mujer de tez morena y baja estatura que se acercó
a reconocerlo.
-No- respondió ella en una orilla del río, en Nechí.
Los hombres desamarraron el muerto y con un palo lo empujaron
para que siguiera aguas abajo.
Los canoeros habían atado el cadáver a un palo
con una soga en la ribera, en la mañana del pasado 23 de
enero, tras ser advertidos por una amiga de la madre de que si
veían un cuerpo lo retuvieran porque tenía doliente.
De lo contrario, dijeron los chaluperos, nadie recoge un cadáver
en el agua.
-Empuje bien ese muerto, hermano, para que se lo lleve el río-
le dijo uno al otro. El cadáver quedó a la deriva.
Después no lo vieron más.
Dónde está
Doris Coronado se desplazó de Caucasia a Nechí,
en el Bajo Cauca antioqueño, en busca de su hijo Néder
Yamith Brochero, mototaxista de 28 años, desaparecido el
21 de enero de 2007.
Cuando descubrió que ese cuerpo en las riberas del río
no era el de su hijo, la madre descansó un poco. Pero después
se angustió más. "Dónde estará
el mío", preguntó.
Luego de caminar carreteras, recorrer el pueblo y hacer decenas
de llamadas y denuncias, Doris se aventuró a buscarlo en
los ríos Cauca y Nechí. Eso se hace en la región
cuando se cree que a un ser querido lo mataron y no aparece el
cuerpo por ningún lado.
"Mi corazón palpitaba. Se me vino a la mente una
imagen del día en que estaba con una vecina y vimos pasar
un muerto por el río. Le decía: 'Mijita, es que
las personas no valen nada para que terminen tiradas ahí,
muertas en un río. ¡Qué tal un hijo o un hermano
de uno en esas!... Me muero ahí mismo'", comentó.
La mujer sacó una foto de Néder. "Estaba así
de gordo. Trabajaba con una moto Bóxer roja hacía
cuatro años. Tenía dos niñas: Paula Andrea
y July Andrea, pero estaba soltero".
El domingo 21 de enero desapareció. Ese día lo
vieron trabajando por última vez en el centro de Caucasia.
Eran las ocho de la noche. "Yo estaba en Nechí. Llegué
a la casa el lunes al mediodía. Mi mamá (Marina
Coronado) me dijo que no había venido y empecé a
llamar a ver quién sabía", relato su mamá.
La madre supo que Néder estuvo primero en Puerto Santos
(a media hora de Caucasia) y que a las siete de la noche fue a
la vereda Caracolí, adonde una amiga.
Otro amigo suyo se lo encontró en el centro antes de las
ocho de la noche. Lo vio trabajando. Primero transportó
a una mamá con una bebé. Luego a un hombre. Esa
fue la última vez que lo vieron.
La abuela de Néder interrumpió: "él
siempre estaba aquí los domingos a las 8:30. No salía
casi. Me sorprendió que no estuvo para comer. Vine de la
iglesia y me acosté pensando en que estaba donde la mamá
de una de las niñas. Pero algo me hizo levantar en la madrugada
y me asusté al no verlo. Esperé a que amaneciera".
A Doris le entró el pánico. "Fui donde el
patrón de Néder, al hospital, a la Policía.
Llamamos a Cáceres, a Tarazá y otra vez a hospitales
y a la Policía". No aguantó más y empezó
a buscarlo por la carretera con la esperanza de encontrarlo porque
temió que hubiese sufrido un accidente en la motocicleta.
La mujer se fue a la vereda El Jardín. Nadie le dio razón.
Viajó por la vía a Ayapel y a La Apartada. Nadie
respondió. "Por esa zona ya habían matado a
un muchacho porque por acá andan en limpieza y hay varios
jóvenes del pueblo desaparecidos y están barriendo
hasta con el nido de la perra".
No pensó en ningún momento que a su hijo lo hubiesen
matado. "Era muy sano, pero aquí, como están
las cosas, uno no sabe. Por eso me estaba preparando sicológicamente
para lo peor".
Doris agotó todas las formas de búsqueda por tierra
y al final terminó averiguando por su hijo en el río.
"Es a lo último a lo que uno quiere llegar. Ahí
es cuando uno se imagina que su hijo definitivamente puede estar
muerto".
Doris le avisó a una amiga en Nechí para que les
dijera a los chaluperos por si veían pasar un cuerpo por
el río. También a los motoristas y pescadores de
Caucasia, por si veían algo en el río Cauca. El
martes 23 tuvo la primera razón de su amiga en Nechí.
Tras el viaje pensó: "gracias a Dios ese muerto no
es el mío".
La llamada
Miércoles 24 de enero. "Me levanté ese día
dándole gracias a Dios", dijo Doris y retomó
el relato del cuarto día de búsqueda de su hijo,
sin sospechar siquiera que hasta el 23 de febrero, en esa región,
54 personas estaban reportadas como desaparecidas ante la Fiscalía.
Por esa zona pasan y pasan los cadáveres que trae el río
Cauca. "Eso es a cada rato. Tres o cuatro. Ahora no es tan
frecuente como hace cinco años. Lo triste es que aunque
los pudieran recoger, los empujan para que sigan bajando".
Esa mañana, a Doris la visitó el dueño de
la mototaxi que conducía Néder y le advirtió
que habían encontrado el vehículo en Tarazá,
pero no a su hijo. Entonces se fue a buscarlo, mientras el resto
de la familia hizo lo propio en la cabecera y en las veredas de
Caucasia. Estaba en la búsqueda cuando recibió la
llamada de un familiar. Eran las 3:30 de la tarde.
"Doris, lo encontramos", le dijeron y por un momento
saltó de felicidad. "Cálmese Doris.
No sabemos cómo decirle... Doris, es mejor que no lo vea.
Estaba en Barranquillita (a 10 minutos del puerto de Caucasia).
Por fortuna quedó atrapado en una empalizada y en un remolino,
y el cadáver no se fue. Los chaluperos lo amararron. Está
muy descompuesto, muy hinchado. Lo mataron a puñaladas.
Es mejor que no lo veas, Doris", le dijo su hermano.
Ella colgó el teléfono y pensó en su hijo.
En cómo vio el muerto del día anterior, el que no
era suyo, y en cómo había visto muertos y más
muertos bajar por el río Cauca.
"Lo mataron por quitarle la moto, me explicó el patrón
de Néder. Me pregunto quién pudo hacer eso por una
moto que vale cuatro millones de pesos. Trato de acordarme de
cuándo fue la última vez que lo vi", dice Doris
y un silencio de segundos da paso a la respuesta.
"Como había corralejas en Nechí, él
me llevó en la moto ese domingo en la mañana. Recuerdo
que tenía una camisa color crudo y un bluyín. Ese
día se echó mucha gomina. Me dejó en el pueblo
y se fue a trabajar a Caucasia. 'Nos vemos el lunes, mamá.
Ahí cuadramos si yo la recojo', me dijo". No fue así.
Alguien se lo llevó a él.
Lo que por agua viene
El 25 de enero, a las cuatro de la tarde, enterraron a Néder
en el cementerio de Caucasia. Allí, Doris se encontró
con María, la madre de otro joven que desapareció
el sábado 20 de enero, pero al que vieron por última
vez antes de irse a El Bagre. "Se llamaba Andrés Felipe
Pereáñez. Le decían 'el chino' y tenía
más o menos la edad de mi hijo, 23 años", recordó
Doris.
Pese al dolor de enterrar a su hijo, Coronado dijo estar mejor
que María. "Esa incertidumbre toda la vida. Si yo
pené menos de una semana y casi me enloquezco, cómo
será ella que ya ajusta un mes sin rastro del muchacho,
pensando si está vivo o muerto, aunque es más lo
segundo que lo primero".
María Osorio comenzó la búsqueda de su hijo
el mismo día que Doris. Hasta hoy no hay rastro. "Parece
ser que se puso a discutir con Sebastián (jefe paramilitar
que no se desmovilizó en Caucasia). Pero nadie sabe bien
qué pasó", comentó un vecino suyo.
Según su hermano Jesús, "lo último
que supimos de él es que vino el sábado, se fue,
y nos llamaron luego a decirnos que se lo habían levantado
los de un Nissan rojo, en la Ocho".
En el puerto de Caucasia y en varios postes de la luz del pueblo
está pegada una fotocopia con la foto de Andrés
Felipe, teléfono y dirección.
Los motoristas y pescadores estuvieron pendientes por si veían
pasar un cuerpo como el que reclamaba la madre: de bluyín,
camiseta naranja, gafas y gorra. Pero hasta hoy no ha pasado nada.
"Si lo desaparecieron antes que al otro es fijo que también
lo tiraron al río. A estas alturas el agua ya se lo tragó.
El cuerpo boya hasta el tercer día. Después, olvídese.
Empieza a hundirse y eso se lo devoran los comelones (peces)",
explicó un chalupero que desde hace 37 años ha visto
bajar y también ha rescatado cadáveres.
"Néder apareció, porque estaba en la empalizada.
Pero de resto es muy difícil que lo encuentre. El último
muerto que vi en el río se lo aguanté el año
pasado a una señora de Medellín a la que se le ahogó
el hijo. Tenía un tatuaje y zapatos Nike. El olor es lo
peor. Uno encuentra de todo: cuerpos enteros, despedazados. Manos,
pies...".
Muertos de nadie
El pescador comentó que primero no podía recoger
los muertos. Estaba prohibido por orden de las autodefensas que
hacían presencia en Caucasia (bloques Mineros y Central
Bolívar, ya desmovilizados). "Hasta hace poquito,
uno veía pasar tres o cuatro muertos juntos. Pero hace
10 años eran 8 o 10. Desde el año pasado no veía
muertos tan seguido y ahora están empezando a pasar otra
vez", dijo el hombre.
Una noche amarró cuatro que estaban boyando. "Pero
recibí una razoncita: usted sigue recogiendo y lo tiramos
al río en un bulto de sal".
Desde ese momento nadie se atrevió a recoger muertos en
el río Cauca, en Caucasia. Tampoco en Cáceres, Tarazá,
El Bagre o Nechí.
"Las cosas se calmaron un poco ahora y cuando una familia
llama se retiene el cadáver.
Se amarra de un pie o una mano y esperamos a que lo miren. ¿No
es? Entonces se suelta. Si es, pues se llama a la Ley para que
venga y haga el levantamiento", explicó.
Una vez recogió a uno que no tenía doliente. "Me
cayó la ley (la Policía) a interrogarme.
Hasta le toca a uno el entierro y todo. Uno no puede cargar con
los muertos de este río. Ya hay varios que están
en fosas".
El hombre lamentó la situación. "Tengo en
la cabeza unas imágenes que me parecen de una película.
Una vez lanzamos el trasmallo y encontramos a una mujer con una
cesárea y degollada. Sin mentirle, la cuenta va por los
200 muertos que he visto pasar por aquí. Eso da un pesar".
Peor es encontrar en el río a un conocido. "Hemos
visto costales, porque una persona picada cabe en un bulto de
sal. Y con tristeza, me ha tocado recoger incluso amigos míos".
José Manuel Padilla, de 77 años, es uno de los
pescadores más viejos de Caucasia.
Ahora fabrica trasmallos para que los más jóvenes
pesquen bocachico y bagre, las mayores riquezas de los ríos
Cauca y Nechí.
"Lo de los muertos no es de ahora. Tengo en mi mente muchos
cuerpos que amanecieron recostados en la orilla, otros enredados
en los trasmallos, otros bajando, balanceándose, dependiendo
de cómo estuviera de crecido el río. Muchos iban
a mil y no se pudieron agarrar. La mayoría no los pudimos
coger por miedo a que le dieran a uno en la cabeza".
María continúa la búsqueda de Andrés
Felipe pero no es la única en Caucasia donde, según
denuncias de la comunidad, 18 jóvenes han desaparecido
este año, varios de ellos mototaxistas. Algunas madres
tienen fe en que sus hijos estén vivos.
Los casos los investiga la Fiscalía local, donde aumentaron
las denuncias por desaparición forzada en los últimos
días.
Siguen bajando
Janeth Angulo Polo, de 41 años, explicó que ya perdió
la esperanza de ver vivo a su hijo Álex Albey Arrieta Angulo,
de 24 años, desaparecido el 14 de junio de 2006.
"Han sido meses incansables. Estuve en los puertos de Palamar,
Margento, Nechí y aquí en Caucasia. De mi hijo,
nada".
El día de su desaparición tenía una sudadera
blanca impermeable, una camiseta del Boca Juniors y unos tenis
New Balance, y la última imagen de él fue cuando
se montó en una Libero Yamaha, de placas CEE 98B".
La moto no apareció. El joven tampoco. Janeth Angulo recorre
los ríos en su búsqueda.
"He visto ya tres cuerpos en el río y ninguno era
el de mi Álex. Oía que bajaba un cadáver
y allá me parqueaba a ver si de pronto. A estas alturas
debo resignarme aunque dicen que las madres no se cansan de esperar",
sostuvo mientras mostraba una foto de su hijo.
Era 12 de febrero de 2007. "En una semana mi hijo cumple
un mes de muerto", comentó Doris Coronado, que consolaba
a Janeth en el puerto de Caucasia. "Siempre cargo la foto
por si las moscas", le dijo Janeth.
Posteriormente se acercó a un chalupero y le preguntó
si habían bajado muertos la última semana. El hombre
le dijo que no. "Si lo tiraron aquí, no lo va a volver
a ver nunca.
Mire señora, a estas alturas el río ya se lo comió,
o un caimán, o qué sé yo, pero ya no, eso
sería un milagro".
Pese a que el río está bajito estos días,
solo se han encontrado doncellas, bagres y bocachicos, los únicos
muertos que quieren los pescadores en sus trasmallos.
Otra mujer, Rosalba Miranda, también de Caucasia, buscaba
a su hijo Jorge Iván Celis, de 26 años. Desapareció
en El Bagre el 29 de diciembre de 2006. La última vez que
lo vieron fue en un club nocturno en compañía de
un hombre alto, de sombrero.
Hace cuatro semanas en la quebrada Coroncoro (afluente del Nechí),
en el sector Las Margaritas de El Bagre, las autoridades encontraron
un torso humano. "Esperamos la prueba de ADN a ver si es
mi muchacho", lamentó Rosalba Miranda.
Doris Coronado se preguntó de quién sería
el cadáver que encontraron en Nechí, y que empujaron
río abajo el día que ella buscaba a Néder.
"Pobre mamá, yo lo ví. Ella no lo verá
nunca". Como tantas otras.
Rearme en Caucasia
Las autoridades de Caucasia investigan denuncias de la comunidad
sobre la presencia de hombres de las Águilas Negras, que
agrupa a miembros de las Auc que no se desmovilizaron y a desmovilizados
que desertaron del programa. De igual forma, investigan si los
ex jefes paramilitares de la región tienen alguna relación
con ese rearme.
El tema fue tratado en un consejo de seguridad, hace un mes y
la Fiscalía y la Sijín cuentan con varias denuncias
sobre desapariciones y asesinatos de 19 personas, pero no precisaron
quiénes son las víctimas. La situación se
repite en Cáceres y Tarazá, municipios del Bajo
Cauca antioqueño, donde los habitantes no escondieron su
temor.
Las autoridades locales solicitaron al Presidente de la República
aumentar el pie de fuerza en la región ante la presencia
de grupos ilegales.
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