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Jaime Pérez Munévar, enviado especial, Tierralta y Valencia |
En Tierralta, Córdoba, hace seis años fue desaparecido el líder embera katío Kimy Pernía Domicó, al frente de la oficina de la Fiscalía. A pesar de que cerca de mil autoridades indígenas realizaron durante 10 días una misión humanitaria para pedirle a Salvatore Mancuso que les informara su paradero, apenas obtuvieron silencio. Solo hasta enero de 2007 conocieron que el indígena fue asesinado y luego arrojado al río.
Jaime Pérez Munévar, enviado especial, Tierralta | En el corregimiento Frasquillo (Tierralta) aumentó el temor luego del asesinato de Manuel Olivares, de 20 años. El cuerpo fue encontrado en el agua.
Kimy y los muertos que se tragó el Sinú

No para de llenarse de nombres la lista de desaparecidos en Córdoba.

Después de seis años de búsqueda, los embera katíos se enteraron de que su líder fue lanzado al río.


Por
Elizabeth Yarce
Enviada especial, Tierralta y Valencia

Hace seis años lo enterraron en una fosa. Pero después, cuando supieron que la Fiscalía haría exhumaciones, sacaron los restos y los arrojaron al río Sinú.

Solo el 15 de enero de 2007, de boca de Salvatore Mancuso, ex jefe paramilitar, los indígenas embera katíos por fin supieron qué pasó con su líder Kimy Pernía Domicó, desaparecido en Tierralta (Córdoba) el 2 de junio de 2001. En esa fecha lo detuvieron hombres armados a media cuadra de la Fiscalía y lo transportaron en una moto por la única vía de salida del pueblo. No lo vieron más.

Al día siguiente de la desaparición, esa comunidad organizó brigadas de búsqueda, recorrió fincas, selvas y carreteras. Preguntaba: "¿dónde está Kimy?".

Los indígenas pidieron a los paramilitares que dijeran si estaba vivo o muerto. Solo hubo silencio. Viajaron al exterior a pedir solidaridad internacional porque no perdían la fe de encontrar al menos el cadáver. Ni eso ni los mensajes enviados por más de 40 organizaciones de derechos humanos de varios países sirvieron para obtener una respuesta.

La víctima era el líder que encabezó las movilizaciones de las comunidades indígenas del Alto Sinú, para defender "la dignidad, el territorio y la cultura de su pueblo" desde que comenzó a construirse la represa de Urrá, en 1995.

La confesión de Mancuso, con parte de la respuesta que ellos esperaban, fue en una versión libre ante la Fiscalía en Medellín. Su declaración precisó que el crimen lo cometió uno de los sicarios que "le pidió prestado Carlos Castaño para hacer un trabajo".

Pernía Domicó fue asesinado, según Mancuso, por John Henao, conocido como "H2", quien era cuñado y escolta de Castaño y quien también está muerto.

La incertidumbre terminó con la confesión pero no hay cadáver. Desde el 2 de junio de 2001 los líderes de los Cabildos Mayores del Río Sinú y Río Verde le exigieron al Gobierno y a las autoridades que adelantaran investigaciones para hallar a su líder. También le reclamaron a los paramilitares, en varias ocasiones, que informaran sobre la situación de Kimy, pero nunca recibieron información. Solo en enero pasado supieron la verdad.

Hoy los indígenas preguntan por otro de sus compañeros: "el 6 de marzo de 2001 fue abaleado y subido a una moto José Ángel Domicó (Buruchiro). Luego el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) nos informó que fue asesinado. Desconocemos el paradero del cadáver".

Lamentan que no haya cuerpo para despedir. "El cadáver es indispensable para hacer la despedida, la cual llamamos bewara, ya que solo de esta forma puede nuestro hermano descansar finalmente en el bâja. Solo así Yi Jaure encontrará el verdadero descanso".

La supervivencia del pueblo embera depende de los ríos. "El río (dó) da nombre a los lugares por donde pasa y crea las historias: Apartadó (río de plátano), Chigorodó (río de guadua), Chibugadó (río de abarco), Pavarandó (río de agua tibia). Son ejemplos". Las palabras fueron leídas por Kimy Pernía en el seminario ¿Para dónde va Urrá?, en 1999. Hoy está perdido en las aguas del Sinú.

Las cifras de la Fiscalía revelan que 948 personas fueron asesinadas o desaparecidas desde 2000 en Córdoba y no aparecen los cuerpos de más de 200.

De esta última cifra de desaparecidos, las autoridades tienen denuncias de que 150 casos se le atribuyen a grupos de autodefensa. Entre ellos está el de Kimy.

Según Luis Évelis Andrade, presidente de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic), "tirarlo al río significa querer ocultar la verdad y la memoria. Borrar toda huella para que no haya evidencia de lo que ellos han hecho. Parece que no le tienen miedo a la justicia y se justifican diciendo que lo mataron porque, a su parecer, él era guerrillero".

Andrade viajó esta semana a Canadá y pidió apoyo internacional. Considera que aún se quiere justificar la muerte de Kimy y empañar su nombre. No solo es ese caso. Las autodefensas, dice, están justificando sus muertes y acusan a las víctimas de ser guerrilleras. "¿Eso es verdad? Entonces, que la justicia sea la que lo pruebe. Pero matar y desaparecer no tiene justificación alguna".

Comer callado
En Tierralta, donde desapareció Kimy, la gente dice que muchos de los muertos y desaparecidos de la región en las últimas dos décadas terminaron en el río Sinú.

En esa localidad habitan 80.000 personas, de las cuales 45.000 están en sus 28 corregimientos.

El municipio fue un santuario de las autodefensas y, en consecuencia, escenario de enfrentamientos constantes con la guerrilla de las Farc, que antes de la llegada de los paramilitares tuvo también allí su bastión, el mismo por el que hoy vuelve a disputarse el control territorial.

"Fue peor cuando estaban los paras en su apogeo (bloques al mando de Salvatore Mancuso y de Diego Murillo, alias don Berna) y mucho más cuando se metía la guerrilla -recuerda una mujer del pueblo-. Hubo días, incluso en uno solo, que bajaron 50 muertos (en los años 90) después de masacres como las de Saiza".

En la vereda Santa Fe de Ralito de Tierralta nació el proceso de negociación del Gobierno con las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), que terminó el año pasado con la desmovilización de cerca de 32.000 de los combatientes. La paz no ha llegado y los muertos siguen flotando en el río.

"Ahora se llaman Traquetos y su jefe es alias Cobra", precisa un habitante. A ese grupo pertenecen paramilitares que no se desmovilizaron y otros que sí lo hicieron pero desertaron del programa.

También llegaron las Águilas Negras que, igual que los Traquetos, se dedican a atracar, a desaparecer gente, a mover el negocio del narcotráfico y a asesinar. Así los describen las fuentes consultadas.

"Ha habido desaparecidos y muertos desde el año pasado. Ninguno habla mientras esa gente (paramilitares) siga aquí", dice un hombre que se alista para abordar el planchón que cruza el río.

Un viejo habitante de Tierralta relata que río Sinú arriba, en la vía al Banquito, llevaban la gente, la torturaban, la mataban y la tiraban al agua. "Aquí hay un silencio obligado que es sinónimo de vida".

Humberto Santos Negrete, alcalde municipal, también se queda mudo sobre los asesinatos y desapariciones de personas que luego fueron arrojadas al río. "De eso no voy a hablar", responde. Atribuye los casos de los últimos días (20 asesinatos en enero y febrero) a enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes.

Otros habitantes no ocultan el miedo. A Mery Cuyo hace 11 años el río le quedaba lejos de la casa que cuida de vez en cuando, la del difunto Rafael Negrete. Pero hoy está a punto de metérsele a la sala. Por eso cuando pasa un cadáver el mal olor la alerta.

Los muertos del Sinú son de toda la vida. Pero ahora ella está preocupada por otras cosas: los paracos roban, atracan, no se puede dejar nada afuera de la casa porque se lo llevan y la gente se va a dormir, a más tardar, a las diez de la noche.

Según dice, cuando estaban los hombres de Mancuso (antes de desmovilizarse) "era pura paz". Ahora siente que fue peor el remedio que la enfermedad.

Daisy Rojas tiene el río a cinco kilómetros de su casa. A ella le llegan los rumores de que los paras "vienen con maldad" y ya asesinaron gente en las veredas. "En Crucito (a media hora de Tierralta, cerca de la represa de Urrá) mataron a dos y los tiraron al río".

El pasado 15 de febrero las autoridades militares dijeron no tener conocimiento del caso cuando fueron consultadas sobre los hechos. Pero dos días después fue hallado uno de los cuerpos, baleado. Al día siguiente apareció otro. ¿Quiénes eran? Las autoridades guardaron silencio.

Flotando
A una hora de la cabecera de Tierralta está Frasquillo. Se trata de un puerto en la parte alta de la represa de Urrá donde la mayoría de habitantes vive de la madera y algunos de lo que da la coca.

Desde que se construyó el embalse el río es aun más quieto que antes. Dada la mansedumbre de las aguas encerradas, los muertos que bajan permanecen flotando más tiempo.

Aunque hace cinco años la cantidad de muertos arrojados al río y a la represa disminuyó, el miedo está de vuelta. El pasado 10 de diciembre, a las dos de la tarde, apareció flotando el cuerpo de Leonardo Manuel Olivares Doria, de 20 años. Conducía un Johnson (lancha).

Unos hombres lo habían contratado en la mañana para hacer un recorrido desde Frasquillo hasta El Cuarenta. En la tarde encontraron el cuerpo.

El padre de la víctima, Hernán Olivares, es lanchero en el río Sinú hace más de 30 años. Él halló a su hijo en la morgue del hospital. Acababan de sacarlo del agua.

"Era el segundo, soltero, bastante humilde, por eso trabajaba de sol a sol -dice Olivares sobre su muchacho-. Había salido temprano, animado, con ganas de buscar futuro y me llamaron a las tres de la tarde a reclamarlo. Duele tanto. No quiero que le pase a nadie".

Con las fieras
El Sinú nace en el nudo de Paramillo y desemboca en el mar Caribe, en jurisdicción de Córdoba. En el nacimiento se encuentra un parque natural rico en especies: el oso de anteojos, el tigre (jaguar), el tigrillo, la danta, el águila arpía, el caimán y el ñeque (mico).

En esa selva y sus alrededores siempre habitó el miedo: allí se han librado los más cruentos combates entre paramilitares y guerrilleros, en límites entre Córdoba y Antioquia. En medio han quedado cientos de campesinos e indígenas.

La guerra ha dejado creencias en la región y muchos no distinguen si es mito o realidad. Un habitante de Tierralta relata que los tigres que las autodefensas tenían enjaulados en el nudo de Paramillo se comieron a un joven de Frasquillo. "A otro -agrega- lo echaron a un caimán, cerca de la represa de Urrá".

Yenny*, quien también vive en Tierralta y es hermana de un joven desaparecido en 1996, no creía que los paramilitares mataban gente con motosierra y después la tiraban al río, empacada en costales. "Resultó ser verdad. Entonces, ¿por qué no me puedo creer lo del tigre?".

A su hermano lo sacaron por la noche de la casa y después se corrió el rumor de que lo tenían en el Paramillo. "Luego un señor nos dijo que nos resignáramos, que estaba en el río". Al igual que en otros casos, siente que la inseguridad crece otra vez. "Están amenazando a las familias de desaparecidos que denuncian los casos".

Sabe que es difícil encontrar los restos de su hermano en el Sinú. No puede decir su identidad, pero les pide a los paramilitares que hagan una lista de los desaparecidos y digan cuáles tiraron al agua, cuáles están enterrados o qué más pudieron hacer con los cuerpos.

Tierra y agua
En el municipio de Valencia -limítrofe con Tierralta- hay cerca de 300 denuncias de desapariciones forzadas, algunas de las cuales datan incluso de antes de 1990.

Allí, desde 1989, la gente guarda la imagen de cuando un grupo conocido como "los tangueros" fue de discoteca en discoteca y se llevó a 50 personas. Aún hoy no se sabe de ellas, relata el personero local José Gómez Ramos.

La gente se acostumbró a no denunciar. Ahora, con el desarme y con la aplicación de la ley de Justicia y Paz a los ex militantes de las Auc, hay posibilidad de hacerlo y cada día se conoce la existencia de hasta 10 desaparecidos. "¿Dónde buscarlos?, es la pregunta".

Según el funcionario, a diferencia de otras poblaciones ribereñas del Sinú, en Valencia se cree que los desaparecidos están enterrados en fosas y solo unos pocos fueron lanzados al río.

En eso coinciden habitantes del pueblo: "siempre se amenazó con el cuento de que al que se lo llevaban tenía que cavar su propia tumba y, si el espacio era muy chiquito, lo hacían caber".

Los lugareños aseguran que en la finca Las Tangas, de más de 1.000 hectáreas, en el corregimiento Villanueva, de Valencia, hay decenas de cuerpos y otros se los llevaron para el lado de San Pedro de Urabá, en Antioquia.

"Aunque hay gente a la que tiraron al río después de desenterrarla, los muertos que hemos visto en el agua son de otros pueblos". Pasan cadáveres y no se sabe de dónde vienen o a dónde van a parar. Así ocurrió con Kimy, a quien sus hermanos no han podido despedir.

*Nombre cambiado por seguridad de la fuente

 


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